Aun en segundo lugar, hay actores de primera
Hoy no son protagonistas en el cine y en la TV, pero sus trabajos y rostros son conocidos por el público; tras los papeles secundarios hay pasiones y vidas que vale la pena conocer
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En 1992, en medio de una gira teatral por Italia con la obra "Il magnifico cornuto", el actor Salo Pasik recibió, sorprendido, una gigantesca torta llena de velitas. No era su cumpleaños ni se celebraba ningún tipo de aniversario. Sin embargo, la torta llevaba escrito su nombre: el público lo había coronado como "el mejor actor de reparto" de ese festival.
El reconocimiento resulta insólito para la Argentina, donde los actores de reparto, o los a veces injustamente llamados "segundones", se pierden muchas veces en ese impersonal "y gran elenco" que ilustra los carteles publicitarios de una obra. O, con algo de suerte, en la sombra de los protagonistas. Sobre todo, si se tiene en cuenta que Pasik fue seleccionado por un público atento a su papel.
¿Quiénes pueden reconocer, con nombre y apellido, a la infinidad de mucamas que pasaron por las novelas más exitosas? ¿Cuántas veces se identificó a un actor o actriz en la calle, diciendo "ah...ése era el malo de tal película" o "ahí va la que hizo de madre de tal actriz"? ¿O cuántas veces un actor de reparto transpiró la camiseta en una escena y quien se llevó los laureles fue el actor principal?
El panorama, sin embargo, no es tan oscuro como lo pintan. Y si no, ahí está como ejemplo Javier Portales, eterno partenaire de Alberto Olmedo, que siempre prefirió su lugar incluso por encima de los protagónicos.
Y aunque muchos duden en ese unir con flechas de caras y nombres, por la trayectoria que han tenido en teatro, cine o TV, el público los conoce. Salo Pasik, Mónica Galán, Chela Ruiz, Emilio Bardi, Mónica Scapparone y Diego Varzi (ausente para la foto) hablaron con La Nación del karma de ser actor de reparto.
_¿Les molesta ser considerados actores secundarios? Galán: _Si uno es actor secundario, es por elección. Si yo no llegué a una primera línea fue porque no lo busqué. No he querido sacrificarlo todo. Hay gente que ha llegado porque ha vivido para eso; no me parece mal, pero no lo comparto. Pasik: _Si convenimos en que ser primero es cartel, prensa, guita, primero no soy. Pero en el plano de la capacidad o el reconocimiento nunca me he sentido segundo.
Scapparone: _Yo creo que cuando me llaman lo hacen porque les gusta lo que hago, no porque venda. Y me parece un elogio. Primero, soy muy joven, y no sé qué me va a suceder. Quizá mañana uno de nosotros sea una Meryl Streep o De Niro, Nicholson, o una Jessica Tandy. O quizá nunca lo seamos. Porque, ¿qué es ser primero? En la Argentina se ve como una cosa de estrella, de estrellita.
Bardi: _Para mí, el segundo es concreto y claro. ¿Pero el primero? Uno por ahí tiene que hacer de segundo de Samantha Farjat... ¿Quiénes son los primeros, los que venden?
Chela: _Bueno, los segundos también podemos llegar a primero o más allá...
Varzi: _La industria del cine, en Hollywood, se hizo con los actores secundarios, con esos que uno no recuerda cómo se llaman. A mí no me molesta para nada ser actor secundario, porque considero que los papeles no por breves son pequeños.
El precio del cartel
En esa trastienda de una compañía de teatro shakespeareana que exhibe la obra "El vestidor" se ve claramente la situación de primeros, segundos y hasta terceros actores. "Yo he dejado todo por el arte", resume Federico Luppi en la voz de ese viejo y prestigioso actor que tiene que interpretar al rey Lear. Una evidente contracara es el personaje del bufón (interpretado por Jorge Ochoa), que en un momento de la obra se lamenta: "Yo no me he perdido nada. He tenido bellas mujeres, he andado por la campiña inglesa en todas las estaciones, he jugado al cricket, tengo mis hijos... Pero quisiera ser alguna vez un personaje importante".
El antiguo y tan mentado "precio que hay que pagar para poder llegar" sigue vigente en el pensamiento de muchos actores. "Pero los precios de hoy incluyen tener, además de representante, agentes que te hagan prensa en los medios, y por supuesto, tener tiempo y ganas para asistir a cuanto estreno, evento, reunión y cóctel se presente. Y, por supuesto, no dejar el lugar antes de fotografiarse con las figuras que asistan", asegura Pasik con el consentimiento del resto.
"Para hacer lo que quiera"
"Si por un lado a mí me dicen que hay un cóctel en tal lugar, y por otro, me invitan unos amigos a cualquier lado, no lo dudo: voy con mis amigos -opina Mónica Galán-. Ojo, me encantaría ser primera actriz y ganar buen dinero, pero para después viajar y hacer lo que quiero. Yo no me la jugué por ese lado".
Para Varzi, el eterno galán de "El amor tiene cara de mujer", la cuestión fue otra. "De joven, por mi físico, estaba condenado al papel de galán y me aburría horrores. A pesar de que tiene mucho prestigio, a mí no me gustaba. Eso tiene que ver con la personalidad. Yo tenía el interés puesto en otras cosas, y ser galán no me entretenía. De hecho, cuando decidí no hacer más ese papel, tuve baches sin trabajo en mi carrera de 32 años de actor".
"Ahí viene la de perfil bajo", le dice siempre el representante a Mónica Scapparone.
No es mala, es fóbica
La actriz, aun cuando sacaba chispas en TV con sus grotescos personajes junto a Antonio Gasalla, y la gente le gritaba cosas en la calle, tomó cierta distancia. "Mucha gente hablaba mal de mí en esa época porque me llamaban para hacer notas y no iba a ninguna. Lo hacía de fóbica. A veces pienso que otra persona -ni mejor ni peor que yo- lo hubiera exprimido y aprovechado al mango, y tal vez hoy hubiera sido ...qué sé yo. Pero a mí no me gusta hacer lo extra del trabajo porque no me da el cuerpo ni el alma ni la psiquis".
De pudores e inhibiciones, Salo agrega: "A mí también me daba pudor el reconocimiento. Había dejado de ir a cenar o a los lugares que hay que ir para figurar. Por suerte, después ya no me llamaron más para las revistas y dejé de figurar en las listas de invitados obligados a todas las fiestas".
A su lado, lo mira comprensiva Chela Ruiz, que con años y años de experiencia confiesa: "Yo hice muchas cosas a fuerza de los que me empujaban. Es que yo tenía mucha vergüenza de mostrarme y decir: "Aquí estoy, soy actriz, mírenme".
_Más allá de sus elecciones, los rótulos no se los ponen ustedes. ¿Quiénes deciden, además, esto de ser segundos?
Pasik: _Yo creo que la prensa tiene mucho que ver con esos rótulos.
Mónica: _Pero también uno se deja llevar por ellos.
Scapparone: _Sí, difícilmente en las críticas se mencionan los roles secundarios. Yo creo que es de una mezquindad poco común. ºBah!, tal vez es ignorancia. Por la película "Cenizas del paraíso" casi todos los diarios destacaron como una de las mejores escenas una en la que estoy con Leo Sbaraglia, en la Alcaidía. Pero a mí ni me mencionan.
Bardi: _Yo le pedí a una persona que me representara y me contestó: "¡Pero vos estás considerado un actor intelectual!" ¿Podés creer? Justo a mí, que si no trabajé con Darío Vittori fue porque no me llamó.
Contra el protagonista
Todos hablan a la vez y se entremezclan en un gran collage de comentarios, actitudes, nombres, apodos. Pero a la hora de la verdad, ninguno de los entrevistados quiere dar nombres concretos de los colegas a quienes critican.
Si bien destacan que hay buenos actores que se merecen todos los galardones, también reniegan de otros que hoy ocupan lugares porque venden: "Estrellitas de alto impacto y talento dudoso", según dicen.
Entonces, embanderados en la dignidad se aferran y defienden sus segundos lugares, "porque muchas veces son los que hacen creíble la historia. ¡Cuántas veces nosotros hemos tenido que sostener cada cosa! Hay actrices y actores muy malos que están arriba porque el medio y las circunstancias los han llevado...
Salo: _Y los segundos ayudamos a sostenerlos. Mónica: _Muchos te agradecen lo que hacés por ellos. Ojo, que no estoy diciendo que todos los segundos son buenos, ni que todos los primeros malos. Ya se sabe...
A la sombra de un león
Además de celos, envidias, adulaciones y resignaciones -sentimientos que abrazan a los actores secundarios a la hora de compartir una escena-, también hay profunda admiración, compañerismo, aprendizajes compartidos, entre otras cosas. "Porque es un placer ser segunda de un primero bueno", advierte Mónica Galán.
_Anécdotas con los primeros actores no les deben faltar...
Bardi: _Yo tengo un recuerdo muy bueno con Federico Luppi, en una escena que hicimos juntos en la película "Matar al abuelito". Era la última escena de mi personaje, Ramón, y él tuvo una generosidad de esas que no se encuentran todo el tiempo: dejó que mi personaje se luciera y así poder cerrar mi parte.
Galán: _Federico es una persona maravillosa. Si puede subir al actor que lo acompaña, lo sube.
Scapparone: _Con Antonio Gasalla era bárbaro, porque leíamos el libro en su casa y después cada uno se iba y lo componía a su manera. Incluso, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, le planteé que estábamos ganando dos pesos con cincuenta. El preguntó qué queríamos hacer. Le dije: parar la grabación. Y así fue. Dos años más tarde me enteré de que en ATC yo figuraba en una lista de personas que no podían trabajar en ese canal. El gesto de Antonio fue muy solidario.
Pasik: _Yo tengo una hermosa anécdota con Alfredo Alcón. Cuando estábamos trabajando juntos en "La muerte de un viajante", él se acercó para decirme que yo lo hacía llorar. Y fue tan fuerte e intimidante eso que me dijo que si hoy lo veo en un lugar público me cuesta ir a saludarlo. Seguramente él pensará que soy un mal educado o soberbio, pero la verdad es que es sólo timidez.
_A decir verdad, Salo, ¿nunca tuviste conflictos por el éxito de tu hermano Mario Pasik?
_Esto de quién de los dos es el mejor o el peor ha sido una especie de trauma mutuo. Cuando nos veían juntos, nunca faltaba el que decía: "Ahí está el galán, y ahí el actor". El "galán" no se sentía muy cómodo con que señalaran al otro como el "actor", y al que le había tocado en suerte ser considerado actor -o sea yo- decía molesto: "Sí, yo soy el actor, ¡pero el que sale en las revistas es él!"
Condenada a mala
Entre risas, Mónica Galán cuenta que en su carrera ya ha interpretado nada menos que a 17 prostitutas. "Pero a mí siempre me identifican por la mala de las novelas", cuenta, aunque solamente representó ese papel en dos novelas junto a una especialista como Andrea del Boca, "Antonella" y "Celeste, siempre Celeste".
"Yo casi siempre hice marginales -se suma Bardi-. En cine, "Perros de la noche" y "Matar al abuelito", por ejemplo, y en TV, "Alias Gardelito" y "Laberinto". Pero todos se acuerdan más de los cuatro años en que hice de novio de María en "Grande Pa!" Varzi lo tiene asumido. "Ahora que ya no soy más galán, siempre me llaman para hacer el papel de un señor elegante, con dinero y refinado", dice sin mayores prejuicios.
La frase es histórica y, sobre todo, cruel. Cuando se apagaban las luces de la sala y ya todo estaba dispuesto para la salida de los actores principales a escena, el director de la obra apartaba a los secundarios detrás de las bambalinas con el grito: "Segundos, afuera". Pero el tiempo y sobre todo el trabajo de miles de actores secundarios se encargaron de demostrar que, con los "segundos afuera", las historias, las del teatro, el cine y la televisión, nunca hubieran existido.





