
Bestiario
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No hace falta explicar por qué Orejas se llama así. “Cuando vino de la calle, en una caja, se ganó el mejor lugar en casa”, reconoce Pilar Ortiz, que la consiente con peluches de todo tipo.
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Cuesta distinguir a Domi de sus dobles de peluche. Nació en Chile y vive con Yullia, una labradora negra. Juegan todo el día y jamás hubo heridos, pese a la diferencia de peso: Yullia pasea 30 kilos; Domi, dos y medio. También hay oposición de temperamentos: “Domi la molesta mucho, le muerde las patas y no la deja caminar, come de su comida y ella siempre lo soporta sin quejarse. El que sí se enoja es Domi, entonces le recuerda quién manda, y después se amigan”, indica Isabel Caserta.
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“Vita tiene cuatro años y le encanta dormir. Una vez vio una vaca y ladró. Fue la única vez que la vi ladrar”, dice perpleja Sofía Canosa, de 12 años... autora de este particular retrato de Vita.
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La boxer Uma tiene casi tres años. Es extremadamente juguetona, y entre los deportes prefiere el fútbol. “Cuando hay chicos en la plaza, siempre les roba la pelota. Obviamente tengo que intervenir, porque si no empieza a morder la pelota y puede romperla. Los chicos no saben qué hacer porque la ven tan entusiasmada que no se animan a echarla. Es muy cariñosa y, sobre todo, bastante posesiva”, analiza Eugenia Pabon Ezpeleta, que comparte su cama con Uma, si es que Uma la deja.
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“No sólo los perros son los mejores amigos del hombre”, dice Delfina Montagna Hughes, mirando a Roco y Bartolo, dos gatos inseparables, y a la vez sus mejores amigos. “Roco, el más negrito, tiene ternura e inteligencia. Es capaz de darse cuenta de cuando alguien está mal, y trata de hacer algo para aliviarlo”, se enternece Hughes.
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Sorpresa en la bolsa: la siamesa Lucía, de tres años, curiosa como toda buena gata. Le gusta meterse en cajas, bolsas, bolsos, quedarse largo rato arriba de la biblioteca o debajo de un paraguas abierto, y usar gorras. “No resiste la tentación de comer yogur, y le gusta estirarse en su sillón favorito y acompañarme en mis tareas frente a la computadora”, enumera Alba Menéndez, de Rosario.
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Zeta tiene siete meses, y la semana última estaba hecha un bollo, en la calle. No se podía mover porque tenía un golpe importante en una pata y estaba muerta de miedo. Zeta es de tamaño pinscher, con orejas talle ovejero alemán. Esterilizada, desparasitada, vacunada y limpia, ahora espera envuelta para regalo en un pensionado en el que la proteccionista Marina Macome la puso hasta encontrarle hogar. “Se nota que fue maltratada porque tiene miedo de todo, pero cuando entra en confianza es muy cariñosa y tranquila. No debe pesar más de seis kilos y el veterinario dice que va a quedar bastante chiquita. Es un amor”, dice Macome.





