
Alex Turner, voz de la aparición inglesa del año, trata de entender cómo es eso de tener el mundo entero a sus pies.
1 minuto de lectura'
Todo el mundo habla de los Arctic Monkeys. Alex Turner, Andy Nicholson, Jamie Cook y Matt Helders desataron una nueva revolución en el rock británico con Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006), el disco debut más vendido en la historia de la música inglesa. Elogiados hasta el hartazgo por pesos pesados como Morrissey y los hermanos Gallagher, estos cuatro adolescentes de Sheffield –cuna de Pulp y Cabaret Voltaire– han pasado el año más vertiginoso que se recuerde en mucho tiempo para una banda joven.Con la energía desbocada de unos pibes inquietos que no superan los 20 años, los monos del Artico tomaron el título de su ópera prima de una frase del film Saturday Night and Sunday Morning [Karel Reisz, 1960]. Y no fue casualidad. Allí, el actor Albert Finney encarna a un joven obrero inglés que se gana la vida a duras penas y que sólo piensa en divertirse el fin de semana, en una marea de alcohol, discotecas, drogas, matones, policías y un hedonismo a prueba de balas. “Esa línea de Finney [“Whatever people say I am, that’s what I am not"] de alguna forma nos representa claramente: no prestes atención a lo que se diga de nosotros, porque somos todo lo contrario”, balbucea del otro lado del teléfono un soñoliento Alex Turner. Pariente cercano de Franz Ferdinand, The Streets y Kaiser Chiefs, el cuarteto rescata por momentos el desparpajo y la frescura de los primeros Buzzcocks. Después de foguearse en el under y diseminar estratégicamente sus canciones por internet, los Arctic fueron tachados de nuevos salvadores del rock & roll y también de nuevos capos del marketing. “A veces me cansa que la gente diga que somos un producto armado por el mercado”, dice Alex. “Por la simple razón de que nosotros ya estábamos ahí cuando la prensa nos descubrió, así que no jodan más.
”El último año fue sorprendente para ustedes. ¿De qué pueden sentirse orgullosos?
Yo, al menos, me siento orgulloso de la música que hoy hacemos, de estar en el tope casi sin proponérnoslo y de lograr un gran disco. ¿Te parece poco?
La banda ya tenía clásicos antes de tocarlos en vivo. ¿Pensaste en algún momento que el mundo estaba loco?¡
Sí, todo el tiempo! Creo que en un punto nosotros somos los más cuerdos de todos. No entiendo qué fue lo que pasó, pero parece que todo el mundo enloqueció y quedamos en el centro de un huracán que nunca imaginamos crear. Lo que más me sorprendió y me sorprende es esto de volverse famoso de golpe. Todavíano logro asimilarlo, pero si todo el mundo se pone de acuerdo, algo de eso habrá. No voy a contradecirlos [se ríe].
En distintas entrevistas inventaron increíbles historias sobre el nombre del grupo. ¿Cuál fue la mejor?
A ver… Nos divertimos mucho diciendo que el nombre lo tomamos de una banda que tenía el tío del baterista Matt Helders, aunque después lo desmentimos. Inventamos esa historia porque nos estábamos aburriendo en la entrevista y necesitábamos pasarla bien, al menos un rato. Nos llamó mucho la atención que la historia se aceptara de inmediato, pero luego entendimos la necesidad de los periodistas de tener una primicia.
¿Por qué eligieron un pequeño pueblo de campiña inglesa para grabar el álbum?
Porque necesitábamos trabajar sin distraernos. El disco lo grabamos en una pequeña localidad de Lincolnshire llamada Spalding donde, literalmente, no hay nada de nada. Sólo existe un pub, un almacén y la iglesia del pueblo. Eso era todo. Ni siquiera podías conseguir cobertura telefónica. Pero para nosotros fue perfecto porque conseguimos aislarnos del mundo y grabar una canción por día.
No querías admitir que escribías las letras. ¿Por qué?
No sé, no estaba seguro. Cuando escribís cosas que va a leer mucha más gente de la que pensás y cuando estás desnudando tus sentimientos en un papel, puede que alguien diga: “Este pibe es un tarado”. Al principio me daba mucha vergüenza, porque sentía que le estaba contando una quien no debía, pero ahora ya me acostumbré.
Siendo tan joven, ¿dónde encontrás la inspiración?
La gente suele decirme que debemos tener mucha imaginación para escribir cierto tipo de letras, pero en realidad todas las canciones hablan de las cosas que me pasaron en el último año. Por ejemplo, “When the Sun Goes Down” está inspirada en las prostitutas que paraban al lado de nuestra sala de ensayo y que todas las noches al salir nos ofrecían un servicio completo. Y ver a tipos decadentes babeándose por esas chicas también nos alimentaba la imaginación.
¿Sentís que sin la ayuda de internet la banda no existiría?
Sólo sé que hubiera sido más difícil, no podemos ignorarlo. Internet nos ayudó a acelerar los procesos. Lo más extraño de todo es que una semana después de que nuestro primer simple llegara el número 1 todos necesitaban encontrar una explicación a lo que estaba pasando. Y así aparecimos en medios como The Economist, que hablaban de “los desconocidos que llegaron al tope gracias a internet”.
Recientemente dijiste que jamás te verías tocando en un estadio.¿Seguís pensando lo mismo?
Sí, estoy seguro. Porque creo que no podemos escribir canciones para estadios, como Coldplay o U2. Pero tampoco quiero ser un artista de culto que toque para diez personas.
¿Tu vida hubiese cambiado si tus viejos no te regalaban una guitarra para Navidad?
Sin duda. Si eso no hubiese pasado hoy estaría tomando cerveza en un pub, haciendo nada y mirando la gente pasar. Aunque si lo pienso bien, con toda la música que siempre hay a mi alrededor de alguna manera u otra hubiera intentado entrar en este negocio.
Abandonaron una performance en el Saturday Night Live. ¿Por qué no les gusta tocar en la televisión?
Porque no es cómodo. No me banco que me digan qué cara tengo que poner o qué es lo que tengo que hacer. Por eso, a diferencia de otras bandas, grabamos nuestro video tocando en vivo. Odio el playback.
¿Qué pregunta esperás que un periodista te haga y nunca te hicieron?“
Alex, decime: ¿cómo lo hacen?”




