Está sentado en una oscuridad casi total, hablando del final de ciertas cosas.
1 minuto de lectura'
Está sentado en una oscuridad casi total, hablando del final de ciertas cosas. Una de ellas es su interés en escribir canciones pop. La otra es su banda, los Smashing Pumpkins.
–He llevado la composición de temas pop tan lejos como pude –declara el cantante y guitarrista. Señala una copia del nuevo
Album del grupo, Machina: The Machines of God, que está sobre la mesa. Y agrega–: Este es el final del camino.
Corgan, que cumplió 33 años en marzo, está vestido de negro de pies a cabeza: polera, botas, y pantalones que tienen una larga solapa que sale de la cintura y les dan un aspecto de sari. La única luz de la habitación –un loft vacío en un depósito del lado oeste de Chicago, la ciudad natal de Corgan– proviene de una vela titilante y de un débil sol de invierno que entra por la ventana y se está ocultando rápidamente. Pero es suficiente como para iluminar la sonrisa que se dibuja en la pálida y redonda cara de Corgan.
–Eso es bien típico de mí –dice, riendo–. Cuando salió nuestro primer álbum, Gish, buena parte de la prensa dijo que yo no podía escribir un tema pop. Eso lo tomé como un gran insulto y me dije: "Bueno, voy a escribir temas pop". Así fue como me transformé en el mejor compositor de pop alternativo de mi generación.
En la voz de Corgan hay un dejo de burla a sí mismo; lo suficiente como para asegurarte que, al menos en parte, está siendo irónico. Pero Billy tiene melodías como para respaldar su alarde: "Today", "Disarm", "Bullet With Butterfly Wings", "1979", por nombrar un puñado. Los números también están de su lado: los álbumes Siamese Dream, de 1993, y el set doble de 1995, Mellon Collie and the Infinite Sadness, vendieron entre ambos 8,8 millones de copias. Incluso el solemne Adore, de 1998, que significó una relativa decepción comercial, ya es disco de platino. "Pero no tengo nada más que decir en el idioma del pop", sostiene Corgan. "No sé adónde más ir con el pop."
Para ser una pared de ladrillos, Machina es un banquete de caramelos de hard-rock: el distorsionado ladrido de las guitarras de Corgan y James Iha en "The Everlasting Gaze" y "Age of Innocence"; los coros agudos y la arrolladora batería de Jimmy Chamberlin en "Stand Inside Your Love" y "Wound". También hay art-rock, como prueba el tema épico de diez minutos "Glass and the Ghost Children", y concepto narrativo. En Machina, Corgan elabora un intrincado discurso sobre, entre otras cosas, la fe, la necesidad, la resurrección y los poderes alquímicos del rock & roll. Imagínense The Wall, de Pink Floyd, reconstruido con la trajinada imagen del grunge: más pesada, más punk, centrada en sí misma, pero sin autoconmiseración.
Corgan sacude su calva cabeza con auténtica indecisión cuando se le pregunta si éste, su último álbum pop, marcará también el sayonara de los Smashing Pumpkins.
–No lo tengo decidido –admite–. Estoy plenamente convencido de que las bandas de hoy no sirven para más de tres discos. Deberíamos haber parado después de Mellon Collie, pero no paramos. Así que volvimos para vengarnos –dice, con regocijo malévolo–. Bueno, ahora estamos enojados, así que vamos a ponernos duros: "Sí, debíamos habernos separado, ustedes querían que nos separáramos, pero no lo hicimos. Ahora vamos a hacer que paguen por eso".
Las emociones mezcladas de Corgan reflejan el huracán que fue la vida de los Pumpkins durante los pasados quince meses: un perdón, una gira y un alegre trabajo en el estudio; una pérdida crucial, un nuevo miembro y una desagradable disputa de negocios.
Todo comenzó el 2 de noviembre de 1998, durante un almuerzo en el hotel Mondrian de Los Angeles; entonces Corgan y Chamberlin hablaron cara a cara por primera vez desde julio de 1996. Dos años antes Corgan había despedido a su baterista debido a su crónico abuso de drogas y a la parte que jugó Chamberlin en la sobredosis accidental que mató a Jonathan Melvoin, el tecladista que el grupo utilizaba en sus giras. Según Chamberlin, en esa reunión Corgan fue derecho al grano.
–Me dijo: "Cuando grabemos el nuevo disco", y fue como... –aquí Chamberlin golpea sus manos con fuerza– … porque hacía mucho que no escuchaba esas palabras. Fue como cuando alguien dice: «¿Querés casarte conmigo?".
El siguiente enero, Corgan, Iha, Chamberlin y la bajista D’Arcy ensayaron juntos por primera vez desde la expulsión del baterista.
–Hicimos una de esas típicas zapadas que uno hace el primer día de ensayo –recuerda Iha–. Nos miramos como diciendo: "Sí, éste era el sonido que solíamos tener".
En abril de 1999, el grupo celebró en público el retorno de Chamberlin con una gira triunfal de bajo perfil y luego comenzaron a trabajar en Machina. Grabaron cerca de cuarenta canciones nuevas de Corgan, de las cuales quince integrarían la placa.
–El regreso de Jimmy le dio a Billy el enfoque que necesitaba para el nuevo disco –dice Flood, quien coprodujo Machina junto a Corgan después de haber trabajado, también, en Adore y Mellon Collie–. Ese enfoque fue hacer un disco que recordara a los primeros Pumpkins, tanto en la intención como en la emoción. Alguien me describió el álbum como un disco de grandes éxitos de los Pumpkins… sin tener ninguno de sus grandes éxitos.
La euforia por el regreso de Chamberlin no duró mucho. En septiembre de 1999, D’Arcy –a quien Corgan alguna vez llamó "la persona con más raíces dentro de la banda"– renunció, después de diez años con el grupo. La bajista, de 31 años, no hizo ningún comentario en público. Un seco informe de prensa de los Pumpkins simplemente confirmó su partida y prometió que la banda saldría de gira para presentar el nuevo disco.
[La policía de Chicago informó que D’Arcy Wretzky fue arrestada en esa ciudad el 25 de enero pasado, por tenencia de droga; encontraron crack en su auto, que era conducido por un amigo. A través de su abogado, D’Arcy declinó hacer cualquier comentario oficial, pero al salir del juzgado declaró a los periodistas que era inocente. Al no tener antecedentes, fue sentenciada a asistir a clases de prevención de la drogadicción durante cuatro sábados; si para el 19 de mayo ha completado el curso, se retirarán los cargos en su contra. Al cierre de esta edición, la banda no había hecho ninguna declaración al respecto.]
A toda velocidad, Corgan reclutó a Melissa Auf der Maur, una vieja amiga y fan de los Pumpkins, que acababa de dejar a su anterior banda: Hole. Más tarde, el 11 de enero de este año, justo cuando los Pumpkins comenzaban su gira europea para promover Machina, la nueva manager del grupo, Sharon Osbourne, renunció abruptamente tras apenas cuatro meses en el puesto. Sharon atribuyó su decisión a motivos de salud: "Billy Corgan me estaba enfermando", dijo.
–Billy Corgan no necesita un manager, él es su propio manager –explicó Osbourne, esposa y también manager de Ozzy Osbourne, al día siguien- te–. No había razón para que yo siguiera allí: Billy es incapaz de aceptar comentarios de otros, especialmente en el plano creativo.
Cuando nos pusimos en contacto a Corgan en Europa, el cantante declinó responder a esas acusaciones.
Pero ahora, de regreso en Chicago y sentado en la oscuridad, Corgan reflexiona acerca del ajetreado nacimiento de Machina y dice, riendo: "No hay finales felices en nuestro mundo. El héroe siempre muere al final de nuestras películas".
–Debe ser una cuestión de genes – sugiere–. Nos hemos desintegrado ¿cuántas veces? Tres... cuatro... Y seguimos vivos. Como las cucarachas. –Y agrega–: Hay algo peligroso acerca de nosotros que me atrae, en el plano personal.
–Es cierto, somos una banda dramática –afirma Iha–. Hay un cierto filo en las cosas que hacemos, en las cosas que dice Billy... Además, nos estamos volviendo más viejos –Iha celebró también su cumpleaños en marzo; su número 32– y es mucho más complicado hacer un disco, por todo lo que rodea a una banda de rock grande. Pero una vez que empezamos a tocar, se pone lindo… Básicamente –concluye– no hay motivos para detenernos.
–Es como vivir con un fantasma –dice Chamberlin, de 35 años, acerca del karma dark de los Pumpkins–. Al principio podés asustarte o pensar que tu vida es un desastre, pero, pasado un tiempo, te hacés amigo del fantasma. Y la música sigue, lo cual es importante: ese poder que tiene la música de vencer lo que los seres humanos no logran vencer.
Es obvio que el retorno de Chamberlin ha revitalizado a los Pumpkins. Cargado a tope de gravedad espiritual, Machina es también un disco impresionantemente físico, gracias en buena parte al estilo agresivo, brillante y preciso de la batería de Chamberlin. En comparación, Adore, hecho en ausencia de Chamberlin con bateristas invitados y máquinas de ritmo, es un "disco quebrado", según Corgan.
–Mi corazón estaba roto. El disco mostraba los pedazos rotos. Pero me sentí muy orgulloso porque no intentamos ser los Smashing Pumpkins, esos que venden un montón de discos. Fuimos lo que fuimos en ese momento. Convivimos con nuestras sensaciones. Nos levantamos con ellas y caímos también con ellas.
"Tenés que seguir adelante –agrega luego–. Anoche estaba sentado en el auto y hacía frío. Alguien estaba fumando y había algo en esa combinación que me hizo pensar en mi madre. Cómo me gustaría que mi madre estuviese viva. Pero no lo está. –Corgan hace una pausa y admite, pensativo–: Personalmente, no puedo vivir con una situación de déficit.
Chamberlin se vio forzado a reconstruir su vida desde el sótano. Su tono de charla es alegre y los ojos le brillan como a un niño contento durante la entrevista que mantenemos en una oficina del club Metro, de Chicago, donde los Pumpkins están realizando dos shows de tipo ensayo-abierto antes de su gira europea. Pero declina amablemente discutir lo que pasó en julio de 1996 o la carga de culpa que esos sucesos puedan haberle acarreado. "Sin entrar demasiado en detalles, te digo: nunca lo superás." Jimmy es reservado, también, acerca de los detalles de su rehabilitación, tanto física como de cualquier otra especie. A excepción de un breve coqueteo con the Last Hard Men –un proyecto de banda con Sebastian Bach y Kelley Deal, de los Breeders, que duró sólo un ensayo–, Chamberlin dejó de tocar la batería por completo durante sus "años locos". En lugar de eso, se dedicó a otra pasión: la de corredor profesional de autos de carrera. Chamberlin asistió a la escuela de corredores de Phoenix y se unió al equipo Kent Engineering. Corrió en los circuitos de Sebring, Daytona y Watkins Glen.
–Comía, bebía y dormía mientras corría carreras –recuerda Chamberlin–. Muchas personas del circuito conocían mi situación y amablemente me tomaron bajo su cuidado.
"Nunca dejé de querer a la banda –agrega–. Hicieron lo que tenían que hacer. Yo los amaba aun cuando ellos me odiaban. Aprendí algunas buenas lecciones acerca de mí mismo; por desgracia, pagué un precio muy alto. Pero les pondría el pecho a las balas por cualquiera de los miembros del grupo. Así de grande es mi amor por ellos.
Corgan le devuelve el gesto de amor con creces.
–Vivimos como hermanos durante diez años; incluso compartíamos la misma habitación durante las giras –dice el cantante–. Estoy muy contento por Jimmy, pero no es como decir "Bueno, estoy contento de darle una segunda oportunidad", sino que estoy contento, porque soy su amigo, de que Jimmy tenga la oportunidad de demostrarles a todos que él es el indicado para este trabajo.
Con respecto a D’Arcy, sin embargo, Corgan cierra el pico. Y lo mismo hacen Iha y Chamberlin. Ninguno de los tres está dispuesto a responder preguntas acerca de por qué D’Arcy dejó la banda.
–No existe una oración o un párrafo para explicar la complejidad de las razones por las cuales alguien permaneció con la banda durante todos estos años y por qué decidió irse –señala Corgan–. No hay manera de transmitir el peso de esa cuestión.
Iha y D’Arcy fueron pareja en la primera época de los Pumpkins; hace algunos años, ambos fundaron el sello independiente Scratchie. Pero James, a la hora de las preguntas para esta entrevista, tampoco tiene mucho que decir acerca de ella: "D’Arcy tenía opiniones muy categóricas acerca de lo que le gustaba y lo que no le gustaba del grupo. Era la primera en decir «esto es horrible» y también la primera en decir «esto es fantástico». El grupo no será el mismo sin D’Arcy. Como tampoco fue el mismo sin Jimmy".
Chamberlin, por su parte, dice menos aún. "Sé lo que se siente que hablen de uno cuando uno está ausente. No pienso hacérselo a otra persona."
–Me doy cuenta de que están bastante sensibles al respecto –dice Auf der Maur, de 29 años, mientras toma una taza de té horas antes del primer show en el Metro, su primera noche ocupando el puesto de D’Arcy–. Cuando me uní a Hole, tuve que reemplazar a un miembro importante que había muerto [Kristen Pfaff]. Creo que ya me acostumbré a la situación de que mis compañeros probablemente estén extrañando a la persona que solía estar parada donde yo estoy ahora. Pero la dinámica de una banda es tan misteriosa como las relaciones familiares. A veces ves un matrimonio peleando y te preguntás: ¿por qué siguen juntos? Se trata de una conexión rara e incondicional. A veces se odian, a veces se aman. Y a veces suceden cosas que resultan irreparables.
La bajista canadiense está segura de algo: ha conseguido un puesto genial. Su propia ex jefa, Courtney Love, fue la primera en decírselo.
–La actitud de Courtney –dice Auf der Maur– fue: "¡Mierda! Si yo pudiese tocar «I Am One» todas las noches, lo haría. Tenés suerte. Divertite".
Tuf der maur vio por primera vez a los Pumpkins en concierto en 1990, en un club punk de Montreal llamado Foufon Electrique (algo así como culo eléctrico, en francés). Tenía 19 años y todavía no había empuñado el bajo. Los Pumpkins estaban de gira, promoviendo su simple "Tristessa", grabado en el sello Sub Pop, y las veinte personas que se molestaron en acudir al show tenían una actitud nada complaciente.
–El novio de mi compañera de cuarto decía: "¿Quiénes se creen que son estos tipos? Son demasiado pretenciosos" –recuerda Auf der Maur.
Entre uno y otro tema, el tipo seguía gritando: "¡Abandonen esa actitud de mierda!". También estrelló una botella de cerveza contra la guitarra de Corgan. Billy saltó hacia el público y, según Auf der Maur, "casi lo estrangula". Después se sacudió el polvo, contempló al resto de la misérrima audiencia y regresó al escenario, donde él y los Pumpkins tocaron una versión al rojo vivo de "I Am One", antes de desaparecer del escenario.
–Yo estaba fascinada –dice Auf der Maur, con delicioso entusiasmo–. No era tanto que Billy les dijera: "¡Fuck you!", sino que lo que en realidad les estaba diciendo era: "¿Saben qué? Tengo algo que demostrar, algo intenso y de calidad, y no se van a poder resistir, aunque ahora se burlen de mí".
Diez años más tarde, Corgan está preparado para otra lluvia de insultos. Sabe que Machina, con su título medio latino y su abigarrada metafísica, es un álbum difícil de decodificar. Está orgulloso del disco. Cuando se le pregunta acerca del primer verso que se escucha en la placa ("Sabés una cosa, no estoy muerto"), se ríe. "Estoy jugando con la percepción que tiene la gente de mí", dice, "y con la percepción que tiene la gente acerca de mi grupo, del significado del rock & roll y de su valor."
Corgan compara Machina con The Truman Show, el film protagonizado por Jim Carrey. "El tipo cree que vive en el mundo pero un día entiende que ha estado viviendo en una burbuja dentro de otra burbuja. Bueno, el disco es como una burbuja dentro de otra, y dentro de otra. Y así…"
Chamberlin asegura que lo impresionó la profundidad y la ambición del concepto lírico que Corgan desarrolló en Machina; Billy se lo explicó durante el almuerzo en el Mondrian.
–Fue muy peculiar, tenía que ver con algunos libros que yo había estado leyendo, senderos que venía siguiendo. –Se refiere a la cosmología de los Rosacruces, a la transmutación, a la alquimia y a la memoria de la Naturaleza.– Tenía sentido para mí. Si hubiera podido usar mi cerebro para planear mis acciones, las cosas me habrían salido de un modo muy diferente. Por desgracia, mi cerebro no escucha todo el tiempo.
Machina es la manera que tiene Corgan de decir que todavía escucha a su corazón de rock & roll, y que lo escucha a todo volumen.
–Mis estándares para el rock & roll son más altos que nunca –proclama Billy desde la envolvente oscuridad del loft de Chicago–. La gente parece haber abandonado la idea de que el rock & roll puede salvar al mundo; es una idea que ha sido maltratada. Pero ha regresado de la muerte muchas veces. No digo que seré yo quien la traiga de entre los muertos. Digo que aún creo en el rock & roll: es una fuerza curativa y que tiene conciencia social. No me siento vacío de ideas. Me siento fuerte. Como artista, estoy dispuesto a caminar sobre las brasas, si debo hacerlo.
Corgan, que comenzó esta conversación hablando del final de las canciones pop y de los Smashing Pumpkins, tiene ya un concepto –y las canciones que lo acompañan– para otro disco.
–Le dije a mi novia de qué se trataría el próximo álbum –cuenta– sólo para conocer su opinión.
Somos todo oídos.
–No voy a contarles, de ningún modo –dice con alegre desafío–. ¿Saben qué? Voy a escribirlo y a ponerlo en un sobre lacrado. Cuando el disco esté listo, abrimos el sobre y listo.






