
Barbera: vigencia y legado de un creador
"Todo lo que necesitábamos era un gato y un ratón. A partir de allí, cualquiera podría imaginar lo que iba a pasar", dijo en 1993 Joseph Barbera al explicar con pocas y sencillas palabras el secreto del longevo y monumental éxito de las producciones animadas que llevó adelante durante más de medio siglo con su socio William Hanna.
Barbera falleció anteayer, a los 95 años, en su residencia de Studio City (Los Angeles), pero aquella alianza sellada en el final de cada uno de innumerables dibujos animados que firmaron juntos quedará como testimonio permanente de un estilo que siempre confió en las líneas más simples y claras para llegar sin vueltas a la mayor cantidad posible de destinatarios.
Esta circunstancia explica que las creaciones de Hanna y Barbera hayan sido vistas hasta ahora en más de 80 países. Y que, por ejemplo, los entrañables Picapiedras se convirtieran en la primera serie animada en ocupar un lugar en el horario central de la televisión norteamericana.
Si Tom y Jerry , el primer gran éxito que llevaron adelante juntos, representa como ejemplo inmejorable la aplicación de la máxima de Barbera expuesta al principio de estas líneas, Los Picapiedras completan la fórmula aplicada por quien acaba de fallecer (junto a su inseparable aliado Hanna, muerto en 2001) con resultados envidiables. "Pedro y Pablo nacieron de la idea más básica que existe en toda comedia, la del gordo y el flaco", confesó Barbera una vez.
Y si el juego del gato y del ratón, a partir de Tom y Jerry , configuró desde el vamos la inmensa mayoría de la producción de los cortos animados de tinte tradicional (así lo acreditan las andanzas de Huckleberry Hound , el Lagarto Juancho , Magilla Gorila y muchísimos otros, presentes hasta hoy en las madrugadas de la señal Boomerang), el modelo Picapiedras llevó con ellos más lejos que nadie el modelo de comedias de situación animadas hasta la llegada de Los Simpson , que bien podrían considerarse sus mejores herederos: unos y otros supieron expresar en sus respectivos tiempos desde la sólo aparente ingenuidad de los cuadros animados vivencias y estados de ánimo de la sociedad norteamericana.
En esta materia, Barbera y Hanna fueron también verdaderos innovadores. A partir de Los Picapiedras arriesgaron al ampliar la duración clásica de un corto animado (unos tres minutos) y adaptarlas al formato de media hora propio de una sitcom . Así lo demuestran las correrías de Don Gato y su pandilla o Los Supersónicos (dos verdaderos hallazgos) y la vigencia posterior de Scooby Doo , el último gran éxito de la pareja, con 27 años ininterrumpidos en la TV norteamericana y dos películas.
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Entre uno y otro aparecen otros personajes que bien podrían representar ambas miradas. Al Oso Yogui y al inefable Tiro Loco McGraw les caben ambas definiciones, además de exhibir el trazo claro, la mirada ingenua y la búsqueda de efecto inmediato que siempre caracterizó a Hanna-Barbera.
Sólo se animaron a alguna complejidad, pero sin perder en el fondo la esencia y la identidad, cuando en la década de 1960 llevaron adelante una serie de producciones animadas retrofuturistas de corte fantástico y con aires de ciencia ficción que también quedaron en el recuerdo: Birdman , Los Cuatro Fantásticos, el genio Shazam y otros continuadores del valeroso Jonny Quest .
Y aunque no hayan alcanzado el ingenio y vuelo cómico de los dibujos de la Warner o la identificación directa con los chicos lograda por personajes de Disney, las creaciones de Hanna y Barbera tienen el valor de la claridad, de la precisión y de la transparencia. "Nuestras historias hablan de situaciones cotidianas y contrastan con muchas series animadas que hablan sólo de destrucción y violencia", dijo Barbera en una ocasión. Conviene tenerlo muy en cuenta.
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