
“Siempre que alguien nos ve, estamos sentados en una habitación, rodeados por una nube de humo de cigarrillo.”
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Despues de casi cada oración, Angus Young deja escapar un sonido difícil de olvidar: una risita rasposa irreprimible, enronquecida por un millón de cigarrillos. "Por algo me llamo Young [joven]", dice el diminuto guitarrista principal de ac/dc, explicando la fuente de testosterona que ha mantenido funcionando a la banda australiana durante casi treinta años. "El pelo desaparece, los dientes se caen", dice, con otra risita. "Pero es un sacrificio pequeño a cambio de toda esa excitación en los oídos." A los 46 años, Young es un Peter Pan del rock & roll. ac/dc ha estado de gira por el mundo durante la mayor parte de 2000; actualmente están concluyendo una serie de shows en los Estados Unidos junto a Slash’s Snakepit y Buckcherry (véase Performance).
Hoy, cuando te ponés el uniforme de colegio, ¿no sentís como que te estás disfrazando?
No; cuando me lo pongo, estoy ansioso por salir a escena y tocar mi guitarra una vez más. Cada vez que me visto así, me digo: "¡Qué bárbaro! Todavía sigo en carrera, mostrando lo mío".
En los viejos tiempos, cuando te bajabas los pantalones en el escenario, no tenías calzoncillos debajo. ¿Por qué empezaste a usarlos?
Llegó un momento en que cada vez que llegábamos a una ciudad, teníamos que ir a ver al jefe de policía local. Y me cansé de soportar el discurso de esa gente. No te puedo decir cuántas bandas conozco que destrozan habitaciones de hotel. ¡Yo no destrocé un cuarto de hotel en mi vida! Mirá si voy a andar tirando televisores por la ventana... Si es un buen televisor, puede que me lo lleve a mi casa.
Es como esa idea de que los ac/dc tenían algo que ver con el satanismo. Eso no era cierto, ¿o sí?
Fue todo inventado. La nuestra siempre fue buena música fiestera. Música con la que no tenés que ponerte a pensar ni decir: "Estos tipos tienen un mensaje". No había ningún mensaje. Nunca quisimos hacer reformas sociales ni nada por el estilo.
¿Se sienten sobrevivientes?
Yo siempre nos consideré un grupo de rock & roll como esos programas [de desintoxicación] de doce pasos: hay que dar un paso por día. Quiero decir, aquí estoy yo, de cuarenta y tantos años. Todavía me pongo mi uniforme de escuela y salgo a tocar la guitarra. Alguna gente -ustedes los críticos, por ejemplo- podrá decir: "Uf, ahí está de nuevo ese bobo de los pantalones cortos". Siempre supimos que, si tocábamos rock & roll sin vueltas, iba a ser un camino cuesta arriba. Porque, aun en los comienzos, rock & roll parecía ser la palabra impronunciable. La gente decía: "Bah, otro grupo de rock & roll" (se ríe). Supongo que convertimos a unos cuantas personas en todos estos años. ¡Nuestra iglesia está floreciente!
¿Qué escuchás para mover la patita?
Escucho bastante rock & roll viejo. Chuck Berry, Buddy Holly, Little Richard, Jerry Lee Lewis. Me encanta todo eso. De hecho, si tengo la oportunidad, cuando voy camino de algún show, pongo la cinta de alguno de ellos porque tiran buena onda y me hacen sentir bien.
Me contaron que también escuchás mucho blues.
Sí, y tengo suerte de que ahora hay una saturación de blues editado en cd, porque soy fanático del género. Tuve la oportunidad de saludar a Buddy Guy una vez, en Los Angeles. Me quedé mudo. No podía abrir la boca. En Australia, donde crecimos, para encontrar información sobre blues tenía que ir a la biblioteca y pedir las revistas de jazz. En esa época ni siquiera las vendían en los quioscos. Así que iba a la biblioteca y leía acerca de toda esa gente; de Muddy Waters, de Elmore James. Para mí, conocer a Buddy Guy fue como conocer un pedazo de historia. Es por eso que me quedé así, callado. Pensé: "No quiero perturbar el aire con mis palabras".
¿Socializan entre ustedes cuando van de gira?
Depende lo que entiendas por socializar. Alguna gente nos ve y dice: "Ahí vienen cinco fumadores profesionales". Siempre que nos ven, estamos sentados en una habitación, rodeados por una nube de humo de cigarrillo y no hay mucha gente que quiera socializar con nosotros. Piensan: "Mejor que dejemos tranquilos a los animales".
Oí decir que perdías tres libras [más o menos un kilo y medio] después de cada actuación. ¿Sigue siendo verdad?
¡Tres libras, eso es mucho dinero! (se ríe) Perdón, fue una broma gansa. Pero es cierto que pierdo bastante peso después de una gira. Se lo recomiendo a todas esas chicas que quieren sacarse "las manijitas del amor" de la cintura.
O sea, la dieta Angus Young. Correr por el escenario vestido con uniforme escolar de terciopelo, noventa minutos por noche, durante dieciocho meses.
Así es. O podés optar por el programa de ejercicios de Keith Richards: cada día, un par de botellas de bourbon y un paquete de cigarrillos.
Veo un video instructivo en tu futuro, como las clases de gimnasia de Jane Fonda...
Ya lo creo. "La Guía de Ejercicios de Jane y Ang".
Pienso que sería un tipo diferente de video...
No te quepa la menor duda.




