
A puro tango, reabre sus puertas Caño 14
Ahora en Recoleta, el legendario local busca consolidar y ampliar un merecido prestigio logrado luego de tres décadas
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Caño 14 reabre sus puertas, después de un largo silencio. El que fue un santuario tanguero durante varios años, primero en la calle Uruguay, luego en Talcahuano al 900, se muda ahora a Recoleta, en Vicente López 2134.
Allí afrontará su tercera etapa como local comercial y también como un desafío artístico.
Puede ser que hoy, para muchos, el nombre de Caño 14 no signifique gran cosa. Para otros, en cambio, es un título consagrado, un sello, el templo que durante años reunió a los mejores exponentes de nuestra música ciudadana.
Tal vez sólo comparable en esto al Viejo Almacén, el Caño tuvo siempre un sabor distinto, de mayor familiaridad y hasta de cierta intimidad para la práctica ritual del tango. En eso favoreció, sin duda, hasta las características físicas de los viejos locales, primero el pequeño de la calle Uruguay y luego el mayor de Talcahuano 975.
Pero no era solamente una cuestión de espacio. Sus propietarios de entonces, el músico Atilio Stampone, el ex crack de San Lorenzo y del seleccionado nacional Rinaldo Martino y Vicente Fiasche, brindaban su hospitalidad permanentemente.
Ahora, Marcial Ricardo Ríos, nuevo director y copropietario de Caño 14, no ignora lo que significa haber heredado semejante pasado.
"Por amor a Buenos Aires", define este intento de reflotar el templo, ahora en Recoleta, quizá más afín con los nuevos tiempos que corren.
Con los nervios propios de un actor en la noche del estreno, Ríos ultima cada detalle, final de obra.
Para el inicio de la tercera etapa del Caño fueron convocados los cantantes Alba Solís, Raúl Lavié y Alberto Podestá, el propio Stampone -ya desvinculado comercialmente de la empresa-, Carlos Buono y su orquesta, y los Dinzel, que serán los directores artísticos. El local, además, tendrá su propio cuerpo de ballet.
El escenario que tuvo una vez "Frente a frente" a Pugliese y Stampone con sus orquestas, enfrenta ahora sin temor el desafío. El nuevo Caño 14 pretende mantener y am-pliar ese prestigio. Su director, Marcial Ríos, así lo dice, mientras de reojo no deja de atender hasta el piano que están afinando.
Amistad
Un vínculo estrecho unió por años al viejo Caño con esta Redacción. Muchas jornadas laborales culminaron allí, merced a las generosas invitaciones de los secretarios de turno Enrique Ardissone, Héctor Masquelet, Manolo Franco, Carlos Nachón y José Barcia. Testimonio de amistad es "Mi amigo Cholo" y "Mi amigo Pepe", tangos que Stampone dedicó a Ardissone y a Barcia, respectivamente
Un sueño realizado
Por Atilio Stampone
Caño 14 comienza a proyectarse, allá en los comienzos de la década del 60, en el entusiasmo y la pasión que caracterizaban a quienes nos reuníamos para charlar y disentir sobre los problemas que aquejaban a nuestra música popular. En ese tiempo no existía un local que se dedicara enteramente al tango.
Los que formábamos ese grupo comentamos el tema con Aníbal Troilo, y fue el genial Gordo, con su gran bondad, el que nos dijo: "Juéguense y cuenten totalmente conmigo". Entonces, Fiasche, Martino y yo tomamos la decisión y en marzo de 1962, en la calle Uruguay, se abre un local que se llamó Caño 14. Era un lugar pequeño, con capacidad para 100 personas, que comienza a llenar la noche de Buenos Aires con música de tango.
Su primer elenco fue el Cuarteto de Aníbal Troilo con Roberto Grela; Enrique Francini con Héctor Stamponi; Horacio Salgán con Ubaldo De Lío. Los cantantes eran Marcelo Paz y Ruth Durante, y con la apertura comenzó el éxito. Cualquier día de la semana la gente no conseguía lugar.
Se dio el caso de que uno de los que se quedó afuera, una noche, fue nada menos que Carlos Perette, vicepresidente de la Nación cuando don Arturo Illia era presidente.
Luego de un par de temporadas, decidimos mudarnos a Talcahuano 975, con capacidad para 400 personas. Allí debutó el Cuarteto de Federico-Grela, y el Sexteto Tango. Más tarde, el Sexteto Mayor; Juan Carlos Copes con María Nieves. Actuó también Francini con su orquesta, Mores con la suya. Póker de Ases, con Roberto Goyeneche-Raúl Lavié-Rubén Juárez, y mi orquesta. Tuve el gran orgullo de compartir el escenario con Osvaldo Pugliese.
Creo que voy a quedar en deuda con grandes figuras que se presentaron en Caño 14 dándoles a sus noches un brillo tan particular. A todas ellas les pido disculpas por no nombrarlas, ya que fueron tantas, pero tienen mi eterno agradecimiento por aquellas veladas.
Sintetizando: Caño 14 llenó como nadie las noches de Buenos Aires para todos aquellos argentinos o extranjeros que deseaban disfrutar de una velada de tango a pleno. Fueron veinticinco años ininterrumpidos de éxitos que espero, ya en otro lugar, se repitan de la misma manera.
Buenos Aires lo necesita.



