Astuta metáfora sobre el poder

Alberto Catena
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18 de enero de 2015  

Testosterona / Textos: Sabina Berman / Intérpretes: Osmar Núñez y Viviana Saccone / Diseño de escenografía y video: Alberto Negrin / Diseño de iluminación: Eli Sirlin / Diseño y producción de vestuario: Laura Singh / Sala: Multiteatro, Corrientes 1283 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: buena.

¿Qué cosa podría estar tratando una pareja en un sitio, tan arriba del pedestre mundo de los otros, como es una oficina en el último piso de un rascacielos? Bueno, de muchos y variados asuntos, es verdad. Pero allí, en esas alturas, que parecerían ser como un espacio ideal para alegorizar sobre los dominios del poder, Antonio y Miki -los protagonistas de esta obra teatral- están hablando precisamente de algo relacionado con el tema: quién quedará al frente del periódico en el que ambos trabajan. El hombre es el director de ese medio de comunicación y debe renunciar porque está gravemente enfermo. Ella es la subdirectora de la versión digital de esa publicación y candidata a sucederlo.

Sin embargo, hay un obstáculo para que esto último ocurra: existe otro competidor con mucha testosterona -esa hormona masculina asociada tradicionalmente al sexo y la agresividad- que podría llegar a quedarse con el cargo. Un hombre que puede poner a la gente en cintura y tomar decisiones incluso injustas si el destino y los negocios de la empresa lo requieren, rasgo que al parecer Miki, demasiado gentil con sus colegas, no tiene. Al día siguiente Antonio decidirá quién de los dos es el más apto para asumir el puesto. Queda todavía por delante toda la noche para pensarlo. En ese tiempo y un poco más se desplegará la trama de la obra.

Con mucha astucia y conocimiento del oficio, la autora mexicana colocará un anzuelo envuelto por un caramelo. Nos hablará de una historia de amor postergada entre ellos -Miki fue durante algunos años alumna de Antonio y ahora es su protegida- y abrirá a partir de allí un interesante juego de tensiones, develamientos y movidas entre los personajes que permitirán al público enterarse de qué está realmente analizando y qué interrogantes plantea. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a llegar con tal de saciar nuestra ambición de poder? ¿Hay algún límite ético que respetar en la profesión periodística o todo vale a la hora de informar? ¿Es conveniente sacrificar la vida personal para alcanzar la notoriedad de cierta fama? Las preguntas podrían seguir hasta el infinito.

Berman elige un ámbito que conoce y además es propicio para abordar estos interrogantes en la actualidad: un medio de comunicación, que es hoy como uno de los símbolos más claros de lo que es el poder, por la enorme influencia que ejercen sobre la conciencia de las personas. La elección del título es también sagaz: la testosterona es nada más que una metáfora de aquello a lo que quiere aludir la autora: la violencia, la energía implacable e indiscriminada a la que apela el deseo cuando codicia el poder. Esa hormona es apenas un combustible: lo que decide donde volcarlo es la concepción de la vida que tiene cada hombre o mujer.

La versión de Veronese es medida, tal vez con menos adrenalina que la que ofrece el libro original, sometido a algunos cortes. Apunta más a las ideas que a las emociones y consigue, mediante un cuidadoso trabajo sobre esos dos excelentes actores que son Osmar Núñez y Viviana Saccone, resultados satisfactorios. Berman dice que pretende un teatro que vuelva a la "luz, la actuación y la palabra". En un escenario donde la luz realza bien los aspectos más destacados de la majestuosa escenografía de Negrin (esa oficina a través de cuyos vidrios se ven los altos edificios de la ciudad y distintas secuencias climáticas, incluida la de la caída de la nieve), los otros dos factores están asegurados por un buen texto y la calidad de los intérpretes.

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