100% Burbujas

Un espectáculo poético con agua y jabón
Juan Garff
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6 de abril de 2012  

Autor e intérprete: Javier Urbina / Música: Luis López de Segovia / Diseño de luces: Adrián Tudela Marcos / Producción: Cia. Made in Japón / Sala: El Cubo, pasaje Zelaya 3053 / Funciones: Sábados y domingos, a las 16.

Nuestra opinión: muy buena

Las burbujas se inflan, se elevan, explotan y caen en forma de llovizna de jabón. Una y otra vez. O se montan una sobre otra, formando torres escalonadas. O bien se introducen unas en otras, se llenan de espuma, absorben objetos. Incluso las más grandes se tragan a personas enteras, cual criaturas misteriosas provenientes de otros mundos. Las variaciones son infinitas. Y aunque todo se reduzca a nada más que espuma, las burbujas vuelven a convocar a la fascinación con sus movimientos ondulantes, sus reflejos tornasolados y su vida efímera, pero intensa.

Cual prestidigitador, el español Javier Urbina genera las burbujas de modo tal que parece ser simplemente un maestro de ceremonias que cede el protagonismo a las pompas de jabón. Merlín silencioso, malabarista del movimiento lento y elástico de las esferas brillantes, las deja libres para que se eleven, las monta en construcciones casi psicodélicas o las invita a bailar un vals entre ellas.También podría considerárselo un chef de cocina preparando exquisiteces con un único ingrediente.

En verdad no hay más trama que el artilugio de cada número-escena de 100 % Burbujas, pero siempre queda abierta la imagen a la fantasía, como cuando uno observa las nubes en el cielo.

Las luces contribuyen a resaltar el espectro de colores que se reflejan y se refractan en las superficies de jabón. También la banda de sonido es un sostén importante para la continuidad del show sin palabras. Pero el volumen excesivo conspira contra la sutileza del espectáculo y le quita espacio en lugar de proyectarlo a una dimensión mayor.

Más allá del récord Guinness registrado por Urbina por realizar la cadena de burbujas de jabón más grande del mundo, lo que genera no es sólo la admiración por la técnica perfeccionada del antiguo juego de soplar burbujas, sino la poesía que emana de esa misma disposición a lo lúdico ampliada con una gama de recursos que no parecían caber en la sencilla combinación de aire y jabón.

El show de burbujas llegado de España, mucho más real y apreciable que las burbujas económicas que no dejan nada más que deudas al explotar, termina con el escenario salpicado de agua jabonosa, con Javier Urbina saludando sin la compañía de sus esféricas artistas. Pero quedan grabadas en la retina y la memoria de los espectadores.

Por: Juan Garff

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