
Bestiario
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Silvia Caride mira la expresión del gato Calaf (en la foto de más arriba) e imagina un monólogo interior: "Miren lo lindo que soy. En mis ojos se refleja el paisaje circundante. Soy grandioso, ¿no?" A Luiggi (más abajo) no pretende adivinarle el pensamiento. Sólo dice de él que es un gato faldero y amigable: "Le decimos Luchín. Es la alegría de mi familia menuda".(Fotos 1 y 2)
Emanuel Contelli tiene suerte: es testigo fiel de la amistad entre un gato y una paloma. Carmelo , el gato, fue encontrado cerca del cementerio de la ciudad de Rufino, Santa Fe. "Mi hermana Vanina no dudó en adoptarlo, mientras yo criaba un lindo pichón de paloma mensajera llamado Pipi ", cuenta. A través de los meses, Carmelo y Pipi forjaron una improbable, pero tierna amistad. "Lo curioso de esta extraña relación es que comparten su comida sin molestarse", dice. Admirable.(Foto 3)
El labrador chocolate del dibujo se llama Simba : "Quiere decir león en africano ", explica la autora, Salomé Bálsamo, de 8 años. Bálsamo es fan de la película El Rey León , la vio mil veces y por eso bautizó a este cachorrón como el protagonista de la película de Disney. "Se le parece en el hocico, en las patas gordas y en el pelo suavecito", dice convencida de su Simba perruno.(Foto 4)
"Es el perro más lindo. Su nombre es Churrasco -dice Magui Ferrari, pronta a casarse-. Estamos practicando para que Churrasco lleve los anillos al altar." Una seña particular: su palabra preferida es pecherita , que es su correa. El que la pronuncie, obligadamente tendrá que sacarlo a pasear, dado el estado en que se pone.(Foto 5)
Final feliz
Cielo tiritaba en el bulevar Cerviño una tarde de lluvia de 2007, cuando la encontró la proteccionista Mariela Orquín y empezó la campaña para encontrarle hogar. Mandó su foto a Bestiario y Tatiana Schneider tuvo con ella “un encuentro feliz”, según explica. “Cielo viajó a disgusto en el auto y, a pesar de los brazos y las caricias, entró refunfuñando en casa. Conquistó terreno propio: balcón, jardín y nuestros corazones.” Cielo se convirtió en Cielito, Michi, Gatamich, Mitze, Minina, Mitschu-Mitschu, Michigata, Cielomich… “Cuando María Luisa amasa se estira sobre sus patas traseras y trata de alcanzar la mesada para indicar aquí estoy y quiero algo. Recibe un bollito de masa y con él juega largo tiempo, hasta que queda pegado en algún zócalo y hay que socorrerla. Lo remodelamos a mano y ella, la Mitzigatapastelera, vuelva a empezar sus correrías”, escribe Schneider, con Cielo acomodada sobre su escritorio. (Fotos 6 y 7)




