Budapest: un nuevo Hollywood en el corazón de Europa

La política de incentivos fiscales la convirtió en una de las ciudades más requeridas del continente, sólo superada por Londres
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29 de diciembre de 2016  

Hugh Jackman filmando una publicidad en el puente Szabadsag
Hugh Jackman filmando una publicidad en el puente Szabadsag Fuente: AFP

BUDAPEST (AFP).- Ryan Gosling, Tom Hanks, Harrison Ford... Cruzarse con estrellas de cine es algo banal en Budapest, convertida en un Hollywood europeo gracias a los incentivos fiscales e instalaciones de alta tecnología puestos en marcha por el gobierno para atraer a los sets de filmación.

Harrison Ford elige su bicicleta en una tienda especializada de la capital, Hugh Jackmann es fotografiado mientras sale a correr y Tom Hanks proclama su admiración por la capital húngara. "La ciudad más linda después de San Francisco", dijo. Budapest y sus habitantes tuvieron este año unos embajadores de lujo.

El último a la fecha fue Ryan Gosling, al que la revista norteamericana GQ dedicó en diciembre un reportaje fotográfico sobre los cinco meses de rodaje de la secuela de Blade Runner, en uno de los estudios de la capital.

La felicidad de las autoridades húngaras hubiese sido total si el actor -quien no estaba muy al tanto de las sutilezas políticas locales- no hubiese posado en una de las fotos mostrando el diario Magyar Nemzet, propiedad del peor enemigo del primer ministro Viktor Orban, hasta el punto de que el canal oficialista TV2 difundió la foto con el titular del diario borroso. La emisora es propiedad del empresario Andy Vajna, cercano a Orban, y también la figura más prominente del país en materia de industria del cine y artífice de su éxito con los productores internacionales.

Hungría, pionera

En la competencia despiadada entre capitales europeas para atraer a cineastas en busca de localizaciones, Hungría fue uno de los primeros países del ex bloque comunista en adoptar, en 2004, un sistema muy ventajoso de incentivos fiscales y subvenciones, que se fue perfeccionando con el tiempo. Hoy, el dispositivo es uno de los más competitivos del continente y ofrece un reembolso del 25% de los costos asumidos por los productores extranjeros.

Las producciones internacionales y húngaras inyectaron al país 271 millones de euros en 2016, contra 105 millones en 2011, según el gobierno. "El sector de la producción contribuye en un 0,15% al PIB húngaro, el porcentaje más elevado en Europa", explicó a AFP Agnes Havas, directora del Fondo Nacional del Filme, creado en 2011 por Andy Vajna para respaldar la industria cinematográfica húngara.

Productor de Rambo y Terminator, Vajnaa construyó toda su carrera en los Estados Unidos. Desde su regreso al país se convirtió en la figura clave del cine húngaro y fue nombrado por Viktor Orban comisario húngaro del film. Además fue uno de los accionistas que crearon el estudio de filmación Korda, uno de los dos más dotados de alta tecnología que abrieron sus puertas en Budapest en 2000.

En estas instalaciones ultramodernas rodeadas de viñedos, a unos 20 kilómetros del centro de la capital, se rodaron películas como Hellboy, Inferno o Marte (Misión rescate), con decorados que incluían 4000 toneladas de tierra para simular el planeta rojo.

Gracias a esas instalaciones, a los incentivos fiscales y a una mano de obra experimentada y barata, "Budapest se convirtió en la segunda plataforma europea de filmación después de Londres, y apenas estamos al 75% de nuestras capacidades", asegura Daniel Kresmery, responsable de producción y desarrollo de los estudios Korda.

El sector cinematográfico de Hungría está integrado por un centenar de empresas y emplea cerca de 4000 personas, sin contar los ingresos que deja el turismo.

Los cineastas independientes también participan del fenómeno y se benefician del aura que genera al estilo Hollywood. "Las prestaciones de servicios son de altísimo nivel", asegura el realizador Kornél Mundruczó, que dice estar "orgulloso" de su ciudad, donde acaba de rodar su último largometraje.

El cineasta Laszlo Nemes, Gran Premio del Festival de Cannes y Oscar al Mejor film en lengua extranjera 2015 por El hijo de Saúl, es otra figura destacada del cine húngaro.

Toda una generación que demuestra, según Andy Vajna, que alentar al cine comercial no es incompatible con el surgimiento de nuevos talentos ni con el mantenimiento de sus propios negocios: el septuagenario dirige al mismo tiempo varios casinos de Hungría.

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