
Chagall para niños
Mañana, en el Palais de Glace, una megamuestra imperdible
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Maestros, padres y especialmente los pequeños podrán ver, hasta el 2 de agosto, una exposición sobre el pintor bielorruso. En las salas de Posadas 1725 también habrá talleres de computación, plástica, un café literario y cine. Todo, con la consigna "permitido tocar".
Angeles, animales y paisajes plasmados en colores chillones. Personas y objetos de figuras aniñadas. Las imágenes que generan las pinturas de Marc Chagall harán las delicias de los niños que, desde mañana y hasta el 2 de agosto, se acerquen al Palais de Glace a ver la megamuestra sobre el pintor bielorruso. Un montaje con reproducciones a tamaño original de 21 obras del ilustrador de "Las fábulas de La Fontaine", más una buena cantidad de actividades paralelas como cine, juegos educativos en computadoras, recitales y talleres de plástica. La exposición, que ya pasó por España, Alemania y Francia, y que ahora se instala en Buenos Aires por dos meses, es para aquellos niños que gustan de la modalidad hands on, más conocida aquí como "prohibido no tocar".
"El hombre tiene la cabeza al revés porque está triste". "El hombre y la mujer tienen el mismo cuerpo porque se quieren mucho". Esas son algunas de las frases que se oyen en esta muestra itinerante que ya ha sido vista por trescientos mil niños.
Sin embargo, las situaciones que se generan en torno del montaje parecen las mismas en diferentes ciudades: sin ninguna información previa y en forma espontánea, los niños se convierten en verdaderos expertos de arte. Ante el inexplicable fenómeno, los organizadores ensayan una respuesta: "Es que los niños se identifican con las angustias y alegrías de Chagall".
Sin duda, esas palabras volverán a repetirse unas cuantas veces más durante los 59 días en que permanezca abierta "Chagall para chicos". En especial cuando los chicos se instalen ante ese primer autorretrato del artista ("Autorretrato de los siete dedos", de 1912/1913) en el que descubren que esa gran cantidad de dedos es producto "de la velocidad con que pintaba el pintor", como dicen los más pequeños.
Este lienzo, que muestra al pintor en su taller parisiense La Ruche, sirve como ejemplo para demostrar cómo Chagall absorbió algunas fórmulas cubistas. Los adultos explican que el cuadro es una parodia de Chagall al cubismo. Los niños, obviamente, descubren que en el autorretrato hay también una reproducción de otra de las obras del artista: "A Rusia, los asnos y los otros" y toda explicación se desvanece.
"Es increíble cómo se identifican con estas obras -comenta Peter Hoertnagl, uno de los responsables de llevar esta exposición por las diferentes ciudades-, a pesar de que ninguno conoce su obra, la sienten muy cercana por el uso de los colores y la introducción de animales, instrumentos musicales y ángeles en sus lienzos."
Es que en los óleos de este gran retratista de la Rusia cotidiana, los más pequeños pueden ver la obra de un compañero de la escuela, que trasluce la realidad tal y como ellos la ven, casi con la misma paleta.
En la exposición, curada por Julio Sapollnik, cada niño podrá recorrer las instalaciones del Palais con la ayuda de guías entrenadas que irán explicando los pormenores de cada trabajo del artista.
Los niños que asistan con el colegio contarán con una ventaja, ya que sus maestros y profesores poseerán un cuadernillo didáctico que los organizadores les habrán entregado unas semanas antes para que puedan preparar una clase especial sobre el tema.
Por otra parte, todos los niños -con o sin la escuela- recibirán un catálogo para que, al final del recorrido, puedan estampar un sello con la imagen del lienzo "El mito de Orfeo".
Ese último acto servirá para entender por qué Chagall despierta tanto interés en los infantes. Los colores sombríos representan al infierno y los matices luminosos evocan al mundo de los vivos: la música y el amor, fundidos en una interpretación optimista. Algo que los niños conocen a la perfección y que es parte de su literatura habitual: las hadas, los animales encantados por la música, hombres y mujeres que vuelan. Imágenes estrechamente ligadas al mundo onírico del artista.
"Los niños descubren una de las claves del autor -señala Hoertnagl-, la referencia constante a su vida sentimental, y a Vitebsk, su pueblo natal. En España, por ejemplo, escuché decir a una chiquita de 7 años: "Mira, otra vez sale la iglesia, y ahora la mujer toma al marido, que está muy grave y vuela porque tiene una copa de vino". Creo que Chagall no hubiera dado una mejor explicación para su "Doble retrato con copa de vino" (de 1917), otra obra fundamental en su carrera.
Actividades interactivas
El recorrido comenzará con fotos, ilustraciones y una sinopsis sobre la vida del pintor. Luego vendrán el famoso "Autorretrato de los siete dedos", las pinturas sobre Rusia, la etapa bíblica de Chagall y las continuas referencias a las tres mujeres que más amó: su primera esposa, Bella, su hija Ida y su segunda compañera, Vava.
El paseo se complementará con la instalación de 40 paneles alrededor del circuito. Láminas, mapas y textos que rescatarán el contexto histórico en el que Chagall dio a luz sus creaciones.
En otras salas se llevarán a cabo actividades paralelas: talleres de pintura, computación -en donde los chicos podrán reproducir, a su manera, las creaciones del artista-, una biblioteca, una sala de proyecciones, y hasta un café literario para que la familia pueda informarse mientras descansa un poco.
"De esta manera, -opina Judith Robles Urquiza, responsable, junto a María D´Adamo del montaje en Buenos Aires- nadie quedará excluido. La idea es que el arte sea también un espacio de encuentro con la familia. Una especie de parque de diversiones de la cultura. Por eso, las entradas son troqueladas, a medida que los niños accedan a los diferentes sectores se recorta la parte correspondiente del boleto. Al contrario de otras muestras visuales, ésta es una exposición de permanencia."
Para confirmar que este año el arte estará nuevamente en boca de todos, cada fin de semana asistirán destacados maestros como Pérez Celis, Nicolás García Uriburu o Marta Minujín, quienes enseñarán a los niños -y, seguramente, también a más de un adulto- los secretos de sus técnicas en el marco del taller de pintura.
Junto a ellos, la colaboración de un verdadero seleccionado de artistas que todos los días participarán de alguna actividad: Ricardo Crivelli, Juan Carlos Lasser, Diana Ares y Graciela Glein, entre otros.
A las artes visuales se le sumarán los espectáculos gratuitos que se desarrollarán en el hall de entrada. El resto, sin embargo, será accesible para todos: las entradas no superan los $ 3.
"Esto es algo totalmente novedoso también para nosotros -confiesa Haendston-, es la primera vez que logramos establecer una entrada tan popular. En Europa no hemos tenido esta calidad y variedad en la oferta. Es lo que buscábamos, que el arte sea accesible para todos y no para un grupo de chicos con ciertas condiciones económicas y culturales. Y si esto sale bien, el año que viene vamos a hacer algo similar con reproducciones de Pablo Picasso."
Es que para los creadores de "Chagall para chicos" la única condición que se requiere para comprender la obra de un artista es muy sencilla: "Tener la mente abierta y despertar esa capacidad de ilusión, asombro y compromiso espiritual que teníamos cuando éramos niños".
"Lo que los chicos aprenden jugando no se lo olvidan más -destaca Hoertnagl-; todos hemos pintado alguna vez, y los pequeños son los artistas más fantásticos que hayan existido".
Acaso una frase de otro eximio artista de este siglo, el español Pablo Picasso, sea la que mejor resume el concepto de Hoertnagl, en la que confesaba que pintar como los niños fue un trabajo que le llevó toda la vida.






