
Aprovechar las vacaciones
Cada verano, un curso de guardavidas entrena chicos para el rescate
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Situación: víctima pide ayuda. "Lucía, acercate más a la víctima", ordena Gabriel Villanueva, coordinador del único Curso de Guardavidas Junior que existe en la Argentina. Entonces, Lucía Macchi Aguado, de 11 años, acompaña a Julieta Boietti, de 12, la chica de bikini rojo a lunares que en su primer día de clase se hace la desmayada.
En la pileta del Club San Patricio, en Pilar, una veintena de chicos y chicas de entre 10 y 17 años -divididos en niveles- aprende, durante los meses de verano, técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP), salvamento y primeros auxilios mediante simulacros en el agua y experiencias en mar y lagos (más datos, www.sportaim.com.ar ).
Para Lucas Scarmato, de 16 años, realizar pruebas de flotación forzada, remolque y martillo es tan natural como jugar a la pelota con sus amigos o ir al colegio. Fue su padre el que, hace tres años, vio un aviso en un diario local y le propuso sumarse al curso.
"Nunca había nadado. Al principio no estaba muy convencido, vine a probar", comenta Lucas. Aunque "por suerte" hasta ahora no tuvo que salvar a nadie, en un futuro le gustaría ser guardavidas y enseñarle a otros chicos a ganar esa "seguridad del cuerpo en el agua" de la que habla su profesor, y que es el mejor entrenamiento para ayudar a alguien en problemas.
Al rato es Pedro Ovejero, de 20 años, la víctima , un colaborador del curso que terminó la instrucción para adultos y hace guardias en el club. La misión: "¡Todos al rescate!" Entonces los padres presentes sacan celulares, cámaras fotográficas y cuanto artículo electrónico les permita congelar el momento en que sus hijos se ponen al servicio del otro en un crawl agitado.
Cuidarse y cuidar a otros
A los 12 años, Tomás Fernández participa por segunda vez del Curso de Guardavidas Junior. Esta vez, en un nivel más avanzado y para reforzar técnicas. "No tuve miedo de que lo hiciera, más bien todo lo contrario: los chicos aprenden a cuidarse y a cuidar dentro del agua", explica su madre, Lucila Ferrari.
La más chica de este grupo de rescatistas es Agostina Bramajo. Tiene 10 años, pero gran experiencia en el tema: junto a su tía, sacó a su hermanita Candelaria de la pileta hace algunos años. "Todavía no venía acá, me daba un poco de vergüenza, pero después me encontré con una amiga y me encantaron las situaciones de rescate", cuenta.
El lunes 21, 30 chicos viajarán a San Bernardo para vivir su propia experiencia en el mar. Habrá un gran operativo de seguridad, incluido un grupo de guardavidas que, a bordo de sus motos de agua, vigilará a los mini baywatch.
Qué contento estará ese día Tomás que, desde la pileta, confiesa que en la vida le gustaría "hacer algo importante".
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