Uno de los dueños de la disco Kiss intentó suicidarse en el hospital

Un policía evitó que Elissandro Spohr se ahorcara con una manguera en el baño de un centro médico cercano a Santa María; son 235 los muertos
Un policía evitó que Elissandro Spohr se ahorcara con una manguera en el baño de un centro médico cercano a Santa María; son 235 los muertos
Alberto Armendáriz
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31 de enero de 2013  

RÍO DE JANEIRO.- Agobiado por su responsabilidad en el incendio de la discoteca Kiss en Santa María, uno de los dueños del local, Elissandro Spohr, intentó suicidarse ayer mientras estaba bajo vigilancia policial en el hospital donde se encuentra internado por la intoxicación que sufrió el día de la tragedia que dejó 235 jóvenes muertos.

"Usó una manguera de la ducha. Un policía percibió su intención y se lo impidió. Dice que no tiene más ganas de vivir, que no puede cargar con esta tragedia en las espaldas", señaló la comisaria Lylian Carús, de la ciudad vecina de Cruz Alta, donde Spohr se encuentra internado desde la mañana del domingo.

Desde el lunes a la tarde, las autoridades habían ordenado la prisión preventiva de Spohr, de 28 años, en el hospital Santa Lucía de Cruz Alta, donde comparte habitación con su esposa embarazada, que también presenta problemas respiratorios como consecuencia de la humareda tóxica del incendio.

También en prisión preventiva se encuentran el otro propietario del local, Mauro Hoffman; el vocalista de la banda Gurizada Fandangueira, Marcelo dos Santos, que habría iniciado el fuego con una bengala que lanzó y alcanzó el techo, y el productor del grupo musical, Luciano Leão.

"Justicia para todos", exigía ayer un grafiti escrito sobre la fachada de Kiss por unos jóvenes que a través de los techos lograron burlar el cerco policial.

Después del shock inicial y el posterior luto, el ambiente ahora en Santa María es de rabia hacia los miembros de la banda, los encargados de la discoteca y las autoridades locales por no haber fiscalizado las medidas de seguridad en el lugar.

La investigación de la policía civil del estado de Rio Grande do Sul, a cargo del comisario Marcelo Arigony, resaltó una larga serie de irregularidades en el local luego de escuchar los testimonios de sobrevivientes: una sala superpoblada más allá de su capacidad para 690 personas, una salida de emergencia demasiado estrecha, la ruta de evacuación mal señalizada, extinguidores de fuego que no funcionaban y las ventanas de los baños selladas.

A todo esto se le sumó el uso de efectos pirotécnicos como el de Gurizada Fandangueira en un lugar cerrado.

También la denuncia de la ex gerente de Kiss Vanessa Vasconcelos, que señaló que Spohr solía mandar retirar los matafuegos de las paredes por cuestiones estéticas.

"Creía que quedaban feos y los ordenaba sacar. Sólo los colocaba cuando había alguna inspección o cuando pensaba que lo iban a inspeccionar", acusó Vasconcelos, que trabajó en la discoteca hasta diciembre pasado y perdió en el incendio a su hermana.

Vasconcelos también declaró a las autoridades que Spohr había rebajado el techo del local después de varias quejas vecinales por ruidos, y que solía hacer reformas internas sin autorización ni revisión. Casi el 90% de las víctimas mortales del incendio murieron asfixiadas por el humo tóxico que desprendió la espuma aislante acústica instalada en el techo del local.

Ayer, en tanto, las autoridades sanitarias indicaron que la cifra de internados por la desgracia subió a 143 personas, luego de que muchos jóvenes buscaron asistencia en las últimas horas por presentar síntomas de neumonitis química, como se llama a la intoxicación por humo.

"Éste es un problema frecuente. Días después de un incendio, algunas personas se quejan de dificultades para respirar y muchas de ellas deben ser internadas", explicó Neio Pereira, vocero del Sistema Único de Salud brasileño.

Además, ascendió a 235 el número de muertos, luego de que un joven universitario hospitalizado con quemaduras graves, Gustavo Marques Gonçalves, de 25 años, murió anteanoche.

Su madre, Eliane, ya había enterrado el lunes a su otro hijo, Deives, de 33 años, también víctima del trágico incendio.

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