Las desconocidas cadencias del pianista Alfred Cortot
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Actualizado el 12 de julio de 2020
El francés Alfred Cortot nació en 1767 y falleció a los 95 años, en Lausanne. Fue uno de los más esplendorosos pianistas de su tiempo y podía argüir una directa descendencia chopiniana, ya que uno de sus maestros fue Decombes, alumno del compositor. Sin embargo, su repertorio era amplísimo y era tan admirado en la interpretación de la música romántica como en la de los clásicos. Más aún, no hubo actividad musical en la cual no descollara. A principios del siglo XX, como director, condujo los estrenos franceses de "El ocaso de los dioses", de Wagner; de "Un réquiem alemán", de Brahms, y de la "Misa solemne", de Beethoven. En 1905, con Thibaud y Casals, conformó un trío tan célebre como legendario. Decididamente, era un músico completo. Con todo, tenía un defecto: su memoria era frágil. El asunto podía ser ingrato si estaba tocando en soledad, pero podía ser dramático si a su alrededor había otros músicos. Una de estas ocasiones trágicas fue la que le sucedió mientras tocaba el cuarto concierto de Beethoven, bajo la dirección de Thomas Beecham. El director inglés, años más tarde, recordaba aquella presentación casi como un tour musical: "Partimos todos juntos desde Beethoven. En determinado momento, Cortot fue hacia Schumann y yo lo seguí. Sin que entendiera demasiado lo que ocurría, nos llevó hacia Grieg, hacia Bach, hacia Tchaikovsky. Yo continué dirigiendo mientras me daba cuenta de qué tocaba. Pero en un punto comenzó con algo que yo desconocía totalmente. Detuve en seco a la orquesta y lo dejé solo, como si fuera una cadencia. Al final, tan desconcertado él como nosotros, retomó algo familiar, apenas beethoveniano, y nos las ingeniamos como para sumarnos y terminar más o menos juntos".