Arjona, desde el Caribe
Recital del cantante y compositor Ricardo Arjona. El viernes, en el teatro Gran Rex, presentación del CD "Galería Caribe". Próximas funciones: hoy, 21,22,23,24 y 25 en la misma sala; y el 6 de abril en el estadio Ferro Carril Oeste. Nuestra opinión: Bueno
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La escenografía es una mezcla de cantina y un bar cool lleno de velas de colores. En el medio hay instrumentos como parte del decorado, un sillón, una mesa de billar; arriba, dos ventiladores que giran lentamente, como en las películas, y en el fondo, un cartel luminoso que publicita la cerveza Guanahaní y dos pantallas que proyectarán imágenes del recital, videos o se convertirán en pinturas.
También hay un barman, una moza y un grupo de músicos que comenzarán a darle vida a la noche del Gran Rex. El primero que se anima es el contrabajista. Arranca con un walking bass y propicia una breve jam session jazzera.
El tema poco tiene que ver con lo que vendrá. Todo el resto será el ámbito ideal para que Ricardo Arjona exhiba el vuelco caribeño que tomó su música, tanto para los temas de su último CD (del que apenas interpretó media docena, en una lista de casi 30 piezas) como para los grandes hits que lo llevaron a la fama. Porque ese repertorio de éxitos también se pone a tono con la nueva estética.
La cantina-bar comienza a ganar temperatura con los primeros compases de "Si yo fuera", y pronto se mete en una versión de "Ella y él (historia de taxi)", con bases de tumbao y yeites de piano que traen los primeros paisajes musicales del Caribe, aunque los cortes y la elocuencia de los arreglos le quitan un poco de suspenso al relato. La banda golpea desde dos sets de percusión, la batería y una potente sección de vientos, y tiene resto suficiente para el trabajo individual de sus músicos.
Toque intimista
Arjona anda cómodo en medio de esa plataforma musical y en un espacio que le permite moverse a gusto entre el proscenio, las banquetas de la barra y las mesas. Pero no olvida que el show también está debajo del escenario. Por eso apela al recuerdo de sus primeros conciertos aquí y trae un popurrí con temas que son coreados por una platea que reúne una mayoría de voces femeninas y un amplio abanico de edades. Tampoco quiere dejar pasar la oportunidad de refugiarse en el sillón para dar un toque intimista en las estrofas de "Amor de tele", entre los sonidos del piano y la trompeta.
Arjona es consciente de todo lo que puede lograr con las frases de "Lo poco que queda de mí", y una poesía que pocas veces toma vuelo. Si hasta tiene que hacer un esfuerzo para que se note el resultado de una muy buena puesta o de los matices sonoros, frente a un público que está más preocupado por encontrar un silencio para gritar un piropo que llegue a destino.
Quienes llegaron al teatro dispuestos únicamente a ver y escuchar quizá piensen que el color, el calor y la cadencia de los parches de esa "Galería caribe" revitalizan la propuesta de Arjona. Porque, a pesar de que algunos arreglos de temas conocidos caen en territorios híbridos, se perciben nuevos aires. Se nota por el contraste con un par de canciones en versiones casi originales, en las que se pone en evidencia cierta repetición del diseño melódico, y en su fraseo, que bordea la monotonía.
También es cierto que si el guatemalteco llega a la Argentina con nueve shows vendidos en Buenos Aires, en el interior del país, y un cierre en Ferro es porque su público canta los temas nuevos. Y esa figura de tipo sencillo (a veces de perdedor, y otras de un ganador que nunca se agranda) sigue teniendo vigencia; tanto como todos esos temas que reservó para el final de su primer recital: "Te conozco", "Tu reputación" y "Mujeres".






