
A favor de los dragones, lo onírico y la distorsión
De Barcelona al Palais de Glace, Ciruelo muestra su trabajo
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"Me conocen como Ciruelo desde los 11 años, y dejémoslo ahí", dice –amable pero terminante– uno de los artistas más reconocidos del arte fantástico ( fantasy art ). En pos de la precisión, no sería difícil averiguar su nombre, pero mejor dejarlo ahí; en el misterio, junto a sus dragones, amazonas, guerreros y mundos imaginarios como la Tierra Media de Tolkien.
Argentino, residente en Barcelona desde hace veinte años, sus pinturas tienen antecedente en el pop gótico de Moebius, Frank Frazzetta y Roger Dean; se remonta a los prerrafaelistas o las criaturas de William Blake y El Bosco. Ciruelo ha ganado prestigio internacional con sus dibujos para revistas, posters, animaciones en 3D, tapas de discos de músicos como Steve Vai y hasta encargos del cineasta George Lucas, con quien posiblemente colabore en la secuela de la película Willow . Ahora, desde mañana, el Palais de Glace presenta El señor de los dragones , una muestra de su obra.
"Desde mi más tierna infancia estuve interesado en lo fantástico", reflexiona Ciruelo, cuyo bestiario se distingue por las pinturas de dragones como figura predominante. A esta especialidad le valió el reconocimiento de la industria del espectáculo, que culminó en la creación de la película George And The Dragon , aún no estrenada. "También el dragón fue protagonista en varios de mis libros", agrega Ciruelo, para el que el dragón es una figura simbólica de la cultura ancestral.
"Lamentablemente, se suele relacionar el dragón con las fuerzas del mal, algo que no hace más que producir miedo, y eso nos está destruyendo –opina–. Yo lo rescato como lo que es: una energía presente en todas las culturas ancestrales. Aunque se identifica el dragón como icono celta, los sumerios lo conocieron como una serpiente alada y los precolombinos como el quetzalcoatl. Representa la tierra, lo material, y forma un balance de energías con el unicornio en la cultura celta, el venado azul de los precolombinos y el tigre del Lejano Oriente."
Ocurrencia en los Andes
El inconsciente del mundo, la fantasía, está representado en el arte de Ciruelo. "Nuestra personalidad está formada por las cosas que no vemos, pero que están presentes cotidianamente, por ejemplo en los sueños. Y cotidianamente necesitamos tener contacto con esa parte del alma", reflexiona Ciruelo, que al hablar se entusiasma, suele irse por las ramas y regresar con una idea interesante. "Esto se manifiesta en los chicos. Rescato su sabiduría, que es infantilismo con mayúsculas. Creo que a lo largo de nuestra vida involucionamos. A los adultos, el realismo nos recorta las alas y hace que no recordemos los sueños."
Su pasión es ilimitada. En 1985, tras escalar los Andes, Ciruelo regresó con una rara piedra que, pensó, sería buen regalo para un amigo español. Antes de entregársela, quiso escribir en ella una dedicatoria con tinta. Y este accidente derivó en un nuevo hobby: los petropictos, animales y seres mitológicos dibujados en piedras como esculturas. Parecen asombrosas figuras talladas, pero son sólo dibujos que ponen de manifiesto algo que las piedras resguardan como un negativo.
"Con pocos trazos logro un efecto tridimensional –explica sobre sus petropictos, que se exponen y venden en galerías de Europa–. Pero a diferencia de las pinturas, no me considero el autor de estas obras. Soy un canal; existe un diálogo entre la piedra y yo. Muchas personas lloran al verlas; no por mi trabajo, sino porque reconocen que tienen la misma habilidad. Después, ellos también ven cosas. Su percepción cambió para siempre."
Ciruelo agrega que ve formas en todas las piedras, aunque algunas son especiales. "Yo no puedo evitarlo y es casi un karma –sonríe–. Si voy a correr a una montaña y veo una piedra con cabeza de animal, no puedo dejarla en el suelo. Regreso a levantarla y me la llevo a casa."
Quizás como consecuencia de los petropictos, actualmente Ciruelo manifiesta un mayor interés por retratar escenas de las culturas precolombinas, tiznadas por su arte fantástico. Todo eso se verá en la muestra. Incluso, un video donde admite que a menudo no reconoce los colores. "Yo soy absolutamente daltónico –exclama–. Cuando digo esto genero todo tipo de comentarios graciosos, aunque para mí esto era algo trágico. Me marcó toda la vida. Los colores claros y los oscuros se me mezclan y no sé qué le llega a la gente de mi obra. Pero digamos que no veo la realidad como la mayoría de la gente. Porque veo otros colores, o los veo distorsionados."
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