
Acerca de canciones de amor y desamor
Temas musicales que sirvieron a sus autores como catarsis o... venganza
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MADRID.– Recogió sus cosas y antes de cerrar la puerta dejó encima de la mesa un disco compacto virgen de 700 megabites en el que tan sólo había grabada una canción. No hubo ninguna nota. Simplemente escribió en la carátula una advertencia: Has de cambiar la segunda persona por la primera.
El llegó más tarde a la casa recién vacía. Cerró la bandeja de su equipo de alta fidelidad, pulsó la tecla play y escuchó unos versos cantados a ritmo de bolero: Si tienes que marcharte/ Vete yendo sin prisa/ Con un adiós que dure/ Mejor toda la vida /Deja la puerta abierta/ Por si olvidases algo/ Y tuvieras que volverte/ Muy pronto a buscarlo.
La música inspira al amor, y el amor a la música, desde que el tiempo es tiempo. Al amor gentil, al amor fraterno o al amor religioso. ¿Quién podría decir que las cantatas de Bach no son canciones de amor? ¿Quién podría decir que no lo son las serranillas entonadas por los juglares líricos en la Edad Media? "Música y pasión resultan dos conceptos casi imposibles de separar", confirma Paul Reidy, director de marketing estratégico de la discográfica Universal Music de España. "De hecho, creo que sería muy complicado encontrar un disco de larga duración en la historia del pop rock en el que no haya al menos una canción que, de alguna forma, esté inspirada por el amor, por el desamor, por la pasión. Por el corazón, finalmente", continúa Reidy.
Los parlantes seguían siendo la voz de quien se había ido. Por entonces, él ya tenía un nudo en la garganta: Si tienes que marcharte/ No tengas mucha prisa/ Demórate en los ritos/ De nuestra despedida/ Si notas que hace frío/ Cuando al fin te marches/ Regresa a nuestro lecho/ Tal vez mañana escampe.
Preguntarle a alguien acerca de sus canciones de amor favoritas resulta ser, en cierta manera, una trampa: si se analizan las respuestas con cierta perspectiva, los títulos y autores elegidos ofrecen muchas pistas de la personalidad y el interior de quien responde.
Leyendas insistentes
No sólo el público es el que disfruta, siente o utiliza las canciones de sus artistas favoritos. El eco de los micrófonos y el poder de difusión de los autores de esos poemas y melodías fue usado también muchas veces en beneficio propio. Bien como método catártico o bien en forma de venganza o exorcismo. En Manhattan corre una insistente leyenda urbana a propósito de la canción A case of you (Un cajón de ti). Según un amplio sector de la población, presuntamente enterado del tema, esos versos fueron escritos por Joni Mitchell después de tener una turbulenta relación con James Taylor mientras él era consumidor de heroína (Conocí una mujer/ Tenía una boca como la tuya/ Ella sabía de tu vida/ Sabía de tus demonios y de tus hazañas/ Y dijo/ Ve con él/ Quédate con él si puedes/ pero está preparada para sufrir). Hace dos años, en un hotel de Londres, el cantante estadounidense lo negó en una entrevista. "Me temo que más bien podría ir dedicada a Frank Sinatra o alguien así", aseguró Taylor a El País Semanal. Lo que sí dejó claro es que varias de sus composiciones fueron dedicadas a sus mujeres, como Carly Simon, con la que estuvo casado durante una década. Canciones que hablan de ausencias, de carretera y manta, como My travelling star (Mi estrella viajera) o You can close your eyes (Puedes cerrar tus ojos). Maravillosos poemas de abandono, impotencia, soledad y perdón. De amor, al fin y al cabo.
Es famosa la historia –que ya no se esconde– detrás de una de las más famosas canciones de Eric Clapton: Layla. Según los cronistas, el guitarrista se la dedicó a la modelo Pattie Boyd, que por aquel entonces (principios de los años 70) estaba casada con George Harrison. Clapton se enamoró perdidamente de la muchacha cuando ella le pidió consejo para superar una de sus crisis matrimoniales. Traté de darte consuelo/ Cuando tu viejo te defraudó/ Como un tonto, me enamoré de ti/ Y pusiste mi mundo patas para arriba. El resultado fue el divorcio y, más tarde, el matrimonio con Clapton.
Otras historias nunca fueron confesadas por sus autores, pero igual trascendieron, aunque haya sido en la categoría de leyenda. Muchos historiadores de la música contemporánea aseguran que el tema You’ve got to hide your love away (Tienes que esconder muy bien tu amor), de John Lennon, se inspiró en el productor de los Beatles, Brian Epstein, que presuntamente estaba enamorado platónicamente del beatle. En todas partes la gente me observa/ Cada día y todos los días/ Puedo verlos reírse de mí/ Y los escucho decir/ Hey, tienes que esconder muy bien tu amor.
También hay muchas especulaciones sobre a quién está dedicada la canción You are so vain (Eres tan vanidoso), de Carly Simon. Pero, escuchando la letra, lo que sí parece claro es que no es otra cosa más que un dardo lanzado contra un muy vanidoso proyecto de amante. Me tuviste hace años, cuando todavía era bastante ingenua/ Decías que hacíamos un buen par/ Y que nunca te irías/ Pero abandonaste las cosas que amabas y una de ellas fui yo/ Tenía algunos sueños que fueron probablemente nubes en mi café/ Eres tan vanidoso/ que probablemente pienses que esta canción es para ti.
Uno de los mejores discos de Bob Dylan, Blood on the tracks (Sangre en las pistas), fue compuesto después de la ruptura con su mujer Sara Lowndes y se trata de una colección de canciones tristísimas de desamor. Es curioso. Parece que en las notas del amor sale ganando el desamor.
Antes de quedarse en silencio, el equipo de música le ofreció una última estrofa: Y mientras sigas esperando/ El ascensor y el taxi/ Tardasen muchos años/ Para tener yo tiempo/ Para abrazarte un poco/ Si no es por el presente/ Por aquellos sueños locos. Entonces él, en el salón de su casa, supo que no sólo hay amor y desamor.

