
Bestiario
Un benteveo sin jaula con amigos humanos y caninos / La paz tiene cara de gato / Mejor que ir a la veterinaria, dormir, comer y jugar / Final feliz y familia nueva para una historia complicada
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"Pajarracus es un benteveo que criamos desde pichón, sin jaula. Ya vuela libre y adulto por los cielos de Acassuso. Nuestra perra Mora no entendía mucho, pero respetó su presencia, aunque cuando le picoteaba la nariz debe de haberse planteado si comía un bocadillo", comenta Francisco E. Cavallero. Por suerte Mora no agregó benteveos a su dieta.
Las gatas Isis y Mau parecen criadas entre algodones, pero tuvieron un pasado difícil. "A Isis la compramos y la pobre estaba enferma. Ni pensamos en devolverla y aunque nos costó muchas lágrimas, tiempo, horas de sueño y bastante dinero recuperarla, hoy está divina", cuenta Ana Obregón. Otra historia es la de Mau, que fue rescatada en la calle de las fauces de dos perros que se la querían comer. "La adoptamos para que le hiciera compañía a Isis, y finalmente nos acompaña más a nosotros. Es cariñosa, dulce y obediente", dice. "Son mi debilidad y mi paz", concluye.
Así de imponente como se lo ve, Oliver tiembla como una hoja cuando tiene que ir a la veterinaria. "Es lo que más odia en el mundo y se quiere escapar cuando entra al consultorio", dice Sabrina Florencia Valerdi. A este dogo de Burdeos de cuatro años, en cambio, le encanta dormir, comer y jugar.
FINAL FELIZ
Nemo estaba acurrucado en la calle, enfermo de tanto frío y hambre. Alguien lo rescató para llevarlo a una pensión canina, y allí, después de un tiempo, se quedó sin su amigo de jaula. Laura Furman mandó a Bestiario su historia en busca de una familia para él, y el diario cayó en manos de Andrea Guestrin, que nos cuenta: "Haciendo tiempo en un bar me encontré con la foto de Nemo. No estaba en mis planes, ya tenemos una perra, Kika, de 14 años. Pero lo vi y no tuve dudas, quería darle un hogar. A los dos días lo fuimos a buscar. Lo vi tan alegre y tan desconcertado a la vez. Hace ya unos días que está con nosotros y trajo mucha alegría. No se despega de mi lado y le encantan las caricias. Lo saco a pasear con Kika y va imitando todo. Cuando estamos por llegar a casa se desespera por entrar. Le cambiamos el nombre. Ahora se llama Victorio. Con Pedro y Guido, parece un chico más".
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