Ahora que ya no trabaja en radios, Marcelo Aldunate percibe cosas nuevas en el dial chileno. Y las analiza desde la vereda de quien fundo el proyecto radial mas exitoso de los anos 90 en Chile
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Un homenaje de dos horas, al aire, en el programa del Rumpi, y un recital íntimo al interior del Liguria con Alvaro Henríquez, Los Bunkers y nadie más, no son formas habituales de abandonar un trabajo. No es que Marcelo Aldunate haya organizado algo especial para oficializar su abrupta salida de radio Rock&Pop, tras doce años. Es sólo que la sorpresa motivó gestos excepcionales. Tan inesperada fue la noticia de su renuncia, que gran parte de este reportaje debió ser reformulado, pues las entrevistas habían comenzado cuando Aldunate aún ocupaba su oficina en el segundo piso del edificio de Iberoamerican Radio Chile (el conglomerado que acoge a ocho estaciones radiales y controla el 35 por ciento del mercado publicitario).
Hasta el 5 de mayo, el sentido de una entrevista con Marcelo Aldunate era confirmarlo como el programador clave en la definición del dial chileno de la última década, indudable impulsor del destino de varias bandas y figuras; un cazatalentos que tuvo la visión de colocar sus fichas en gente como el Rumpi, Sergio Lagos e Iván Valenzuela, mucho antes de que tú los conocieras. El relato sólo encauzaba la vocación evidente de "un animal de radio" y melómano incurable. Un hombre de decisiones viscerales que no siempre fueron comprendidas por su entorno, pero que probaron con el tiempo ser las adecuadas. En la era de los medios masivos, parecía mucho más interesante hablar con él que con el guitarrista de una banda. Cuestión de historias. Cuestión de onda. Cuestión de saber quién realmente impone el sonido: quién es el jugador tras el póquer de canciones.
Sin embargo, Aldunate habla hoy desde otra vereda. Cansancio y "motivos personales" lo han dejado a salvo del monstruo en el que convirtió Rock&Pop tras doce años de gestión, desde su meditado diseño al interior de Cooperativa hasta el ritmo irrefrenable con que terminó acompañando los confusos tiempos actuales. Y mientras evalúa con calma qué hará con su ligazón casi biológica a la música, no acoge rabia ni ironía para analizar su paso por la que sigue considerando "la mejor radio del mundo".
CINTA UNO
un pequeño departamento de estado con Moneda –séptimo piso, vista a la Cordillera de la Costa– albergaba a la radio Mundo Stereo cuando Marcelo Aldunate se enfrentó por primera vez a una consola. En la pieza matrimonial se ubicaba el control, y la sala de grabación quedaba en la cocina. El tornamesa y los antiguos reproductores de cinta reel se encatraban en un mueble con tazas, vasos y cucharas. Aldunate tenía entonces quince años, un amigo dispuesto a darle una oportunidad en el medio, y unos cinco mil discos a su disposición. O sea, la gloria.
–En esa época, el 82, 83, había una mixtura entre el disco y la new wave: pasabas de kc & the Sunshine Band a The Police, con "Every breath you take". Con el tiempo descubrí que yo no tenía ningún estilo definido. Y creo que ése era mi estilo, en definitiva.
–¿No era como ponerle un soundtrack al toque de queda?
–Totalmente. La mayoría de las fiestas se hacían en las casas, y eran pocos los lugares para ir a bailar. En la radio a veces se armaban carretes y llegaban hasta tres DJs para programar la Mundo Stereo discoteque. Pero yo era un cabro chico. Miraba todo bajo el prisma de que se me estaba abriendo un mundo nuevo, distinto. Trabajaba con gallos de 25 años y yo tenía 15. Si por ahí invitaban amigas suyas, mi máxima aspiración era tocar las tornamesas, no a ellas.
–Sexo, drogas y rock and roll.
–Sexo, drogas y onda disco.
En plena dictadura, la madre de Marcelo miraba con recelo el mundo en el que comenzaba a introducirse su hijo. Los dos
últimos años de Enseñanza Media, Aldunate los realizó en un colegio mixto, de ésos que la sociedad adicta al éxito escolar llama "para repitentes". Apenas un compañero conocía su doble vida como programador radial sub-17. El fin de un pololeo fue el primer costo de su opción preferencial por las perillas.
–Como a la semana de pololeo me dieron un turno de noche. Mi polola se enojó mucho y tuvimos una gran discusión, aunque yo estaba súper enamorado. Cuando llegué a la radio, el control al que yo tenía que reemplazar me preguntó que por qué andaba con esa cara, y yo me largué a llorar de una. Imagínate: era mi primer día de turno, y tenía a este tipo
consolándome. Dentro de mí estaba, ingenuamente, el "voy a trabajar, así puedo juntar dinero y casarme con ella". Pero evidentemente no fue así.
Aldunate se quedó en Mundo Stereo hasta la quiebra de la estación, el año 83. De los ocho meses de trabajo, le pagaron sólo uno, y mal: quinientos pesos. Pero el control pudo darse "un pequeño gustito" antes del adiós.
–Había vencido el permiso para transmitir, pero me las ingenié para contactar al ex director artístico. Y no se cómo me lo engrupí y conseguí que me pasara una copia de la llave del departamento. Una noche fui clandestinamente al edificio y entré a la radio, que estaba absolutamente pelada, una imagen muy desoladora. Era un sábado 10 de septiembre, vísperas del 11. Y yo, sin saber nada técnico, encendí el switch del transmisor y tiré la presentación del programa y la música. Puse música durante cinco horas en una radio que había, legalmente, desaparecido. El cassette de esa noche lo tengo guardado con ene cariño. Para mí es un pequeño trofeo.
También en radio La Ciudad Aldunate quedó a cargo de los bailables nocturnos de fin de semana. En 1984 pasó a radio Tiempo, donde tomó uno de los programas más populares de la época (Tiempo discomix) y ascendió hasta convertirse en director artístico. La estación le dio a Aldunate un buen sueldo mensual y la rutina propicia para optar por un modo de vida distinto. El día en que se suponía debía dar la Prueba de Aptitud Académica, él simplemente se quedó trabajando. Hoy dice que fue ésa una de las decisiones más importantes de su vida.
–Tampoco tenía idea de qué quería estudiar, pero ganaba plata y hacía lo que me apasionaba. Si había que elegir, yo prefería la radio, que era mi hogar, mi búnker, una especie de refugio. De eso no tuve dudas.
–Fue entonces que comenzó el "boom" del rock chileno.
–Claro, en el verano del 85 ya sonaban "Sexo" de Los Prisioneros, "Calibraciones" de Aparato Raro, Upa! La Galaxia era la radio más escuchada; Pirincho Cárcamo era un ícono. Pero la Tiempo como que miraba el fenómeno muy de reojo. Su filosofía era que la música en español era algo así como rasca, cuestión que a mí me chocó un poco y que, en definitiva, terminó con mi renuncia.
–Tú no eres de ese mundo.
–Yo provengo de una familia de clase media. Vivía en Estación Central, en General Velásquez, y tenía que cruzar medio Santiago para llegar a mi lugar de trabajo. Era como vivir en dos realidades distintas.
(Nos interrumpe el sonido de mi celular. Soy víctima de los tiempos modernos. Un mensaje de texto de mi padre me exige volver a casa. Estas cosas no le pasaban a Aldunate a los 15 años. Antes de haberlo estudiado, estoy a punto de retirarme del periodismo. Esto jamás le sucedería a Larry King ni a Paulsen. Sus madres no los llaman para pedirles que vuelvan a casa un sábado a las 23 horas. Continuamos).
–¿Qué buscabas como director artístico?
–Hacer una radio que significara algo. Primero para mí, y después para los demás. Se había formado un grupo de gente con cierta mística, había objetivos comerciales claros y el medio se iba profesionalizando cada vez más. Me acuerdo que elaboré una estrategia que yo pensaba que podía ayudar a la radio a ser exitosa. Había una canción que entonces estaba pegando harto: "Cómo hemos cambiado", de Presuntos Implicados. Y la puse una tarde de abril o mayo. Yo estaba sentado en el control y suena el teléfono. Era el gerente comercial, Rodrigo Bezanilla, quien le pregunta al control: "¿Qué es lo que esta sonando? Bájala inmediatamente". Y yo escucho que comienza a bajar el volumen de la canción, justo a la mitad, y le pregunto al control: "¿Qué te pasa, huevón? ¿Qué estás haciendo?". Y él me responde: "Es que de arriba me dijeron que la bajara, porque es rasca".
"Ahí sentí algo que he sentido muy pocas veces, y que es lo que te importa mucho, en un segundo pasa a darte lo mismo", recuerda. "En ese minuto tomé la decisión de irme de esa radio, y no trabajar nunca más en ninguna otra. Tenía 21 años y no estaba ni ahí con volver a toparme con esos lugares y esa gente".
–¿No es como mucho?
–No sé. Cuando estoy en mi casa escuchando un disco, espero que termine.
–Deben molestarte los cortes de luz.
–[Se ríe] Depende en qué minuto esté. Pero eso no tiene nada que ver con nuestra conversación, Copano.
–Bueno, debe haber sido algo así como un golpe al ego.
–Más bien sentí que estaba en un ámbito clasista, facho. Y ésa era la tónica de los medios en esos tiempos: "La música, mi radio y mis productos son para mis pares", algo así.
Firme en su decisión, Aldunate pasó los siguientes meses trabajando como guionista del programa Sábado taquilla ("una pega rara: hacía poco y ganaba harto") y, luego, como dj los fines de semana en la discoteque Scratch. Un día viernes de mediados de 1992 lo despertó su madre para decirle que lo había llamado un tipo de la Cooperativa, Marcelo Zúñiga. El director de la más importante estación de la época quería conocerlo y escuchar sus ideas sobre una nueva señal juvenil.
–Compartimos visiones respecto a una radio dirigida a tal público: cómo tenía que ser, quién debería estar y quién no. Luego de un tiempo me confirma que yo soy la persona que va a dirigir el proyecto, pero no le tomé el peso en ese momento, porque no había nada: ni estudio ni nombres ni discos.
–Qué diferencia había como para traicionar tu voto de renuncia a la radio.
–Era estar trabajando con un tipo de verdad. Era decir: "¡Aquí no estoy trabando con un pelotudo!". Marcelo [Zúñiga] tuvo la habilidad para no contaminarme con el cuento profesional en un momento en el que yo estaba más motivado por la pasión. Yo tenía que ver más con el lado de la intuición.
CINTA DOS
un dia de marcha blanca interna dejó, finalmente, a Rock&Pop al aire, el
1 de diciembre de 1992. Había tanto trabajo, que nadie se preocupó por buscar un tema simbólico para dar la partida, y salió lo que salió: "It´s my life" de Dr. Albarn.
Una discoteca nueva y exclusiva para la radio, un equipo de al menos siete productores y controles, y tres locutores-rostro sostenían inicialmente el proyecto: Rolando Ramos y Karin Yanine (ambos con experiencia televisiva) y el periodista Iván Valenzuela, conocido entonces por sus crónicas de música en El Mercurio y por un inclasificable programa dominical junto a Alberto Fuguet, ipc: Interferencia por Concierto. Su lenguaje suelto y su irreprochable manejo en la información musical constituían aportes inéditos en el medio radial chileno. A los tres meses, Rock&Pop confirmaba su liderazgo absoluto en el segmento juvenil (15 a 24 años), desplazando al fin a radio Concierto y la voz profunda y mesiánica de un hombre religioso que pasó a la historia "Por el camino de la paz".
Para Iván Valenzuela, hoy rostro ubicuo de Canal 13, el mérito no era de otro que de Aldunate:
–Más que cualquier otra persona con la que yo haya trabajado, Marcelo significó mi aprendizaje y titulación definitiva en el tratamiento profesional de la música y de mis propios gustos al enfrentarme a un medio de comunicación. Me enseñó a escudriñar en los gustos de los demás para rescatar cosas valiosas, a identificar los signos que inequívocamente indican que algo está pasando con una canción o un artista determinado y, lo más importante, a respetar otros gustos, aparte de todo lo que significa organizar artísticamente una radio. Además, es una enciclopedia. Sabe tanto que cacha lo que a uno le va a gustar antes que uno mismo; es un talento raro. Le tengo un enorme respeto.
Claro ejemplo de lo anterior fue la apuesta de Aldunate por rotar una y otra vez el primer single de un grupo de Concepción que hasta entonces acumulaba prestigio apenas en el circuito universitario. "La primera vez" de Los Tres sonó con convicción en Rock&Pop amtes que en ninguna otra parte.. Consultado para esta nota, el animador Sergio Lagos ofreció una definición precisa de su ex jefe y su visión: "Tom es un hombre que busca a través de la radio y su archivo cultura, patrimonio e identidad. Cuando pensamos en la entrega que él quiso dar, uno piensa en amor por Chile. Él es un músico".
Tan arrollador era el éxito de la estación, que Aldunate ni siquiera sabía la sintonía exacta que marcaban las encuestas. Se lo recordamos: a los seis meses era la radio más escuchada de Chile, en todos los segmentos (no sólo el juvenil) , y allí se quedó durante casi cinco años, con El chacotero sentimental (iniciado en 1996) como el espacio radial más escuchado de la historia de nuestra fm. Apabullante, pero no es un asunto sobre el cual le interese teorizar demasiado:
–Lo único que te puedo decir es que me siento orgulloso de las cosas que se hicieron en la radio. Incluso algo malo en la Rock&Pop no es lo mismo que algo malo en otra radio. Uno podría decir que la radio le ha hecho bien a la escena de rock chileno, que ha sido importante como escuela para profesionales que ahora están en otros medios, que El chacotero sentimental "descartuchó al país"... Lo único que yo sé es que la radio no tiene parangón. Pasa mucho más allá de un discurso o de un personaje. Hay un tema de pasión. ¿Dónde más hay una banda donde tocan tipos que animan en la radio? [se refiere a la Sonnora Rock And Pop]. La gente que sale de la radio cae parada en otros lados.
–¿No te estresaba tener que ganar siempre?
–¿Por qué? No, no. Simplemente, era lo que tenía que hacer. Para mí, esto no es una carrera. Espero estar contento conmigo y con lo que hago, y siento que a la gente que hizo conmigo Rock&Pop le pasaba algo parecido. Para mí, fue siempre el lugar ideal para trabajar. Pero por esa misma visión de no sentirme en carrera contra algo, es que estoy permanente abierto a los cambios y a lo que tenga que suceder.
–¿Trabajar en radio ha sido tan cotidiano para ti como comer, ducharse?
–Mucho más cotidiano. No me imagino mi vida sin la radio. Ni siquiera es algo cotidiano: es como una extensión de mi propio ser. Tengo una vocación quizás más allá del entendimiento de mucha gente. No es que la radio me guste, la tengo incorporada, demasiado incorporada.
–Entonces no hay cómo imaginarte en otro ámbito en el futuro.
–Yo creo que, tarde o temprano, caeré ahí de nuevo. Para mí es un medio tan familiar, me siento tan cómodo ahí, que lo más probable es que vuelva. No sé si en un mes o un año más. Tampoco sé hacer tantas cosas. Y esa experiencia es mi gran capital y tengo que aprovecharlo.
–¿Rock&Pop eras tú?
–O sea, tenía mucho de mí, de eso no tengo dudas. De toda la gente que ha pasado, pero fundamentalmente de mí. Sigo sintiendo que la Rock&Pop es la mejor radio del mundo, y que en estos largos o cortos doce años ha hecho suficiente historia. Pero, también, mi vida personal es mucho más importante que la Rock&Pop, y cuando tuve que tomar decisiones para privilegiar una sobre otra, no tuve dudas.
–Hay gente que dice que tu salida fue por peleas con tus jefes.
–No, son cosas personales que... prefiero no dar detalles, pero que conversé con ellos de forma abierta. Lo que más le agradezco a Iberoamerican es haber privilegiado el aspecto humano en esta decisión. Estaban más preocupados por mi persona que por el proyecto.
CINTA TRES
poco antes de su publicitada renuncia, los diarios imprimieron el nombre de Marcelo Aldunate a propósito de unas grabaciones solistas de Alvaro Henríquez. Estábamos en medio de nuestras sesiones de entrevista, cuando el diario La Tercera aseguró que el director de Rock&Pop anunció al aire y en exclusiva las nuevas canciones del (hasta entonces) líder de Pettinellis. Pero la nota exageró las cosas y "Tom" quedó molesto por la cobertura a un suceso que se dio de forma espontánea, cuando Henríquez lo llamó la noche del domingo de Pascua para que escuchara sus primeras grabaciones solistas, en los Estudios del Sur.
–Él estaba como súper entusiasmado, y me mostró tres canciones. Yo sentí que quería compartir conmigo el grabar un disco; redondear una canción y plasmarla en un registro, que es ya como tener un hijo. Entonces le dije: "Podría pasar por la radio y tocarlo. Así ustedes aprovechan de ver cómo suena al aire". Y me fui a la radio, deben haber sido como las dos y cuarto de la mañana, programo el tema y les aviso para que lo escuchen. Estaban todos súper felices. Hay algo emotivo en escuchar tu canción al aire que yo nunca he experimentado, pero me imagino cómo puede ser.
–¿No es anormal estrenar un tema a las dos de la mañana?
–Lo anormal es que Alvaro Henríquez haga un par de temas como solista. Y, para mí, lo normal es entusiasmarme con algo, y llegar y tocarlo a la hora que quiera porque me parece adecuado para la radio. Si desarmé una programación que estaba hecha, es porque tenía las facultades para hacerlo. Lo que sí es extraño es que después aparezca una nota diciendo que entrevisté al Alvaro a las cuatro de la mañana, cuando no fue así. Por ahí la nota decía: "Se dieron el lujo de tocar los temas en la noche...". También siento que la radio es un medio tan rico, que te permite darte lujos todo el tiempo.
–¿Y esta cosa de compadrazgo que la nota sugiere entre ustedes?
–Yo no me siento culpable de ser amigo de un músico. Cuando alguien decía: "A éste lo pasan en la radio por ser amigo de Aldunate" me daba lo mismo. Yo soy amigo del Alvaro y no tengo ningún problema en reconocerlo, como soy amigo de Mauricio Durán, de Los Bunkers. Al fin y al cabo, uno no elige a la gente que quiere ni de la que se enamora.
Un director de radio aprende rápido el arte de la negativa. Las decenas de bandas y ejecutivos disqueros que a diario le pedían a Aldunate un espacio en el dial, le enseñaron que los "no" hay que decirlos "de una, sin rodeos. Es mejor matarlos al tiro".
–¿No te atormentaba esto de que las bandas poco menos que dependieran de ti?
–No, para nada. Una vez estaba en un lanzamiento, y se me acerca un tipo para decirme que por mi culpa se había separado una banda X que yo no había querido tocar. Recuerdo que me bajonié. Pero luego maduré la idea y me di cuenta que iba a tener que seguir diciendo que no muchas veces más. Y que tampoco nadie habla de las bandas que sí consiguen un contrato porque te la jugaste por tocar su tema. Tampoco se trataba de que la radio fuese un lugar de beneficencia para cualquiera que se le ocurra agarrar una guitarra. Siempre consideré importante que un grupo tocara en vivo, que tuviera una proyección. Jamás fue mi plan crear una escena de rock chileno a costa de lo que fuera.
–¿Y te preocupa que ese criterio pudiera quedar ahora desamparado?
–No sé, no tengo por qué echarme esa responsabilidad encima. Cuando estuve hice lo que pude, y desde afuera tal vez continúe colaborando con algo. Pero no lo exijo a la radio ni a los que se quedan seguir una determinada línea. No es un legado. No soy el santo patrono de nada. Para mí, siempre fue natural preocuparme de las bandas, pero en poco tiempo van a aparecer músicos que no van a tener idea quién soy yo.
–Para algunos músicos, estar en la radio pasa por poder pagarlo.
–Me acuerdo que el año 94 tuvimos una entrevista con La Pozze Latina, y al final se tocó el tema "Sex maniac". Y recuerdo que el Iván [Valenzuela] me comentó que el Jimmy Fernández le había preguntado cuánto le habían pagado por tocarlo. O sea, si hasta los músicos creen que los sellos te pagan, qué queda para el resto. Entonces da lo mismo lo que yo te diga, por qué no sé qué tendría que hacer para que me creyeran. No me interesa decirte "soy un tipo incorruptible". Pero lo encuentro fome: que venga un tipo, firme un cheque y te haga la pega. La payola [coima] existe desde los inicios del rocanrol y todo el mundo sabe que en Chile sigue súper instalada. Yo siento que es una práctica maleada que no beneficia a nadie: no porque le pagues a un control vas a tener más ventas. Tu tema está sonando, pero a qué costo; o para qué. No tiene que ver con una estrategia inteligente de promoción, ni con un cariño mínimo por la música. Es como convertir la música en un asunto cuantitativo, y yo creo que incluso la música más prefabricada merece algún respeto. A mí eso me duele del medio. De repente, entre que me paguen por tocar a un grupo, y tocar a un grupo porque el vocalista es amigo mío, prefiero tocarlo porque el vocalista es amigo mío.
Si el archivo total de Iberoamerican se calcula en sobre los veinte mil discos, Aldunate contribuyó a la escasez de espacio con su obsesión porque todo lo que saliera al aire quedase registrado. Incluso aquello que no se transmitía pero tenía algún valor, como improvisaciones de Alvaro Henríquez, Titae Lindl y Camilo Salinas en tiempos de Los Tres, o unas sesiones con Claudio Narea poco después de su salida de Los Prisioneros. Son secretos que están ahí, guardados. "Suena romántico, claro, pero para mí es importante dejar huellas. A todo nivel, profesional y personal. Y creo que ésa fue mi forma de dejar huella", explica. "Me parece que los medios tienen esa, de algún modo, exigencia: ser el reflejo de la época que se está viviendo y testigo para gente que pueda interesarse en el futuro. Todo lo que es registro, documento, tiene un valor incalculable".
Los discos persiguen a Tom Aldunate de un modo casi místico. Los ve en sus ensoñaciones finales, en sus momentos más negros. "Cuando pienso en la muerte, de verdad he llegado a sentir que qué lata no poder llevarme algunos discos. De los
Beatles me llevaría uno, de todas maneras".
–Ahora, desde fuera, ¿estás escuchando más radio?
–Sí, más radio y más discos. No me gusta lo que escucho en radios, en general. Creo que se ha perdido la prolijidad. Siento que hay una especie de confusión en torno a si es más importante la música o los contenidos. Me encuentro programas de la hora del taco, como el de la radio Infinita, con tres personajes que claramente se sientan al micrófono treinta segundos antes de salir al aire. Yo me formé en un momento en que la preparación era súper importante: saber qué ibas a decir, qué canción ibas a poner, qué ibas a pegar con qué. Y como encuentro que la radio es un medio muy noble, me duele cachar eso. Hay mucha radio que le paga a rostros de televisión, pero que no tiene interés en armar un equipo de trabajo con un productor, un periodista... En radio, el trabajo de hormiga es súper necesario, y tiene que ser reconocido. Tampoco hablo de un perfeccionismo obsesivo. La Rock&Pop nunca fue perfecta, y creo que le daba gracia tener espacio para cosas imprevistas. Hablo, más bien, de la preparación que tiene que tener un tipo antes de salir al aire.
–¿Con qué sensación recuerdas ahora tu trabajo en radio?
–Es una mezcla de nostalgia con tranquilidad. No podría negar que fue una decisión difícil de tomar y que, en ese momento, yo estaba hecho mierda. Pero hay algo más grande que mi amor por la radio y por el equipo que quedó ahí. Es algo muy personal que quizás sería difícil de entender. Pero no estoy arrepentido, aunque sé que perdí muchas cosas más que la radio. Pero, ahora, también me doy cuenta que la experiencia que traigo me sirve para otros proyectos.
–¿Como cuales?
–Son cosas en las que nunca pensé que podría estar. Colaborar con un proyecto cinematográfico es algo que no me esperaba [Aldunate es el supervisor musical de Promedio rojo, el próximo estreno cinematográfico de Nicolás López, para cuyo soundtrack también ha co-producido un par de temas].
–Si la música es tan señera para ti, ¿hay alguna canción que te haya ayudado a tomar la decisión de partir?
–Cuando preparé las cartas de despedidas para la gente del equipo, me acuerdo que puse los últimos tres temas de El lado oscuro de la luna. Me interesaba preparar algo solemne, regalarle a cada uno un disco que le gustara. Me lo imaginé como el final de una película. Estaba en mi casa, con un amigo que está cesante. Y pensé: "Necesito una inyección para ir a la radio y despedirme de una manera fuerte, aguerrida". Entonces busqué el disco de los Sex Pistols.
A todo volumen, Aldunate cumplió, una vez más, con su función de programador preciso. Se fue al tema 10, y dejó sonar "Pretty vacant", cuál otra.
–Miré a mi amigo y le dije: "Ya estamos. Ahora somos los dos unos cesantes... Y no me importa".
20 Canciones para no cambiar de radio
Según Marcelo Aldunate
- "A Day in the Life" - The Beatles
- "About a Girl" - Nirvana
- "Back in Black" - AC/DC
- "Ashes to Ashes" - David Bowie
- "Born to Be Alive" - Patrick Hernández
- "Canción de lejos" - Los Bunkers
- "Dance Across the Floor" -
- Jimmy "Bo" Horne
- "Dancing Queen" - ABBA
- "Eloise" - Barry Ryan
- "God Only Knows" - Beach Boys
- "He barrido el sol" - Los Tres
- "Hey Hey, My My" - Neil Young
- "Hielo" - Sonnora Rock And Pop
- "His Latest Flame" - Elvis Presley
- "London Calling" - The Clash
- "Maybe I’m Amazed" - Paul McCartney
- "Pregón para iluminarse" - Los Jaivas
- "Promesas sobre el bidet" - Charly García
- "Te quiero" - Los Diablos Azules
- "Waterloo Sunset" - The Kinks
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