Bailar el tango desde el alma, y con amor
Nicole y Ricardo se conocieron en el hotel Victoria de Buenos Aires el mismo día en que llegaban a la Argentina. Ella venía de Düsseldorf; él, de Rotterdam. Ella era profesional en diseño gráfico; él, arquitecto y empleado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Ambos viajaban con idéntico propósito: aprender a bailar el tango. Corría el año 1989.
La historia de este encuentro amoroso alrededor de la música de la ciudad de Buenos Aires está contada en detalle por Nicole en "Tango, un baile bien porteño", libro que acaba de publicar la editorial Corregidor.
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Con un castellano aceptable, traducción del original alemán "Tango-Dimensionen, 1999", Nicole va repasando, con minuciosidad de estudiosa del tema, su experiencia porteña.
Podrían haber resultado estas páginas apenas el curioso anecdotario de una chica alemana sobre su paso bailarín por este rincón del mundo. Pudo haber sido la suya una mirada a vuelo de pájaro sobre la danza que hoy baila todo el mundo, y contribuir así a la saga de barbaridades que se repiten con la más absoluta impunidad.
Pero no. Nicole y Ricardo no venían aquí para aprender unos cuantos pasos de tango en cualquier academia porteña, y sumarse luego a los miles de bailarines que lo desfiguran, estropean y banalizan alegremente. "Quise conocer el tango en profundidad", empieza diciendo en su libro. Concurrió a bailes; vio espectáculos, tomó clases con Antonio Todaro. Pero eso no bastaba. Nicole y Ricardo trataban de descubrir el secreto. Observaron la vida de Buenos Aires a su alrededor; los gestos y costumbres de hombres y mujeres, su postura corporal, su modo de expresarse. Buscaban desentrañar y entender la historia argentina; lo que sentía el pueblo cuando nació el género."Descubrí que sólo podría bailar el tango en toda su intensidad si aprendía a vivirlo."
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El libro de Nicole está lleno de reflexiones en torno de ese aprendizaje, de esa mimetización con el universo tanguero de antes y de hoy.
Una aproximación radiográfica de la Argentina y los argentinos desde la perspectiva de una artista alemana fue el modo de encontrar las raíces del tango para expresarlo con el cuerpo y el alma. Nicole y Ricardo han dado fe de todo ese bagaje a través del baile.
El suyo es un ejemplo permanente para propios y extraños. Y se hace patente cuando Buenos Aires se prepara para un nuevo festival de su música dedicado ahora especialmente al baile. El libro es otro fruto del amor.





