
Betty Carter, militante del jazz
La gran cantante, fallecida la semana última, tiene muchos discos indispensables
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Primero le tocó a Billie Holliday. Luego, a Sarah Vaughan. Más tarde, a Dinah Washington. Siguió Carmen McRae. La última, hasta hace dos sábados, había sido Ella Fitzgerald.
Betty Carter, que murió a los 69 años, era una de las últimas grandes cantantes y su trágica partida deja otro enorme casillero vacío en el tablero del jazz contemporáneo, justo en ese lugar que ocupan las grandes voces de este siglo.
Era un símbolo, un estandarte. No sólo por su voz, una de las más personales e influyentes de su generación, sino porque fue una verdadera militante en la defensa de la pureza del jazz y de su raza: el establishment musical nunca le perdonó su cerrada reivindicación del género interpretado por negros y, consecuentemente, su permanente crítica a los músicos blancos, "esos que se apropian de lo que nos pertenece, queridos hermanos", como dijo en un virtual discurso de barricada, tras un plácido concierto neoyorquino, en 1977.
Tenía un poco de todas sus colegas, pero mucho de ninguna. Para algunos críticos era el equivalente vocal del saxofonista John Coltrane en el terreno instrumental. Quizá sea una exageración. Pero es cierto que su preocupación por la improvisación, por cantar sobre el filo de la cornisa de sus cuerdas vocales, por cambiar abruptamente las frases y los tempos, por jugar con las canciones como si fueran de arcilla, la ubican entre los exponentes más renovadores del jazz cantado.
Una chica llamada Lillie
Nació como Lillie Mae Jones el 16 de mayo de 1930, en Flint, Michigan. Estudió piano en Detroit al mismo tiempo que lo interpretaba, como podía, en la escuela y en la iglesia. Su bautismo de fuego se produjo en 1948, cuando ingresó en la orquesta de Lionel Hampton. Pero, inquieta como pocas, tres años después peregrinaba en los clubes solamente para sacarse el gusto de cantar; así llegó a compartir espontáneamente actuaciones con el quinteto de Charlie Parker, John Coltrane y con Dizzy Gillespie, que a su nombre artístico,Betty Carter, le agregó un apodo apropiado: "Bebop".
Su debut discográfico llegó en 1955, en un álbum que grabó con el pianista Ray Bryant, uno de sus acompañantes favoritos desde entonces. Pero nunca descuidó las incursiones en los clubes, donde conoció el agrio sabor de la discriminación y se cimentó su militancia por la causa negra, en uno de los cuales _el célebre Apollo_ acompañó al ascendente Ray Charles, al lado del que se consagró en sendos discos que aparecieron en 1960 y en 1961: "The Modern Sounds of Betty Carter" y "Ray Charles y Betty Carter".
Desde entonces, su carrera no se detuvo. Acompañó al saxofonista Sonny Rollins en una gira por Japón, participó en varios importantes festivales y cantó con la plana mayor del jazz de la época. Lillie-Betty-Bebop, por fin, lo había logrado.
Con sello propio
Fue una artista completa. No sólo porque a su garganta le añadió habilidad para tocar el piano y para componer, sino también porque se animó a seguir un camino propio. En los años setenta fundó su sello discográfico, Bet-Car. En los ochenta confirmó que su buen gusto no se limitaba al canto: siguió rodeándose de jóvenes músicos y estructurando una especie de semillero jazzero, de donde ya habían surgido talentos como los pianistas John Hicks; Mulgrew Miller y Danny Mixon; los contrabajistas Clint Houston y Curtis Lundy, y los bateristas Kenny Washington y Lewis Nash.
Cuando en 1988 finalmente firma un contrato con el prestigioso sello discográfico Verve, su fama pareció recuperar lo que el paso de los años y el auge de algunas voces de moda, pero demasiado efímeras, le habían quitado injustamente.
En los años noventa, ya sexagenaria, fue la más joven de las cantantes veteranas. Su álbum "Feed The Fire", de 1994, en el que está acompañada por la pianista Geri Allen, el contrabajista Dave Holland y el baterista Jack DeJohnette, simbolizó otro renacimiento: allí suena enérgica, siempre hábil para el scat (la imitacion de un instrumento con la voz, por medio de onomatopeyas) y, como siempre, dispuesta a no rendirse.
Su voz cascada, áspera, susurrante, nasal, hizo escuela. Quedan todavía, y por suerte, colegas suyas como Abbey Lincoln y Shirley Horn, más activas que nunca y con una capacidad intacta para conmover y sorprender. Y nuevas figuras como Dee Dee Bridgewater, Vanessa Rubin, Nnenna Freelon, Diana Krall y Cassandra Wilson, influida por esa misma Betty Carter que se acaba de despedir, pero que nunca se terminará de ir.
"Creo que el jazz tiene larga vida. Las nuevas generaciones se siguen mirando en espejos que tienen muchos años, pero también emiten reflejos distintos, renovadores, capaces de cambiar el curso de la música."
Cuando Betty Carter hizo estas declaraciones, hace apenas dos años, acababa de grabar su último álbum, que se transformó en un legado de militante coherencia. Como su voz, su vida y su música.
Tres perlas de una carrera abundante
De su abundante discografía, existen tres discos que se convierten en indispensables.
En primer término, el mencionado "Feed the Fire", con Allen, Holland y DeJohnette, grabado en vivo el 30 de octubre de 1993 en el Royal Festival Hall, en Londres. Allí hay múltiples demostraciones de su habilidad vocal y de su capacidad para la experimentación: apenas basta escuchar el clásico "All or Nothing at All", de Lawrence y Altman, solamente acompañada por el contrabajo de Holland, para ingresar en su mundo.
Con Carmen
Otra joya es el disco "Duets", de 1996, que rescata un concierto grabado en el Great American Music Hall, de San Francisco, junto con su excelsa colega Carmen McRae, que se convierte en un logrado recorrido vocal por standards, acompañadas por un trío integrado por Eric Gunnison en piano, Jim Hughart en contrabajo y Winard Harper en batería.
Su último disco, "I´m Yours, You´re Mine", también es brillante. Allí desfilan canciones propias, de Kurt Weill ("Lonely House" y "September Song") y de Antonio Carlos Jobim ("Useless Landscape"), con músicos jóvenes de enorme talento, como los contrabajistas Curtis Lundy y Matt Hughes, el pianista Xavier Davis, el saxofonista Mark Shim, el trombonista Andre Hayward y el baterista Gregory Hutchinson.




