
Argentinos coleccionables
En el exitoso micromundo de los juguetes de autor, algunos nombres de diseñadores locales cada vez suenan más fuerte
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En 2006 estaba viendo mi correo basura de Gmail y encontré un e-mail de la directora de arte de Kidrobot, para ver si me interesaba hacer una colección en miniatura de sus muñecos", recuerda el ilustrador Patricio Oliver, más conocido como PO!. La respuesta argentina para esta empresa estadounidense que es un ícono en el mundo del art toy era un indudable sí. Y seleccionaron algunos de sus personajes. Así, de a poco pero sostenidamente, unos pocos diseñadores argentinos fueron sumándose al equipo de diseño de los art toys más célebres del planeta, esos muñequitos que vuelven locos a los kidults (adultos jóvenes con hábitos de consumo relacionados con la infancia), fabricados en series limitadas para coleccionistas.
Mercado con pretensiones
Influidos por el arte callejero, el rock, la era victoriana, los superhéroes, los cómics, la ciencia ficción y el cine de terror, estos artistas se dieron el lujo no sólo de tener sus muñecos diseñados por ellos sino también de formar parte de exposiciones por todo el mundo y de que sus diseños se agoten en un mercado con pretensiones. "No es muy buen negocio el tema de los muñecos. El beneficio es muy poco pero es bueno tener el muñeco hecho por uno", indica Matías Vigliano, parte del grupo de artistas DOMA, que desde 1998 también integran Julián Pablo Manzelli, Mariano Barbieri y Orilo Blandini. Ellos fueron de los primeros en trabajar con Kidrobot. Los fans del tema recuerdan a sus Acid Sweeties, esa familia de personajes coloridos, un poco humanoides, otros objetos (como el chico helado, el chico barril, el chico avión).

Hace tiempo, Kidrobot organizó un concurso de Acid Sweeties en su website: gente de todo el mundo, la mayoría estadounidense, mandó dibujos sobre estos muñecos. "¡Algunos se habían cortado el pelo igual al muñeco, otros se disfrazaron así, y hasta uno se tatuó nuestros muñecos!", cuenta casi incrédulo otro Doma, Manzelli, alias Chu.
Además, una versión DOMA de los dunnys - esos conejos redondeados que cada artista lo interviene a su manera- integra la colección permanente del MoMA.
Santos y cucos
"Crecimos influidos por la cultura japonesa", cuenta Chu en referencia a él y a sus compañeros de grupo. "Los japoneses meten los personajes en la cotidianidad de las marcas, en la señalética de las calles. Y eso genera un ambiente de muy buena onda. Para decir muchas cosas lo dicen con muñecos, en forma delicada, tierna. Descubrir eso nos partió la cabeza."
Hasta hicieron un Jesús astronauta para la empresa Adfunture de Shanghai. "Fue un hit total", se ufana Matías Vigliano. Se puede comprar en www.adfuntureworkshop.com .

Otros diseñadores argentinos en tema son Martín Lowenstein, Diego y Andrés Vaisberg, convocados por la compañía Red Magic, de Hong Kong.
Por su parte, cuando Oliver fue convocado por Kidrobot les sugirió incluir a su serie de Cucos, y, a juzgar por el resultado, no se equivocó: se hicieron 10.000 cucos y se agotaron los 13 personajes, que fueron fabricados en distintas cantidades. "Había algunos más difíciles de conseguir, como pasa con las figuritas", informa Oliver. Los personajes no podían elegirse, porque venían en cajas cerradas que sólo podían abrirse tras la compra.
Oliver también diseñó art toys para firmas como las británicas Unbox y Raje Toys (Gran Bretaña), y The Design Mall, la tienda de diseño también de de Hong Kong: ahí se puede encontrar los personajes de su proyecto The Tenebrae , mundo mágico y oscuro donde los habitantes luchan por vivir en paz. A Oliver todavía le quedan algunos muñecos para vender vía www.patriciooliver.com.ar . Y desde octubre todas sus líneas estarán disponibles en www.thedesignmall.com . Otra opción, Ebay.com.
Y lo que se viene de este artista con la empresa Kidrobot para este año es un muñeco del que sólo se puede adelantar que tiene que ver con... el fin del mundo.
Pero, aunque los diseños sean argentinos, en el país es bastante difícil toparse con alguno de estos muñecos a la venta. "Las trabas a la importación inciden sobre estas cosas. Se pueden traer los muñecos a la Argentina pero es muy complejo", indica Oliver. Y sigue: "Si me mandan grandes cajas las tengo que ir a buscar a la aduana. Es ridículo pagar por algo que diseña uno mismo, y generalmente las marcas pagan con muñecos. La Argentina no es el país más amable para esta clase de disciplinas."
Por eso, lo mejor será conseguirlos por Internet.




