Blur brindó una lección de buen rock
Recital de Blur, grupo inglés integrado por Damon Albarn en voz y guitarras, Graham Coxon en guitarras, Alex James en bajo y Dave Rowntree en batería. En los teclados, Diana Gutkind. En el estadio Luna Park. Nuestra opinión: Muy bueno .
1 minuto de lectura'
Cuando, ya cerca del final del show, Dave Albarn cantaba "This Is A Low", algo terminó de quedar claro. El cantante inglés se acercó al borde del escenario y luego, de espaldas al público, cantó ese tema de "Parklife", el álbum de 1994. Una canción que combina desgarro y energía, sin perder de vista la melodía. Y que la banda interpreta sin poses, en una actitud de no premeditada austeridad.
Porque esta banda sintetiza, combina y administra sabiamente las distintas facetas que el rock ha adquirido en el vértigo de estas pocas décadas que tiene de historia. Atrás quedó el sueño hippie del mundo ideal, los alucinados sueños de la psicodelia, la ruptura del punk y las fanfarrias del glam.
En algún momento, algunos y entre ellos esta banda, miraron alrededor y también hacia atrás y se percataron que lo que tenían entre manos, antes que cualquier postura o pensamiento, era la música, esa extraña sintaxis que se rebela al sentido.
Entonces, sin prejuicios, sin ideas que aten a la creación, se encontraron con la libertad de usar todo aquello que tenían como bagaje y redefinirlo. Como cuando comenzaron este primer show en el país, con "Tender", el tema que abre su último disco, "13". Un largo country con coros a lo gospel y en el que, en vivo, Albarn enriquece con los contrapuntos vocales en un juego con el guitarrista Graham Coxon -que permaneció todo el recital inalterable, mirando casi constantemente su guitarra-, mientras Alex James fumaba, tocaba el contrabajo y se paseaba por el escenario como si fuera un pequeño pub.
La sabiduría inglesa
Pero como para demostrar que también saben rockear con ganas, y siguiendo el estricto orden del último disco, continuaron con "Bugman" y luego con "Coffee & TV", con un ritmo que recordaba a unos clásicos como Creedence, y la certeza de que sí, los ingleses han sido, desde hace años, los encargados de reformular y enriquecer los sonidos que se cocinan en los Estados Unidos.
Luego, saltaron a 1994, con el melodioso "End of a Century", volvieron al presente del grupo con "B.L.U.R.E.M.I.", en el que mostraron una energía inigualable y que continuó con el más antiguo "Advert", de aquel "Modern Life Is Rubbish", en el que la canción que conocíamos es estirada -y no en duración- hasta sus últimas consecuencias, mientras el cantante pega saltos, saca voces inesperadas y tira el pie de micrófono que su asistente se apura en reemplazar. Lo hará varias veces a lo largo de este recital y varias veces será repuesto.
A esta altura del concierto, un viejo dilema queda definitivamente erradicado. El que alguna vez propuso una supuesta rivalidad o competencia entre Blur y Oasis. Una discusión que, ahora que ambos grupos se han presentado aquí en Buenos Aires, ya no tiene razón de ser. Los hermanos Gallagher entregaron en marzo del año último un show pleno de energía, y nada más que de energía. De esa que, aunque se disfrute en el momento, no deja nada para después.
Blur, en cambio, tiene la virtud de dejar una huella. Y las ganas de seguir escuchando sus discos y descubrir esas múltiples influencias que van desde los Kinks y los Beatles hasta el sonido distorsionado de bandas alternativas como Sonic Youth. O desde The Jam o XTC hasta el trip rock, pasando por la melancolía del Morrisey de The Smiths y la psicodelia.
Sobre la sólida base de James, la precisa batería de Rowntree -que, no casualmente, es experto en computación- y la guitarra de Coxon, que nunca busca el fácil recurso de lucirse en un solo, la voz de Albarn tiene la virtud de la mutación.
Tras la energía desplegada en los primeros temas hicieron la dolorida balada "No Distance Left To Run" y, tras un breve intervalo, los temas más introspectivos del set: "Beetlebum", "The Universal" y "This Is A Low".
Para el final dejaron el marchoso "Girls & Boys" y un tema de su primer álbum, "There´s No Other Way" y "Song 2". Se fueron del escenario y, contra lo esperado y lo probable, no volvieron. Ya estaba.
La cronista, en ese último momento, recuerda que en la entrevista que realizó para La Nación , Dave Albarn dijo que no consideraba a Blur una banda de rock, porque el rock está lleno de estúpidos.
Luego de ver este show, en el que Blur fue una banda y a la vez mucho, lamentamos no acordar con él. Porque este recital fue, sin duda, una buena lección de los mejores caminos que puede tomar el rock.






