
Arnaud Desplechin: "¿Cuál es el sentido de escribir cine sólo para las estrellas?"
El director francés estuvo en Mar del Plata para presentar su película Tres recuerdos de mi juventud, actualmente en la cartelera local
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Arnaud Desplechin presentó en Cannes películas como La sentinelle, Un cuento de Navidad y Jimmy P, entre otras; además de haber competido en Venecia con Reyes y Reina. Su experiencia en festivales es considerable, por eso sorprende un poco al admitir que le provoca muchos nervios la presentación de su película Tres recuerdos de mi juventud en la apertura del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
"Me siento honrado y asustado. Para mí era muy importante venir a América latina, especialmente a la Argentina, porque sé que algunas de mis películas se estrenaron aquí. Así que estar acá en persona y poder conocer al público es un gran honor. No podría decir lo mismo de todos los festivales de cine", dice el director francés, en una charla que mantuvo con LA NACION durante el festival, en la que habló sobre Tres recuerdos de mi juventud, especie de precuela de su film My Sex Life, que ya está en cartel en las salas de la Argentina.
-¿Cómo surgió la idea de la película y de retomar a este personaje?
-No sé exactamente, pero me acuerdo que vi Moonrise Kingdom: Un reino bajo la luna y la adoré, y me pareció que Wes Anderson era muy valiente por haberse animado a escribir personajes tan jóvenes. A estas alturas de mi vida como director de cine puedo escribir buenos diálogos, frases complicadas, monólogos extraños, pero, ¿cuál es el sentido de escribir sólo para estrellas de cine o actores con mucha experiencia? Para mí fue un verdadero compromiso escribir para personajes tan jóvenes. Así que empecé con ese deseo; pequeñas escenas y pedacitos de historias de chicos jóvenes. My Sex Life era una película no realista, en la que habíamos inventado un héroe, Paul Dedalus. La idea de escribir una precuela fue más un chiste que un compromiso, pero me dio la energía para contar el comienzo de esta historia de amor tan fuerte y brutal entre esta chica y este chico que se llevan mal y, al mismo tiempo, son la pareja perfecta", explica.
-El film también muestra cómo uno se acuerda de las cosas que pasaron, ¿escribiste a través de la visión de un adulto o intentaste pensar como alguien joven?
-Para mí la forma más justa de hacerlo es no fingir que tengo 15, sino pensar en un hombre adulto que recuerda su pasado. Pero cuando estoy escribiendo las escenas de los jóvenes soy ellos. Uso mis propias experiencias de vida, pero mi estilo no es naturalista ni documental. Pienso en Larry Clark, un gran director que me encanta, cuyas películas son casi documentales sobre gente joven. Yo no puedo hacer eso, sino escribir buenas líneas de diálogo, proponérselas a los actores jóvenes y dirigirlos para que se sientan libres. Lo genial es que yo sabía que cuando los actores jóvenes llegaran al set les iban a poner a los personajes una energía que yo no tengo y una arrogancia que me encanta.
La historia a través de otros
Tres recuerdos de mi juventud comienza con un Paul Dedalus adulto, interpretado por Mathieu Amalric, actor fetiche de Desplechin, que es detenido en un aeropuerto y se ve obligado a explicar por qué hay otro hombre en el mundo con su misma identidad. Esto lo lleva a una anécdota de su adolescencia y un viaje a Minsk que lo marcó. "Es a través de esta historia que él puede sumergirse en el pasado y recordar su historia de amor con Esther." Ahí comienza un flashback en el que se ve cómo Paul (interpretado por Quentin Dolmaire) vive una adolescencia intensa.
-¿Sentís que las películas te dan la oportunidad de contar algo de tu propia historia?
-Sí, aunque, ¡si contara mi vida en una película sería un desastre! Sería sobre un tipo leyendo libros y mirando películas, muy aburrido. Nunca fui de visita a la Unión Soviética, aunque era algo común para los jóvenes franceses y mis hermanos lo hicieron. El cine me permitió hacer ese viaje, finalmente, y vivir otras vidas.
-Tus películas retratan familias complicadas.
-Sí, mis películas retratan familias disfuncionales. Cuando empiezo a escribir un personaje siempre es noble y misterioso, como una especie de Clint Eastwood o John Wayne. Pero cuando puedo ver a sus padres, hermanos y sus familiares, el héroe deja de ser como una estatua, noble y solitaria. Tener una familia los hace comunes. Amo los aspectos más ridículos de las familias.
-Mezclás mucho la "alta cultura" con la "cultura popular", ¿qué es lo que te interesa de eso?
-Creo que ésa es la definición del cine. En cine no hay diferencia entre la "alta" y la "baja" cultura. No es relevante, como en la pintura o en la ópera. Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de la historia y en su período americano hacía cine de entretenimiento para Hollywood, ¿eso es "alta" o "baja" cultura? Es entretenimiento en el sentido más noble. En mis películas, si puedo robarme algo de un buen libro o de una canción popular para hacer mejor una escena, lo hago. Uso cualquier cosa que me sirva para hacer mi película más interesante, más graciosa, más ambigua, más rica. Eso es lo genial del cine.
-En general, trabajás con los mismos actores, ¿preferís dirigir actores que ya conocés?
-No. Me encantaría agrandar el grupo. En esta película trabajé por primera vez con André Dussollier y fue un placer poder hacerlo finalmente. Pero soy de un país chico y tenemos actores excelentes, pero no son muchos. Con Mathieu (Amalric) hice muchas películas y creo que es un genio. Marcello Mastroianni tenía una forma de ser un hombre viril y mantener un sentido del humor sobre sí mismo. En Francia hay muy buenos actores, pero a muchos les falta ese sentido del humor y Mathieu sí lo tiene. Es habilidoso, sexy, pero ese sentido del humor es lo que realmente necesito de él para poder dibujar a mis personajes. Mathieu trabaja en varios niveles al mismo tiempo y es el tipo de actor que necesito para poder saltar del drama absoluto al humor. Por eso siempre trabajo con él, pero intento crear nuevos papeles para otros actores.
Desplechin cuenta que ya está escribiendo una nueva película, pero antes se animó a dirigir teatro. "Hice algo prohibido para mí: dirigí una obra de teatro en la Comédie Française -dice, riéndose-. Me dio muchísimo miedo y fue genial. Mi planteo con la obra fue: «No quiero fingir que soy director de teatro; lo que puedo aportar es el conocimiento de un hombre de cine y tal vez se pueda usar eso». Era una obra de Strindberg, muy moderna y brutal. Me pareció que podía entenderla a través de Bergman, para no ser tan dramático y mostrar la humanidad de los personajes. La experiencia fue fabulosa porque me aceptaron. Pero igual ahora volví a escribir para cine."
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