
Yeltsin se inclinó ante el zar
Durante la ceremonia, el presidente ruso calificó el asesinato del último monarca como "una de las páginas más vergonzosas" de la historia rusa y afirmó que el funeral "simboliza la unidad del pueblo y la expiación de la culpa común"
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SAN PETERSBURGO.- En medio de plegarias y el aroma del incienso, y ochenta años después de un asesinato que conmovió al mundo, Rusia sepultó ayer oficialmente a su último zar en una sombría ceremonia que, según el presidente Boris Yeltsin, fue la redención de "una de las páginas más vergonzosas de nuestra historia".
Ratificando el cambio histórico que implicaban sus palabras, Yeltsin fue categórico: "Inclino mi cabeza ante las víctimas de un asesinato despiadado", dijo frente a los nueve féretros que contenían los huesos de Nicolás II, su esposa, tres de sus hijos, tres empleados y el médico de la familia, todos fusilados el 17 de julio de 1918 por los bolcheviques.
"La muerte a balazos de la familia Romanov es el resultado de una división incomprensible en Rusia entre Ônosotros´ y Ôellos´. Los resultados de esta división pueden ser vistos aún ahora", expresó Yeltsin ante familiares del zar, embajadores y funcionarios que asistieron a la ceremonia.
Los funerales del zar y su familia, cuyos restos fueron descubiertos en una tumba en un bosque cerca de Ekaterimburgo en 1991, han desatado una feroz controversia entre políticos y dentro de la Iglesia Ortodoxa.
Apenas anunció Yeltsin que volaría hacia San Petersburgo para asistir a la ceremonia, diputados comunistas condenaron su decisión, diciendo que el zar había sido un autócrata brutal y que la asistencia del presidente dividiría a la sociedad.
Funcionarios dijeron con anterioridad que Yeltsin permanecería alejado debido a la posición de la Iglesia Ortodoxa, dividida también en torno del legado de los líderes zaristas y comunistas de Rusia, a quienes ha estado tradicionalmente subordinada.
Dirigentes de la Iglesia, que tienen influencia considerable en la Rusia poscomunista, se habían negado a presidir la ceremonia, citando dudas sobre la identidad de los huesos.
Al decidir asistir a la ceremonia, Yeltsin se arriesgó a perder el apoyo moral de la Iglesia, pero obtiene un importante vínculo simbólico con una rica historia interrumpida por 70 años de gobierno comunista.
Un acto de justicia
"Enterrar a las víctimas de la tragedia de Ekaterimburgo es un acto de justicia humana, un símbolo de unificación en Rusia y redención de culpabilidad común", señaló el mandatario durante la ceremonia. "Culpables son quienes cometieron ese horrendo crimen y quienes lo justificaron durante décadas, todos nosotros."
Yeltsin, de 67 años, tenía aspecto fatigado ayer al asistir al entierro. Al bajar del avión, perdió el equilibrio y debió sostenerse del brazo de su esposa. Después estuvo sentado y sólo se levantó cuando el féretro de Nicolás II fue enterrado en la cripta.
Yeltsin -que ocupó diversos cargos dentro del Partido Comunista antes de desechar el régimen comunista en 1991- ejecutó una orden de destruir la casa donde el zar y su familia fueron asesinados, cuando era jefe regional del partido, en 1977 .
La orden fue emitida para tratar de borrar al zar de la memoria popular.
"En el caso de la memoria histórica de la nación somos responsables por todo. Y por eso no podía haber dejado de asistir, como ser humano y presidente", indicó.
Yeltsin saludó a Nikolai Romanov, considerado por muchos jefe de la familia que gobernó durante 300 años, cuando entraba en la catedral, y después del servicio se inclinó ante la tumba.
Un saludo de 19 cañonazos se oyó cuando el féretro de Nicolás era bajado a la tumba, en un triste recuerdo del pelotón de fusilamiento que disparó a la familia en un sótano en la ciudad de Ekaterimburgo, en los montes Urales, durante la guerra civil entre los bolcheviques y seguidores del zar.
Los emperadores solían recibir un saludo de 21 cañonazos, pero Nicolás había abdicado al trono ante las protestas populares.
Junto a su féretro colocado en una capilla lateral de la catedral se encontraban los de su esposa Alejandra y sus hijas Olga, Tatiana y Anastasia.
La catedral fue el lugar de entierro de los emperadores rusos desde que murió Pedro el Grande, en 1725.
Los ataúdes con los restos de tres empleados y el médico de la familia fueron colocados debajo de ellos.
Los huesos de dos hijos, el zarevich Alexei y su hermana María, todavía están desaparecidos.
Alta certeza
Pruebas de ADN practicadas en Rusia y en el exterior confirmaron la identidad de los restos en 99,9 por ciento de certeza, pero la Iglesia Ortodoxa, que se dividió después de la revolución, alega que los restos verdaderos están en una iglesia en Bélgica.
Políticos de la oposición, incluyendo comunistas, se basaron en las dudas de la Iglesia como una razón para no asistir a los funerales, aunque algunos cambiaron de opinión cuando escucharon que Yeltsin iría.
El sacerdote local, asignado en una medida de compromiso por dirigentes de la Iglesia para presidir los funerales en su nombre, no mencionó las identidades de quienes fueron sepultados en la ceremonia y, en su lugar, se refirió a todas las víctimas inocentes de la revolución, agregando "Tú, Señor, sabes sus nombres".
Las autoridades de la ciudad que fundó Pedro el Grande, llamada la Venecia del Norte debido a su elegancia, se quejaron de que Moscú no envió fondos para los funerales.
Yeltsin dixit
- "Durante años hemos silenciado este crimen monstruoso, pero hay que decir la verdad: la carnicería se convirtió en una de las páginas más vergonzosas en nuestra historia."
- "Al enterrar los restos de los inocentes asesinados queremos expiar el pecado de nuestros antecesores."
- "Al nombre de los Romanov están vinculadas páginas gloriosas de nuestra historia."
- "Estamos obligados a finalizar el siglo, que para Rusia ha sido un siglo de sangre y arbitrariedad, con el arrepentimiento y la reconciliación, independientemente de orientaciones políticas, religiosas y étnicas."
- "Todos nosotros somos culpables: uno no se puede mentir a sí mismo y explicar con fines políticos la crueldad sin sentido."


