
Cecilia Bartoli, el bel canto
Después de un año de espera, que alimentó mucho más la expectativa por su presencia, la gran mezzosoprano estará en Buenos Aires para engalanar la temporada operística.
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El año último, una varicela inoportuna, sorprendente o casi indigna para una celebridad, pero razonable para quien no ha llegado todavía a los treinta, le hizo cancelar la gira que la iba a traer por primera vez a Buenos Aires. Ahora, un año mayor, Cecilia Bartoli, una de las cantantes líricas más importantes de la actualidad y, sin lugar a dudas, la mezzosoprano más relevante de las que han surgido en los últimos tiempos, sin virus ni bacterias, llega para ofrecer tres recitales dentro de la temporada operística del Colón.
Hija de cantantes, cuenta su historia y todo parece simple. "Cuando tenía ocho años canté pastorcito en una puesta de Tosca en la Opera de Roma. Sin embargo, mi carrera comenzó en 1987 haciendo el papel de Rosina en el Barbero de Sevilla cuando tenía 19 años".
Asistió al Conservatorio de Santa Cecilia y curso estudios musicales intensivos, desde armonía y contrapunto hasta plano, trompeta y canto. "Todo lo que sé acerca del canto proviene de las lecciones que me dio mi madre. Aún hoy, ella sigue siendo la única persona a la que acudo cuando necesito consejos." La larga lista de los cantantes que escuchó en su infancia incluye los nombres de Aureliano Pertile, Miguel Fleta, Tito Schipa, Beniamino Gigli, Victoria de los Angeles, Mirella Freni y Conchita Supervia, "una de las más grandes cantantes de todos los tiempos". Pero mezzosoprano, al fin de cuentas, reconoce una particular admiración por Christe Ludwing y Teresa Berganza.
Ampliar el horizonte
Cecilia no cree que el largo camino del canto dependa sólo de ciertos hábitos vocales. "Además de vocalizar todos los días, trato de ampliar mis horizontes musicales. Busco nuevas partituras, en especial de los siglos XVII y XVIII. En este período se escribió un repertorio operístico apasionante que encuentro apropiado para mi voz. También leo cuanto puedo sobre estética, sobre la interpretación y, por supuesto, escucho grabaciones interesantes. Estoy particularmente atraída por Monteverdi y por Vivaldi, cuyas óperas son prácticamente desconocidas en la actualidad. Haydn también está instalado en mi futuro cercano. El año próximo, en Austria, haré el papel principal de la ópera Armida con la dirección de Nikolas Harnoncourt". Con Harnoncourt tiene una relación de agradecimiento especial, ya que él y Daniel Barenboim fueron fundamentales en los comienzos de su carrera. "Más adelante, tuve la inmensa suerte de trabajar con otros grandes maestros como Andras Schiff, Myung-Whun Chung, Hogwood, Claudio Abbado y Jame Levine. Además, la experiencia de haber cantado con ensambles que trabajan con instrumentos de época me ha significado una apertura hacia un mundo interpretativo novedoso que encuentro importante y digno de ser explorado".
Rigor, prudencia y mesura
Con un rigor poco habitual, sin afanes comerciales guiando sus pasos musicales y con una prudencia y una mesura llamativas, dosifica sus actividades para conservar la frescura de la voz e intentar una carrera larga. "Trato de no hacer más de 50 funciones por año. Pienso que 45 sería el máximo ideal, incluyendo no más de dos producciones operísticas". Y lo mismo para el trabajo en los estudios. "La medida exacta para una carrera discográfica es un álbum y una ópera por año. No más que eso. Hay que tomarse el tiempo apropiado para hacer las cosas bien", señala. "Me gusta ser simplemente una más del público y gozar con la buena música". En el Colón, sin embargo, estará sobre el escenario y su misión será detallar a los miles de oyentes que se congregarán para escuchar su canto. Después de todo, no viene mal recordarlo, Cecilia Bartoli es una artista cabal, una de las mezzosopranos más profundas y cálidas de estos veloces tiempos de fin de milenio.
Tres funciones con el mismo programa
Un accidente ha forzado a György Fischer, el acompañante habitual de Cecilia Bartoli, a guardar reposo. En su reemplazo vendrá a la Argentina, como acompañante de la gran mezzosoprano italiana, Jean-Ives Thibaudet, un pianista excepcional, de intensa actividad como solista. La nueva situación obligó a realizar el mismo programa en los tres recitales que cantante y pianista ofrecerán en el Teatro Colón tanto el próximo viernes (función de Gran Abono) como el domingo 3 y el martes 5 de noviembre (abonos Vespertino y Nocturno, respectivamente).
La primera parte del recital estará dedicada al barroco italiano (Caccini, Cesti, Alessandro Scarlatti, Paisiello, Caldara y Vivaldi) y la segunda, a compositores franceses (Pauline Viardot, Delibes y Ravel).
Sin embargo, en el final, casi como una obligación tácita, Cecilia Bartoli, con su estilo superlativo y su voz profunda, teatral, envolvente y personalísima, cantará canciones y arias de Gioacchino Rossini.
Pensando en el futuro
Una vez culminadas sus actuaciones en el Colón, muchos proyectos aguardan a Cecilia Bartoli. Sin misterios, la gran cantante enumera todos ellos. En primer lugar, piensa encontrar el momento para hacer La coronación de Popea, de Monteverdi, La Griselda, de Vivaldi, La donna del Lago y una nueva versión de El Turco en Italia, de Rossini, que grabará con Riccardo Chailly.
A más largo plazo, acometerá La italiana en Argel de Rossini. "Estoy segura de que en algunos años comenzaré a preocuparme más seriamente por encontrar una idea teatral, un regisseur, un elenco y un director para hacer Carmen, aunque quizá sea sólo después del 2000..." Entre tanto, entre otras actuaciones, en diciembre, cantará El martirio de San Sebastián, de Debussy, con Abbado y la Filarmónica de Berlín. Con la misma seguridad que habla de sus proyectos, también tiene muy en claro qué no le atrae. "Es muy improbable que alguna vez una ópera de Verdi o del verismo forme parte de mi repertorio".
Cecilia Bartoli es sencilla, franca y de sonrisa rápida. Le encanta el flamenco ("disfruto enormemente con las actuaciones de Antonio Gades y Cristina Hoyos"), ama estar en su casa de su bienamada Roma y cocinar pasta para la familia y los amigos, tomarse largas vacaciones, ir al teatro y al cine y asistir a conciertos y óperas. "Me gusta ser simplemente una más del público y gozar con la buena música".



