Berkoff, un villano en Buenos Aires
Unipersonal: el actor, director y dramaturgo de origen inglés presentará hoy y mañana "Los villanos de Shakespeare".
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Hasta ahora sólo se lo conocía por sus obras, con los estrenos de "Decadencia", "Kvetch" y "A la griega", pero Steven Berkoff, el polifacético inglés hijo de padres rusos, ya está en Buenos Aires para poner en escena, hoy y mañana, en el Teatro Presidente Alvear, su "Skakespeare´s villains (A master class in evil)" (Los villanos de Shakespeare. Una clase magistral en el infierno).
Sólo sobre el escenario, el niño terrible de la almidonada Inglaterra irá mutando en cada uno de esos personajes shakespearianos dominados por el mal. Hombres y mujeres se adueñarán de su cuerpo y de su voz, y así será posible descubrir al Berkoff actor, lejos de la pantalla del cine de acción.
Una visita oportuna
El año último, cuando Argentores le otorgó un premio como autor, Berkoff pisó suelo porteño por primera vez. En aquella oportunidad, al ser entrevistado por La Nación , aclaró que este espectáculo respondía a su necesidad de interpretar a las criaturas de Shakespeare que más lo seducen.
"Movilizar una compañía entera para poner en escena un Shakespeare es muy costoso y, además, una tarea que requiere de otros tiempos de preparación. En "Shakespeare´s villains" me doy el gusto de hacer lo que tengo ganas de hacer, sin ninguna de las complicaciones que significa convocar a un elenco completo." De hecho, este actor, autor y director ya ha paseado su unipersonal por varios países del mundo.
Yago, Ricardo III, Macbeth, Lady Macbeth, Garrick, Shylock, Hamlet y hasta Oberón, el rey del mundo de las hadas de "Sueño de una noche de verano" serán invocados por Steven Berkoff a esta cita a solas sobre un escenario despojado, para recrearlos sólo a fuerza de actuación, sin ningún artilugio. Como un alquimista, el actor manipulará la materia de Shakespeare y la transmutará desde su provocadora apreciación personal.
Cabe aclarar que el espectáculo no tendrá subtítulos. Al margen de esa consideración práctica, perderse esta oportunidad podría ser catalogado de pecado capital.
No en vano, en su momento le dijo a La Nación : "Hay que ser rebelde hasta que a uno le llegue el momento de la muerte. Es la gente rebelde la que empuja el mundo al desarrollo de otro tipo de intereses que los de la mayoría".
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