
Chapoteando en el barro
La fiesta dance más importante del mundo, en Buenos Aires
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Si varios años atrás, el momento culminante de la película "La fiesta inolvidable" tenía como protagonista a Peter Sellers bailando la pegadiza música de Henry Mancini y en medio de una espuma que cubría una enorme casona en estado de fiesta; en la versión local de Creamfields, que tuvo lugar el sábado último, hubo dos signos omnipresentes: el dance y el barro.
La intensísima lluvia del viernes rompió todo cálculo previsor. Y aunque se intentó sacar el agua que cubría las carpas que horas después fueron copadas por los mejores DJ del mundo, no hubo manera de zafar del "enchastre". Como una rubia que, si bien no perdió su sonrisa ni su compostura, dio a parar de cara al medio de un gran zona pantanosa. O como otra niña que, celular en mano y con su pies hundidos en el fango, llamaba a su hermana suplicándole que le trajera "ya" un par de zapatillas. Es decir, a esas alturas quedaban claramente dos alternativas: o huir a un bar de San Telmo (cosa impensable para los amantes del dance) o zambullirse en el barro como Peter Sellers lo hacía en la espuma. En realidad, en vez de Campo de Crema (traducción libre de Creamfields), la versión local fue un campo de barro al mejor estilo del mítico Woodstock, de 1969.
Porque si bien a las 15, cuando se abrió el inmenso predio del hipódromo de San Isidro, el espacio central estaba en buen estado, con la paulatina llegada de las más de 20 mil personas que participaron de la fiesta, las capas de barro fueron cubriendo el lugar (básicamente los zapatos, zapatillas y hasta los pocos afortunados que llegaron en sandalias).
Eso sí, si uno estaba con el estado de ánimo dispuesto a pasar por alto semejante detalle , Creamfields fue una fiesta, y de las mejores. Porque desde bien temprano, hasta las seis de la mañana del domingo, 20 mil personas tuvieron la oportunidad de ir de una carpa a otra, cinco en total, y llegar al mejor clima dejándose llevar por los sonidos de las mejores figuras del la escena electrónica. "It«s just a big disco", se leía en lo alto de The Boutique, la carpa más alternativa y menos frecuentada en las 16 horas. Y era cierto. Porque ese sitio circense se había convertido en una gran disco donde, a eso de la una, Howie B (el DJ de U2 en el Popmart Tour o el que ayer presentó el nuevo CD de De la Guarda) remató un set maravilloso que hizo delirar a todos. A esa hora, en Cream Arena -otra de las estructuras, la que explotó literalmente de euforia durante toda la jornada- Paul Oakenfold demostraba ser la "estrella" de la noche. Luego, el local Hernán Cattáneo lo relevó sin perder fieles ni adeptos.
La carpa VIP estaba llena de caras famosas, como Juan Cruz Bordeu, Verónica Lozano o Martín Viaña (el lindito de "Gran Hermano" ¿Ya se olvidó?). Pero la real fiesta, la crema de la crema, no estaba allí sino afuera de esa carpa que tampoco pudo zafar de las inclemencias del tiempo.
A las seis de la mañana, Creamfields llegó a su fin. Muchos dejaron el hipódromo patinando en el barro, la alternativa más apropiada para esa hora en la cual las fichas ya estaban jugadas. Seguramente, ayer, los verdes ensolves (o productos similares) deben haberse dado una panzada en los lavarropas. De todos modos, dicen que el barro hace bien a la piel...
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