Bob Gruen: "Lo más importante es captar el momento"
El fotógrafo habla de su relación con John Lennon y Yoko Ono, plasmada en las fotos que se exhiben en el Recoleta
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El asesinato de John Lennon, la noche del 8 de octubre de 1980, conmocionó a toda una generación. Fue un hecho cultural, un origen, a partir del cual pueden medirse otros acontecimientos (los Reaganomics y el neoliberalismo, el SIDA) que signaron a los conservadores ochenta. Lennon fue (cuesta recordarlo) el referente de un inconformismo idealista que se había vuelto global, sin distinción de credo, raza o clase social, y que desde entonces perdió su fuerza. Como el atentado a las Torres Gemelas (otra tragedia neoyorquina, otro signo del porvenir), el trauma hace que todos más o menos recuerden lo que hacían al recibir la noticia. Y el recuerdo es particularmente traumático para Bob Gruen. Amigo y fotógrafo personal de Lennon, Gruen participó en todas sus campañas de prensa mientras el ex Beatle vivió en Nueva York. Y a fines de 1980, tras años de silencio, compartió el entusiasmo de Lennon por su álbum del retorno, Double Fantasy .
"Le había sacado fotos dos días antes y estaba revelándolas en mi departamento", recuerda Gruen, que visita por segunda vez nuestro país para presentar una muestra de 130 fotos de John y Yoko. "El encargado me dijo que encienda la televisión porque escuchó el rumor de que le habían disparado. Pensé que habrían querido robarle y le dispararon, porque nunca llevaba mucha plata encima. Pensé que estaba herido, pero después un amigo llamó para confirmarme que había muerto. Lo único que recuerdo después es haber caído al piso. No podía creer que se hubiera ido, tan rápido. Es como cuando te hacés un corte y duele mucho; eventualmente se cura y queda la cicatriz. Y uno se olvida, pero cuando tocás ahí duele. Así me siento con su muerte, treinta años después."
Gruen registró las sesiones de grabación de Double Fantasy , en las que Lennon se muestra jovial y relajado. Parece incluso más joven que cuando llegó a la Gran Manzana, nueve años antes, y resulta inverosímil pensar que ese hombre iba a morir violentamente días después.
"John estaba muy cambiado -reflexiona Gruen. Había madurado. Cuando lo conocí, bebía mucho y llevaba una vida muy roquera. Pero cuando nació Sean, su hijo, aprendió a ser responsable. De eso hablamos en nuestra última charla: del control y el cuidado de la familia, de abandonar el alcohol y las drogas. Estaba contento porque Double Fantasy vendía bien, así que quería armar una banda para salir de gira. Quería tocar en Inglaterra, su país, al que no había vuelto en muchos años, y de golpe pasó eso. Fue una pérdida inmensa."
Entre las fotos más célebres, una que lo muestra cruzado de brazos, vistiendo una remera con la inscripción New York City fue elegida para el homenaje que la ciudad le hizo el 14 de diciembre de 1980, en Central Park. La elección no fue casual. Las fotos de Gruen son quizá las que mejor reflejan al ídolo de carne y hueso: el vocero pacifista, el mesías del pan hippismo; esa suerte de nazareno pecador de la era McLuhan, conocido por borracheras que terminaban a menudo en riñas.
"¡John era normal! -protesta Gruen, riendo. Tenía sus problemas y lo inusual en él es que era muy abierto. Le gustaba hablar, incluso discutir... Era humano. Nunca pretendió ser alguien perfecto y creo que por eso la gente lo quería. En los ochenta, alguien escribió un libro para revelar intimidades [The lives of John Lennon, de Albert Goldman]. Pero no había nada que revelar. John fue siempre transparente", dice y, tras meditar en silencio, agrega: "Era muy honesto".
-¿Por qué pensás que John y Yoko te adoptaron como fotógrafo personal?
-Cuando los conocí, en 1971, les saqué fotos y luego se las di para que eligieran sus favoritas. A los fotógrafos, por lo general, eso no les gusta; lo sienten como una especie de control. Yo no lo veo así. No quiero perjudicar a nadie; quiero caer bien y que vuelvan a contratarme [risas]. Es el único modo en que un fotógrafo puede trabajar regularmente. El mayor elogio es que alguien me pida una foto para mostrársela a su madre. De ese modo sé cómo les gusta ser vistos.
-Tu intimidad con John fue tal que te llamó para que lo fotografíes cuando nació Sean, en la clínica.
-Sean es la combinación perfecta de John y Yoko, y es uno de los músicos más talentosos de la actualidad. Pocos conocen bien a Yoko, que es una artista extraordinaria. Por estos días, está en Inglaterra como curadora del festival Meltdown. Y entre las cosas que programó esta la interpretación de Double Fantasy , por primera vez en la historia, con Sean haciendo las partes de John. Será el próximo lunes, pero no podré estar ahí.
-Lennon solía cargarte porque sacabas fotos fuera de foco.
-Cierto [sonríe]. Mi respuesta es que quizás el sujeto no se vea claro, pero el sentimiento sí. Lo más importante es capturar el momento y no podés esperar a enfocar. Se pierde ese instante mágico. Incluso, cuando la imagen no es tan definida ganás sentimiento. Para capturar el momento hay que sacar muchas fotos. La clave es la edición. Es muy importante elegir una buena foto. Así te considerarán un buen fotógrafo.
-¿Cuál fue tu mejor momento como fotógrafo?
-Mi mejor momento fue ver a John tocando "Imagine" en el Madison Square Garden, en 1972. Fue lo más maravilloso de un show legendario. Entonces pensé: "Ésta es la mejor profesión que pude elegir".
El rockero de la primera fila
Su trabajo lo llevó a conocer y fotografiar a casi todos, de Lennon y los Rolling Stones a los Sex Pistols

"La gente tiene que trabajar para conseguir una entrada, mientras que mi trabajo es estar en primera fila. Ahí me doy cuenta de lo afortunado que soy", dice Bob Gruen, que fotografió a todos los popes del rock. Rolling Stones, Led Zeppelin, The Who, Sex Pistols, Kiss... Piensen en cualquiera y él estuvo ahí. Incluso capturó la energía del rock neoyorquino antes de que Malcolm McLaren la empaquetara y vendiera como un fenómeno inglés: el punk. Gruen fotografió a los New York Dolls en 1973 (las musas de McLaren) y a la escena que uno o dos años más tarde haría historia en el club CBGB. "El otro día vi a Marky Ramone aquí, en Buenos Aires. Vi a Blondie en Dublín y hace poco encontré a Joan Jett en Brasil. Es divertido ver a viejos amigos tocando en nuevos lugares", sonríe. Gruen es un rockero de pura cepa. Sus sentimientos por Lennon no pueden confundir. Ante la pregunta inevitable responde: "Amo a los Stones. Fue la primera banda que vi en un teatro, en la Academy of Music of New York. Lo recuerdo como uno de los shows más excitantes que vi en mi vida y automáticamente me convertí en fan. Era 1965 y nunca los había oído nombrar. Tampoco había visto bandas en un teatro. Sólo las veía en algún bar". Stones antes que Beatles, sí. Pero los primeros son The Clash. "Para mí, el mensaje del rock'n'roll es la libertad. Libertad para sacar tus sentimientos en forma ruidosa. Es lo que veo en Green Day. Y lo que vi en los setenta con The Clash. Como suelo decir, fue la única banda que realmente importó."





