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Eterno caudillo de la autogestión, Diego Billordo suele encarar vastas giras por todo el país utilizando redes sociales casi como único soporte de difusión. Así fue como gestó para Eleven Palace Hotel una suerte de federalismo indie: cada canción está grabada en una ciudad distinta, ya sea en Bariloche, Villa María o La Plata. Si A full: hagamos de esto una leyenda (2007) buscaba separarlo de la etiqueta "alternativa" al abrir el juego a otros estilos y texturas, su cuarto disco lo lleva a deshacer sus propios pasos y a encarar con radicalidad todo lo heredado de Sonic Youth, Pixies y el noise estadounidense en general. Como si fuera un manifiesto lo-fi, Billordo esquiva las sutilezas y juega con disonancias y distorsiones saturadas como recurso estético; y en "Mi do" lleva las cosas al extremo, con veinte minutos sostenidos por dos notas debajo y acoples de guitarra en los que repasa los días del under de los 90 para afirmar: "Todo ha cambiado, pero yo no", a modo de declaración de principios.
Por Joaquin Vismara





