Charlie Zaa, el chico tierno de los boleros
"Y Charly dónde está, y Charly dónde está", gritaba un grupo de chicas antes del comienzo del recital. Pero la hinchada no parecía el público habitual de García. Con el segundo cantito ("Te queremos Charly, te queremos") quedó confirmado que no se trataba del astro del rock local, sino de otro Charly.
Que es, en realidad, Charlie, el cantante melódico latino de Colombia, que con apenas 24 años y dos discos grabados -"Sentimientos" y "Un nuevo sentimiento"- lleva vendidos más de 4 millones de álbumes, y va camino de convertirse en una de las principales estrellas del género.
En su primer recital en Buenos Aires, Charlie Zaa desplegó buena parte su breve y exitosa carrera musical basada en versiones de valses y boleros clásicos. Devoto de Julio Jaramillo, Lucho Gatica y Javier Solís, el cantante lleva adelante un repertorio romántico con una estética similar al trabajo que realizó Luis Miguel en su serie de romances.
Para abrir su show, el intérprete eligió "Un disco más", y continuó con un set que alternó boleros y valses, entre ellos "Caminemos", Derrumbes" y "Odiame". También ofreció el tema de Enrique Cadícamo "Rondado tu esquina", en versión melódica, y poco antes de los bises la cumbia "La pollera Colorá".
Con un grupo integrado por una docena de músicos y el protagonismo de la guitarra y el requinto las canciones de Zaa sonaron ajustadas, y muy respetuosas de los clises del género. Sin embargo, su delicada voz no muestra originalidad porque expone fraseos, notas largas y ciertos giros para resolver los últimos versos de muchas estrofas que recuerdan a la voz de Luismi . Durante todo el recital, Zaa buscó la complicidad de su variado público, y la consiguió en cada intento porque apeló a fórmulas de éxito seguro. Primero invitó a las adolescentes a corear varios estribillos y luego regaló piezas a los hombres y mujeres de más de cuarenta, especialmente cuando presentó un popurrí de temas para homenajear a Lucho Gatica. En ese momento fueron los veteranos quienes susurraron "me importas tu/ y tu /y tu".
Charlie se gana al público gracias a su imagen de chico tierno, ese que recibe con agrado los abrazos de una fan que sube al escenario, pero intenta evitar los besos en la boca. Es, más bien, el muchacho educado del que se enamoran las madres y abuelas. A lo largo del show se fue construyendo ese personaje.
Luis Miguel o Enrique Iglesias hubieran lanzado miradas de deseo para contribuir a la excitación de las adolescentes. Zaa provocó a la platea femenina con algunos pasos de baile durante la cumbia colombiana. Pero para el momento más intimista del show se sentó en el sillón ubicado frente a la batería e invitó a una abuela a subir al escenario. Le convidó champagne y le cantó "Versos a mi madre".
El resto de la platea femenina (y en especial las representantes de Sentimientos, el fans club oficial de Zaa en la Argentina) miró a la señora con envidia y se conformó con entregarle al artista ramos de rosas y muñequitos de peluche. Algunas chicas lograron acercarse pacíficamente; otras se lanzaron hacia el escenario como si fueran la versión femenina de los Pumas. Claro que a pocos centímetros del artista siempre aparecía el personal de seguridad que, a juzgar por los resultados, conocía muy bien las estrategias del rugby.
El ídolo resultó ileso. Pudo agasajar a su público con cada tema y acunar con melodías románticas a los ositos de peluche que descansaban sobre el sillón. Mientras tanto, un grupo de vendedores esperaba el final del show en la puerta del teatro, para acechar a los fanáticos con el merchandising de Zaa.






