
Billy Boyd: "Es un lujo ser recordado por El señor de los anillos"
El actor que interpretó al hobbit Peregrin "Pippin" Took en la trilogía El señor de los anillos participó de Argentina Comic-Con
1 minuto de lectura'

Billy Boyd lo sabe. Tiene muy en claro que, a pesar de haber actuado con nombres como Peter Weir, o junto con íconos pop como Chucky, el muñeco diabólico, su nombre estará vinculado con la trilogía de El señor de los anillos. En aquella trilogía con la que Peter Jackson -basado en J. R. R. Tolkien- refundó el film enorme de Hollywood, y en donde Boyd encarnaba al hobbit Peregrin "Pippin" Took. Boyd no sólo tiene a los fans de Argentina Comic-Con ( fue uno de los invitados de lujo junto con Robert Englund) que le recuerdan su rol sino que el director, actor y músico tiene un tatuaje en élfico. Y claro, un vínculo permanente con los egresados de la primera aventura de Jackson, pandilla entre la que se encuentra Elijah Wood y, claro, Viggo Mortensen. "No podés conocer a Viggo e ignorar su fascinación con la Argentina, su amor. En estos días me voy a comprar la camiseta con rayas, la de San Lorenzo, y me voy a sacar una foto tomando mate. Siempre tomaba mate Viggo en el set de El señor de los anillos."
-¿Qué cambió en Hollywood con El señor de los anillos?
-Significó mucho para Hollywood, pero más allá que para la fantasía como género. Desde un primer instante Peter Jackson se enamoró del material y nos dijo: "No debería sentirse como una fantasía, debería sentirse como una historia antes que nada". Ninguno de los personajes fue creado como algo fantástico. Hasta ese momento muchas de las películas con este imaginario apelaban más exageradamente a lo superficial del género, como que les faltaba una base, algo. Nosotros la actuamos como si fueran personajes de Shakespeare, aunque fuéramos hobbits. Quiero decir: no subestimamos nada. Cuando alguien se moría no era género, era como si muriera un personaje y te dolía por su humanidad.
-En un punto, la trilogía fue la llave de entrada en este mundo de franquicias. Pero había ahí un corazón y libertad que costó, y cuesta, sentir en otros films gigantes de Hollywood. ¿Por qué creés que pasó eso?
-En parte por la diversión que tuvimos. Eso se refleja. Incluso ganando un Oscar a Mejor Película vas a ver que ninguno de los actores de El señor de los anillos tuvo una nominación como Mejor Actor. Mirá el trabajo que hizo Viggo Mortensen, o Sean Astin, o Ian McKellen. Actuaciones impresionantes. Pero ahí se muestra la línea que hay para con este tipo de cine. Viggo dijo algo al respecto que creo lo ilustra de punta a punta: no hay un protagonista claro en estos films, y eso deja en evidencia que realmente somos una hermandad del anillo. Nos ayudamos mucho y contuvimos mucho.
-Pippin es el personaje por el que más se te conoce, pero tenés un carrera en Hollywood. ¿A veces es difícil cuando un personaje tiene tanto peso en el imaginario pop y se lo asocia inmediatamente con él?
-No, nunca. Por suerte el rol no llegó al principio de mi carrera. Ya había hecho muchas cosas antes. Conozco a muchos actores muy buenos, talentosos de verdad, que nunca pudieron trabajar o que apenas trabajan de esto. Ya eso sólo te pone todo en perspectiva. Ser recordado por algo que tiene que ver con tu trabajo es increíble. Ser recordado por algo tan grande y genial como fue El señor de los anillos, en lo que creí y creí en el trabajo, hace imposible que uno pueda sentirse enojado. Ser actor, no sentir ni una onza de vergüenza por ese film y ser recordado por él es un lujo.
-¿Qué pasa cuando sos parte de algo tan grande como, por ejemplo, La guerra de las galaxias y, de repente, te encontrás sosteniendo un muñeco articulado que tiene tu rostro?
-Es raro ¿no? Era difícil de imaginar esa reacción, no tanto por el tamaño del film, sino por cómo se filmó. No fue ni en Los Ángeles ni en Londres. Fue en Nueva Zelanda, entonces, no había agentes, personas del estudio o abogados. Nadie. Fui a trabajar todos los días, a trabajar duro, pero no había ideas concretas en nosotros sobre cómo sería la película. Pero cuando fuimos a París al preestreno y había 200 mil personas,o a Berlín, o a Japón, nos sentimos los Beatles por un par de meses ¿sabés? Fue raro. Ahí aparecen los juguetes, por ejemplo. Es más, tengo una historia linda al respecto: mi abuela tenía 100 años por ese entonces y nunca llegó a ver las películas... ¡pero llegó a ver los muñecos! Recuerdo llevárselos y decirle que había hecho un muñeco basado en mí. Y ella sonriendo.
-¿Cómo te definirías como actor después de un rol así?
-A veces es complicado. Pero no hay duda: es un empujón en tu carrera. Los directores jóvenes te conocen, quieren trabajar con vos, tu nombre es más famoso. Lo que lo hace un poco difícil es que, en mi caso, salté al teatro y la gente te dice cosas como que esa no era una gran decisión. Es difícil. La vida de cualquiera se pone más difícil cuando envejece. Pero no tengo duda de que he conseguido más trabajos de los que me imagino por estos films y difícilmente haya perdido alguno por que alguien dijo: "No, no, él era un hobbit". Los directores inteligentes intentan aprovechar eso y usarlo a su favor, traicionando expectativas. Eso me gusta.
-Habiendo sido parte de una película tan grande, hoy que Hollywood estrena películas gigantes bimestralmente, ¿las sentís un poco sin alma?
-Está mal que lo diga, porque esas películas implican el trabajo de mucha gente. No quiero meterme con eso y sé qué difícil es filmar cualquier cosa. Dicho esto, siento que están un poco infladas, como abultadas, y no hay tanto trabajo en los personajes y en el guión sino en planes a futuro. No conozco a nadie que vaya a ver estas películas y diga: "Me gustaría que fuera más larga". Es más, todos piensan que duró media hora de más. Nuestras películas duraban tres horas y la gente las quería ver así. Eso tiene que ver con los personajes. Y eso se trabajó mucho. No hubo un día en el set donde no se tocara el guión. Siempre veía a Pete cambiando cosas. Aquí hay mucha gente involucrada, a veces demasiada.
-Hoy sería difícil filmar como lo hicieron en El señor de los anillos?
-Sí, claro que sí. En ese momento no había abogados diciendo que podíamos y que no podíamos hacer. Sería difícil.
-¿Qué pasa con el Silmarillion? ¿Se hace o no?
-Estuve con Pete al final de El hobbit, la segunda trilogía, porque hice la cancióndel film, "The Last Goodye", así que estaba justo en los últimos días. En ese momento parecía que ya estaba, que ya no había más para él allí. Pero, nobleza obliga, lo mismo sucedió al final de El señor de los anillos. Quizás en un par de años vuelva a Nueva Zelanda a filmar... es tan lindo allí que es difícil no querer contar más historias.






