Atahualpa: el último payador
Murió el 23 de mayo de 1992; su vida fue un verdadero apostolado del folklore
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"Si me veis mirando lejos"
(...)
Universo de seis cuerdas,
y un simple nombre: guitarra
caminando por el mundo
al corazón aferrada.
(...)
Atahualpa Yupanqui
Atahualpa solía decir que "El hombre es tierra que anda" y durante su vida se encargó de no quedarse sólo en el plano de las ideas. Gracias a su peregrinar incansable, la poesía de nuestra tierra llegó a muchos lugares del mundo.
Autor prolífico (compuso más de 1200 canciones), de chico comenzó a estudiar violín pero pronto lo abandonó por su verdadera pasión, la guitarra.
Nació en Pergamino, el 31 de enero de 1908. Según contó en "El canto del viento", "le galopaban en la sangre trescientos años de América", su madre era vasca y su padre, mestizo. A los 13 años cambió su nombre verdadero, Héctor Roberto Chavero, por el seudónimo que al día de hoy se mantiene como sinónimo de tradición folklórica.
Joven autodidacta, mientras se formaba musicalmente y recorría el país, tuvo otros oficios. Fue tipógrafo, maestro, periodista, hachero, peón de panadería, mandadero, cargador de carbón, arriero, entro otros.
Sus primeras grabaciones en el sello RCA Víctor fueron a fines del `30. En 1947 se afilió al Partido Comunista, hasta que en 1953 decidió tomar una postura política independiente. Durante esos años conoció el exilio, la censura y la cárcel, pero también el reconocimiento de su arte en el resto del mundo. Realizó varias giras por Europa. En París tuvo gran éxito junto a Edith Piaf, con quien compartió escenarios en esa ciudad.
Cuando se levantó su proscripción, en 1953, se reanudaron las grabaciones. Su público de siempre se reencontró con "Don Ata" en numerosas presentaciones en Buenos Aires y el interior.
En los años `60 visitó Japón, Marruecos, Israel y Egipto, entre otros países, hasta radicarse en Francia. Años más tarde contrajo matrimonio con Nenette, su compañera, quien bajo el seudónimo de "Pablo del Cerro", lo ayudó a escribir más de 40 creaciones.
A partir de allí, fue distinguido en varias ocasiones en la Argentina y en Francia, su patria adoptiva: Premio Konex de platino de música popular; Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés; Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, etc.
Murió en Nimes, en el país galo, el 23 de mayo de 1992. Sin embargo, nunca se desprendió de sus dos terruños; la provincia de Tucumán, en la que conoció el amor en más de un sentido: allí compuso varias melodías que exaltan el cariño por esa región y vio por primera vez a Nenette. Y el Cerro Colorado, Córdoba, lugar en el que se levantaba su casa, hoy convertida en museo, y por donde se esparcieron sus cenizas.
Para entender esta dialéctica entre el peregrinar y el arraigo, tal vez convenga recurrir a otra de sus frases: "Cuando estoy fuera de la tierra es porque la tierra está dentro mío".




