
Cambio de hábito
Viene protagonizando en cine y en TV fuertes dramas, pero ahora elige hacer –en teatro– una comedia física y repleta de gags: El placard
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Diego Peretti es –todas las noches en la TV Pública– el atribulado Guillermo Montes de En terapia . Hasta hace poco todavía estaba en alguna sala porteña (ahora es más fácil encontrarlo en DVD) metido en la piel de Eduardo, el personaje central de La reconstrucción , la película intimista de Juan Taratuto. Y dentro de poco lo podremos ver, también en pantalla grande, en Wakolda , el film de Lucía Puenzo que se mete con un tema nada sencillo.
Todos dramas para Peretti. Al menos, en los que eligió meterse el último tiempo. Pero como al hombre le gusta cambiar, ahora se sube al escenario del Lola Membrives (casi) todas las noches para ser Francisco Piñón, el protagonista de El placard , la versión teatral de la desopilante comedia que Francis Veber filmó con Daniel Auteuil y Gerard Depardieu.
El placard pone en el centro de la historia a este ser tímido y apocado que está viviendo un tremendo desamor y rindiendo mal en la fábrica de preservativos para la que trabaja. Y un día se entera de que está en la lista de posibles despidos. En medio de la desesperación aparece un vecino que le propone hacerse pasar por gay para impedir el despido. Sería facilísimo acusar a la empresa de discriminación. Y así, el rumor lo convierte a Piñón en el punto de atención de todos...
–¿Por qué elegiste hacer comedia?
–Mirá, en el cine estoy muy vinculado a la comedia y en TV también hice varias hace años, pero en teatro –salvo una con Verónica Llinás que se llamó El submarino – no había hecho ninguna... Entonces esta obra me permite explorar –con mucho esfuerzo, debo decirte– un universo nuevo para mí. Es una comedia física con gags, con un determinado timing, con un tipo determinado de elaboración del chiste; es una obra coral, de equipo, ni un poco psicologista y emocionalmente nada compleja, pero hay que tener mucho ritmo, una precisión quirúrgica. Aquí hay que ser casi un trapecista.
–¿Y cómo te está respondiendo el cuerpo?
–Gracias a la dirección de Lía (Jelín), muy bien. Se necesita una conciencia mucho mayor de los pies que te da el compañero y de no estar tan clavado en el escenario. Es algo nuevo para mí. Pero la verdad, con Lía la cosa se hace fácil. Es una directora de una energía extraordinaria, con una visión de puesta en escena muy completa, con una intuición enorme, grande y una gran técnica de dirección: va tallando de a poco cada vez más fino el espectáculo y tiene una gran apertura para encontrar la poesía del equipo de actores y colaboradores artísticos con los que cuenta. Por eso tienen personalidad sus espectáculos, va encontrando con cada grupo un nuevo camino, no viene con una idea prefijada que baja sin más.

–¿Y a dónde llegaron?
–A un vodevil genial. Lía tuvo la idea –muy buena– de montar la obra en una escenografía vertical con escenas cortas, vertiginosas. Es como un gran lienzo con una estética a lo Mondrian (coloridos cuadrados y rectángulos de diversas medidas, separados por gruesas líneas negras). Una suerte de corte transversal de una casa, un edificio.
–Si la obra funciona, ¿te imaginás llevar el ritmo loco como el que lleva el elenco de Toc toc (el último gran éxito comercial de Lía Jelín)?
–Si funciona bien ¡sí!... Bueno... puede que te lo confirme bien en un tiempo (se ríe), pero ahora me animo a decir que ¡sí! ¡Estoy con todo! Es que además armamos un grupo muy encantador, el trabajo de los ensayos fue con mucho nervio y mucha incertidumbre, pero muy poco neurótico, nada conformista; creo que armamos un equipo óptimo (ver aparte).
–¿Con qué equipos sentís que ha sido revelador tu trabajo? ¿Con qué director?
–Es imposible que te diga eso porque seguramente va a quedar gente afuera. Pero te voy a decir algo: en general tengo mucho tarro, porque desde que empecé en Poliladron , sinceramente, no encontré grandes atisbos de autodestrucción. Sí puedo decir (se entusiasma) que un gran trabajo para mí fue La ópera de tres centavos , con Betty Gambartes; con ella también había hecho Discepolín y yo, que duró poco pero fue muy satisfactoria... cantaba y ¡nadie dijo nada! En general siempre quedé satisfecho con los procesos, en ninguno sufrí.
–Después de El placard ¿cómo te gustaría seguir?
–Dentro de poco se estrena Wakolda y en unos meses filmaré Showroom , una comedia negra de Fernando Molnar (hizo Mundo alas , con León Gieco) que tengo muchas ganas de hacer... Igual si te referís al deseo puro te puedo decir que me encantaría hacer algo como lo que hice en La reconstrucción ; me encanta ese tipo de película... muy íntima que sigue a un personaje al estilo de lo que hacen los hermanos Dardenne o al estilo de El luchador , muy emocional, donde la cámara está bien adentro del personaje. La reconstrucción fue una película soñada para mí. Esta comedia también era un pendiente, una comedia disparatada que me hace mover por todos lados, que me impone movimientos físicos e interpretativos que no suelo tener. Me divierte muchísimo, pero va a ser más divertido si tiene resultados positivos... antes es puro vértigo.
–Hace casi 17 años te hice una nota sobre tus comienzos; mirando para atrás ¿cómo sentís que fue tu carrera?
–Tengo una suerte monumental, y concibo a la suerte como un cruce entre preparación y oportunidad. Desde la primera oportunidad que tuve traté de desarrollar toda mi capacidad, sin renegar. Y esa nota que hicimos pudo haber sido ayer, sigo teniendo una energía similar a la que tenía entonces, y creo que tiene que ver con que llegué tarde a la profesión y –por miedo, pasión, inquietud, curiosidad– cada experiencia la encaro sin subestimar nada, sin ahorrarme nada...
El placard
Con dirección de Lía Jelín
Teatro Lola Membrives, Corrientes 1280
Miércoles a viernes, a las 21; sábados, a las 20 y a las 22.30; domingos, a las 20. Desde $ 100.
Un trabajo en equipo
Peretti se empeña en que quede claro que el trabajo es en equipo, que se trata de una obra coral. Pues bien, para que este proyecto llegue a buen puerto, Lía Jelín convocó a Osvaldo Santoro para interpretar a Pedro Galván, el vecino que le da la idea de hacerse pasar por gay; a Alejandro Awada, que en escena es Federico Bermúdez, el jefe homofóbico que en la película de Veber estaba a cargo de Depardieu, y a Valeria Lorca, que interpreta a la señorita Cortese, la jefa de personal. Completan el elenco Hernán Muñoa, Agustina Cerviño, Matías Straffe, Marcia Becher y Pablo Finamore. La escenografía y vestuario es de Julieta Ascar; la iluminación, de Horacio Efrom y la música, de Diego Vila.





