
Arturo Goetz: un actor fundamental del nuevo cine argentino
Murió uno de los actores fundamentales del cine argentino del siglo XXI. O, si prefieren, del "nuevo cine argentino". Arturo Goetz comenzó a actuar en cine a los 54 años (con La nube, de "Pino" Solanas) y si bien participó en algunas otras películas (por ejemplo, Cómplices), hasta 2004 no obtuvo roles protagónicos. Pero en la última década fue una presencia habitual, solvente, cálida incluso cuando lo tocó hacer de personajes sin bondad en muchas películas. Su momento consagratorio se produjo cuando interpretó al doctor Vesalio en la perturbadora La niña santa, de Lucrecia Martel (2004), y al entrañable y memorable doctor Bernardo Perelman, en Derecho de familia, de Daniel Burman (2005).
Luego aportó actuaciones fundamentales y protagónicas en las dos primeras películas de Pablo Fendrik: las ásperas El asaltante y La sangre brota. Pero entre los demás muchas otras, hizo casi tres por año en la última década hay otro papel sobresaliente, destacable, en una película que fue menos exitosa de lo que merecía: Rompecabezas, de Natalia Smirnoff. En esa película, también protagonizada por María Onetto (María del Carmen) y Gabriel Goity, Goetz era Roberto, un millonario con el hobby de armar rompecabezas. La llegada de Roberto a la vida de María del Carmen generaba aire, cambios, vida: no era para menos, los modos aristocráticos de este señor amable y radiante iluminaban cada secuencia, le daban una vibración especial a una película de evidente solidez. No es fácil hacer estos personajes, tal vez solamente gente con clase y con mundo los puedan hacer tan bien, con tanta naturalidad.
Goetz era un señor singular, y no solamente por haber ganado premios de ambientes distintos, como un Cóndor de plata (mejor actor de reparto por Derecho de familia) y la distinción al mejor actor en el Bafici (por El asaltante). Goetz era, como dice Santiago Llach en el sitio Bastión Digital, "un hombre multitarget". Fue economista, recibido en la UCA, estudió en Oxford, trabajó en la ONU, en Suiza y vivió también en Roma. Volvió al país, asesoró empresas, se dedicó al campo y en algún momento de los noventa se decidió a ser actor, decisión que el cine argentino debería agradecer. Cuando lleguen los estrenos que ahora serán póstumos de Bolishopping, de Pablo Stigliani, y Ciencias naturales, de Matías Lucchesi, tendremos la oportunidad de reencontrarnos con Goetz en la sala de cine.
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