Cálida evocación de una clase escolar
"Qué porquería es el glóbulo". Nuestra opinión: Muy buena.
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Versión libre de Héctor Presa sobre textos de José María Firpo. Intérpretes: Liliana Bucay, Edgardo González, Axel Hampel, Natalia Marasco, Monina Paz, Soledad Prassel, Susana Presa, Silvana Prieto y Marcela Viaggio. Puesta en escena y dirección: Héctor Presa. En La Galera, Galpón de Arte, los sábados, a las 22.30. Humboldt 1591, los sábados, a las 22.30.
De los cuadernos y de las exposiciones en clase de sus alumnos, José María Firpo, un maestro uruguayo, realizó una regocijante recopilación que circuló con gran éxito entre una gran cantidad de lectores. Lo que los chicos entienden, y la forma en que dicen lo que creen entender, es, como siempre lo fue, motivo de una ternura divertida para el adulto. Allí se asoma, sin duda, la propia infancia.
Algunos tuvieron la oportunidad de ver esos textos convertidos en espectáculo en una muy divertida versión de Los Volatineros, que entre cabriolas y acrobacias recitaban estos desopilantes "furcios".
En esta nueva versión, un poco en clave de nostalgia, Héctor Presa pone a un grupo de ex compañeros a recordar sus días de clase, actuando sus frases memorables.
Después del saludo y el descubrimiento de los cambios y lo que no cambió, empieza la evocación. Pasarán a caracterizarse como chicos de primaria, la luz se apaga, y cuando vuelve, estamos en la clase.
Hay respuestas a preguntas sobre matemática, ciencias, literatura. Hay conversaciones sobre enfermedades, trabajos, historia, geografía, como para que un maestro se agarre la cabeza.
Y hay recitados, para doblarse de risa. Uno aprende que "donde no hay aire puro uno puede morir aficionado" y que "Platero tenía los ojos de escabeche".
Las secuencias, y los disparates, van creando un clima de ternura y humor, que muchas veces se resuelve en carcajadas. Algo de la inocencia y vulnerabilidad de los niños, aun cuando se creen seguros y sabios, conmueve por su veracidad, más allá del juego. Y cada frase con su error montado es un disparador de muchas otras que escuchamos, dijimos, y seguimos escuchando.
Actores con dinámica
Los actores se desempeñan en un nivel parejo, muy bien incorporados a una dinámica que es el sostén de la pieza. Y la música es el narrador por excelencia, plena de alusiones, sutiles y directas, con poderosa fuerza de evocación.
Así, por ejemplo, se empieza con la Canción de la Amistad que cada tanto anuda el encuentro y mantiene el encuadre, que se escucha en el aire o que es entonada por los chicos.
El piano, tocando la Oración a la Bandera, la Marcha de San Lorenzo, el Himno a Sarmiento, construye climas diferentes según los textos que se enuncian, y a la vez recuerda los actos escolares. Es muy bueno el trabajo de Angel Mahler en los arreglos ricos en tonalidades que evocan sentimientos y emociones muy característicos de esa etapa de la vida de todo el mundo.
La obra, llevada adelante con precisión y naturalidad, nunca abandona el juego, la picardía satírica, la intención traviesa, manteniendo a la vez el aspecto de absoluta seriedad con que se reconoce que los chicos autores de esos textos los enunciaron en su momento, como lo hacen todos los chicos. Memorables son los recitados de poesías y los comentarios de textos literarios, así como las composiciones. Por todo esto, "Qué porquería es el glóbulo" resulta una experiencia simpática, gratificante, un buen rato, que chicos y grandes merecen darse.
La entrada es libre, pero, eso sí, al final hay un muy bien redactado "comunicado de la Asociación Cooperadora" llamando la atención sobre la gorra que espera a la salida.






