
A través del mar de los Redondos
En otro tiempo, atravesar el mar de los Sargazos era una prueba difícil. Las algas que se acumulan en esa zona cercana a las Bermudas impedían la navegación de los barcos, en aquellos tiempos de vela, y muchos quedaban varados para siempre. Se pudría el casco de madera, los hombres morían de hambre, los tesoros se perdían en la espesura de las algas sargassum bacciferum. El viento, y la habilidad de los navegantes, podían ayudar a salir de esa trampa mortal.
Skay Beilinson acaba de atravesar su mar de los Sargazos en el debut solista. No es poca cosa: este mar está meticulosamente tramado por tres décadas de historia en el proyecto de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, con diez álbumes, la ambición de ir siempre un paso más allá y un compañero de fórmula notable: el Indio Solari.
Pero, ¿cómo se atraviesa el mar de los Redondos? El primer mandamiento, para Skay, posiblemente fue: no reemplazar al Indio. Clarísimo. ¿Cómo se hace? ¿Se puede? No. Entonces, se permitió tomar distancia del concepto que los une, no sólo asumiendo el rol de cantante, sino despegándose de la poética ricotera, y aquí tienen que tenerse en cuenta no sólo las palabras y el tipo de historias que se cuentan sino la modulación cada vez más tanguera y la forma de atacar las melodías de Solari. Entre el mito y la noche, Skay armó historias contadas de otra forma; una novela de capítulos breves.
* * *
¿Es necesario recordar que Skay es el responsable de la mitad musical de los Redondos? Por supuesto, no intenta negarlo, y la tarea sigue siendo fina y meticulosa. No hizo un grupo de rock and roll para abrumar con una seguidilla de solos. No busca un lucimiento que no necesita. Hizo canciones muy, muy trabajadas, obsesivamente producidas, que llegan con una sencillez sorprendente.
La diferencia radica en las elecciones, porque sencillez no es sinónimo de facilidad y porque conoce otros lenguajes que generan otros climas y otras necesidades: desde las atmósferas épicas a una limpia guitarra cuasi hawaiana, desde el latido reggae hasta el ambiente espeso de un tugurio de perdedores al mejor estilo Tom Waits o hacia los sonidos industriales.
Tiene todo permitido, claro, y además lo hace con cierta timidez. Con la timidez de un pudoroso exquisito. Incluso desde el lugar de la voz, que pocas veces asoma natural, pero que en los efectos se conjuga con la instrumentación que cuenta con decenas de guitarras y ruidos y etcéteras.
Desde hoy, Skay se lanza como solista con tres conciertos en Mar del Plata. No se trata del álbum de un Redondo. Se trata de un trabajo sencillamente exquisito que fortalece la historia conocida. Y, vaya casualidad, los habitantes de este lugar del mundo también vamos "A través del mar de los Sargazos". Ojalá podamos hacerlo, también, con belleza. Ahí vamos.





