
Aclamado cruce artístico en Madrid
Fernando Arrabal, mito viviente del Teatro del Pánico, asistió al estreno de su obra El arquitecto y el emperador de Asiria, dirigida por la argentina Corina Fiorillo
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MADRID.- Fernando Arrabal está sentado en la sala Fernando Arrabal. La personalidad del creador y la del espacio coinciden. Clásicos, él lleva corbata y chaleco para la ocasión y se sienta en un elegante sillón de terciopelo; modernos, un naranja estridente irrumpe en su vestuario discreto y pide un trago en la barra del bar donde suena el hit más bailado del momento. La oscuridad de una de las naves de El Matadero, y también la luz, que ingresa por la puerta que da al gran patio central, son dos intensidades y opuestos que se fusionan en los textos y en el prisma de un artista siempre precavido -lleva dos pares de anteojos, uno frente a sus pupilas y el otro sobre su frente- para elegir con qué cristal contemplar la realidad. Arrabal, español, reside en París y viajó a Madrid para asistir a la función de El arquitecto y el emperador de Asiria, coproducida por el Teatro Español y el Complejo Teatral de Buenos Aires, dos coliseos oficiales, dirigida por la argentina Corina Fiorillo. La obra fue muy bien recibida por la crítica y el público y continuará en cartel hasta el 1° de noviembre.
A este último sobreviviente de la más popular de las vanguardias del siglo XX -el surrealismo- [André Bretón editó sus primeras obras], amo de la palabra, niño genio y provocador perenne, nada lo sorprende y se ríe sin carcajadas del mundo que lo rodea. Dispara contra lo efímero de los homenajes, quizá porque es consciente de que su obra seguirá viva cuando abandone este mundo: "Ayer me invitaron a un teatro al que acaban de llamar el Nuevo Arrabal. Entonces les pregunté: ¿cómo se llamaba antes? ¿Qué nombre han quitado?" Esta temporada el español montó una versión de su texto Pingüinas y el año próximo, estrenará El extravagante triunfo de William Shakespeare y Miguel de Cervantes, que Arrabal está terminando de escribir.
Arrabal visitó Buenos Aires hace algunos años, donde permaneció solo algunas horas, y en ellas se encerró a jugar ajedrez con el campeón polaco Miguel Najdorf. Fueron tres rondas donde el autor mostró un gran desempeño frente al por entonces mejor jugador del mundo: "Todo era una broma. Me dejó ganar", le cuenta Arrabal a Fiorillo.
La realizadora también jugó su partida durante la adaptación un texto complejo que habla sobre la soledad más extrema del hombre, con las interpretaciones de Alberto Jiménez y Fernando Albizu [en un rol que compuso Anthony Hopkins en el National Theatre de Londres, producida por Laurence Olivier]. Además de ritmo, le imprimió humor a su versión. Las personas cercanas a Arrabal advierten que se quedó mudo luego de una representación privada: "Sumergirse en el mundo de Fernando es ingresar en un baúl creativo sin límites. Cada vez podés llegar más lejos. Este material tiene mucho vuelvo creativo, imaginación y un delirio gozoso. El desafío es permanecer dentro de la estructura que él soñó".
Arrabal se detiene a hablar del teatro argentino: "Es increíble que un país haya dado tantos genios. Uno de ellos es Jorge Lavelli y el otro es Víctor García, quizá el mayor de todos, y lo sorprendente es que sea casi desconocido en su país. En España tenemos muchos genios, en pintura, por ejemplo, pero no en teatro. Para mí, la Argentina es un misterio", dice quien además conoció en profundidad a Jorge Luis Borges, a quien le rindió su arte en el documental Una vida de poesía.
Creador en los sesenta del Movimiento Pánico, junto con Roland Topor y Alejandro Jodorowsky -cuyo nombre hoy tiene gran peso mundial, no solo en el ámbito del teatro, sino que es la musa de una figura inclasificable como Marilyn Manson- Arrabal cuenta que vive una "luna de miel" con su colega chileno. "Es una de las personas con las que más me he reconciliado en la vida. A Topor y a mí nos gustaban las matemáticas y el ajedrez; a él le gustaban otras cosas".
Fiorillo destaca la vigencia de El arquitecto, escrito hace 50 años, la fragilidad del hombre con sus contemporáneos y en especial frente a la muerte. "Así murió Ionesco. Durante su último año de vida fui a verlo todos los días, porque nadie iba. Estaba muy solo. Y poco antes de morir me llamó Cortázar. Éramos vecinos. Quería jugar al ajedrez conmigo. No fui. Aún no sé por qué", lamenta.
Artista plástico, cineasta y novelista (obtuvo el premio Nabokov), Arrabal confiesa que no volverá al séptimo arte ni a la prosa y que en el futuro solo se dedicará a la dramaturgia. Crítico eterno de la sociedad de consumo, se refiere a grandes artistas vivos ignorados por el público general y critica que aquellas obras y entrevistas que se le realizan apenas tengan mil visitas en YouTube. Él mismo trae a colación ese video reproducido hasta el hartazgo donde intenta explicar su punto de vista en la TV, tras haber bebido una copas de más: "Me emborraché una vez en televisión y de eso sí todos hablan. El arte nunca fue interesante para nadie. Quevedo escribió: «Miré los muros de la patria mía» y todo lo que allí vio en ese soneto era un desastre. Y él estaba con Góngora, Cervantes, Lope de Vega... y no vio nada bello o interesante, incluso él que era un gran escritor. Siempre ocurre lo mismo. Nunca vemos nada. Incluso Platón decía que con los mejores dramaturgos y los grandes teatros, la gente prefería ir a los Juegos Olímpicos".






