
Alejados de la perfección
"Nadie es perfecto" ("Flawless", Estados Unidos/1999). Presentada por UIP. Fotografía: Declan Quinn. Música: Bruce Roberts. Intérpretes: Robert De Niro, Philip Seymour Hoffman, Barry Miller, Chris Bauer, Skipp Sudduth y otros. Guión y dirección: Joel Schumacher. Duración: 111 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: regular.
1 minuto de lectura'
Joel Schumacher es, seguramente, uno de los directores norteamericanos más exitosos de los últimos tiempos. Con una personalidad y un ingenio puestos al servicio de los grandes espectáculos -basta recordar "Batman eternamente", que recaudó más de 330 millones de dólares en todo el mundo, o el film de suspenso "8 milímetros"-, el realizador no vacila en apostar a los más variados temas para congregar multitudes en torno de sus películas, que poseen el sabor de lo personal y la grandilocuencia de sus variadas problemáticas.
En la vida, sin embargo, siempre hay algún tropezón. Y "Nadie es perfecto" (un título casi premonitorio para Schumacher) es la piedra afilada en la carrera del prestigioso cineasta. Esta vez, como guionista y realizador, se embarcó en un tema ríspido al que, como para ponerle su marca de fábrica, lo sazonó con pinceladas policiales.
El personaje central de la anécdota es Walt Koontz, un ex policía solitario que habita en un hotelucho de la zona este de Nueva York. Sus vecinos (o vecinas) son grupos de travestis vocingleros que responden a las consignas de Rusty, un gordinflón que sobrevive en un clima entre humorístico y patético gracias a sus vestidos y pelucas de mujer que exhibe sin pudor en calles y locales de diversión.
Walt, ultraconservador y muy orgulloso de ello, desdeña a esa fauna humana que se gana la vida entre la humillación y largas noches de placer. Sin embargo, y cuando el ex policía sufre un ataque apoplético que le paraliza su medio cuerpo, será Rusty, su escandaloso vecino, que lo asistirá entre clases de canto y palabras de cotidiano consuelo.
Lo tenebroso se impone
Hasta aquí la historia procuraba mostrar los comienzos de una amistad entre dos seres tan distintos como vencidos en un micromundo alejado de toda piedad. Pero Schumacher, siempre presto a la acción, a la violencia y al suspenso, da una vuelta de tuerca a su trama y suma una serie de personajes malvados sin atenuantes que, en una enredada disputa por una suma de dinero robada, tomarán contacto con el ex policía y con el travesti quienes deberán padecer toda clase de castigos hasta desembocar en una moraleja tan falta de astucia como de credibilidad.
Seguramente, el guión intentó radiografiar a los dos personajes centrales envueltos en un laberinto que sólo la calidez humana podía salvarlos. Pero el entrecruzamiento de situaciones y diálogos alargados innecesariamente y la falsa pintura de ese ex policía, al que Robert De Niro se esfuerza por darle algo de autenticidad, y de ese travesti, que con mucho esfuerzo salva de su caricaturismo la acertada labor de Philip Seymour Hoffman hacen naufragar esta historia que tarda mucho en resolverse, para el padecimiento de los espectadores.
El director siempre sabe rodearse, para sus producciones, de un buen equipo técnico y de acertados actores de reparto. Aquí no le faltaron esos elementos. Lo que sí escaseó fue un guión sólido que, en el peor de los casos, fuese entretenido. Y la ausencia de este elemento también se notó, y mucho.






