Charo López, en cuerpo y alma
La Nación dialogó en Madrid con la aplaudida actriz española, que volverá en julio, tras nueve años de ausencia, a hacer teatro en Buenos Aires con "Tengamos el sexo en paz", obra de Dario Fo
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MADRID.- Clima suave, frescura en las proximidades de la fuente de las Cibeles y verdor en las calles aledañas al Museo del Prado. En su casa, una melancólica melodía clásica inunda el ámbito de despojada decoración y cálido mobiliario, en el que se entremezclan lo antiguo y lo moderno. Charo López (54) va y viene de su cocina para preparar el café que, humeante, sirve con masas. Cada tanto, mordisquea alguna. "Por supuesto que puedes fumar. Yo también lo hago. Aquí no hay zonas restringidas." Estupenda silueta, cómoda en pantalones y ajustado suéter, melena suelta apenas ondeada, ojos entre amarillo felino y suave avellana, orlados por largas pestañas, da pie a un diálogo sin fronteras. Tal como es la obra de Dario Fo que está representando en el teatro Lara de esta ciudad, "Tengamos el sexo en paz", que estrenará en Buenos Aires en el Liceo a mediados de julio. Todo un éxito aquí. Más que nada, y lo que le importa, un camino distinto de su polifacética carrera.
En Cartagena estrenó la versión en castellano, con la dirección artística de José Carlos Plaza. La llevó a España en 1996 y con ella recorrió casi todo el país hasta recalar hace cuatro meses en Madrid. La versión que se mostrará en Buenos Aires estará adaptada a "nuestro" castellano-argentino.
Por supuesto, el meollo es entendible para todo público, algo comprobable desde que la actriz Franca Rame, esposa de Fo, presentó en 1994 este unipersonal en Italia, y en su idioma con el título "¿Sesso? Grazie, tanto per gradire..." (la traducción aproximada sería: ¿sexo? Gracias; sólo para probar, o darle el gusto...). Cuando la pieza fue vertida al español, también varió el nombre para acomodarla a la idiosincrasia hispana, ya que Charo supuso que el título original daría lugar a confusiones.
-¿Estar a solas en escena implica un mayor desafío actoral?
-En realidad, el desafío es enfrentar a un personaje en el que puedes vaciarte y, sobre todo, hacerlo bien. Después de haber interpretado tanto esta obra, el gran reto ha sido algo que me ha saltado al cuello como un tigre. Algo que no esperaba, que fue la soledad. Surgió en las giras, cuando sentía que me resultaba insoportable ir y venir del teatro al hotel y viceversa, sin esperar a amigos ni tener la posibilidad, por tratarse de presentaciones de pocos días y en lugares muy diferentes, de tener tiempo de acostumbrarme. Estar sola en escena no me parece fundamental. Es un tipo de actuación que se sobrevalora, cosa que agradezco, pero a mí me resulta divertido más que trascendente. ¡Ojo!, hablo de este monólogo en particular, que contiene mucho humor y en el que comparto el escenario con algunos espectadores. De modo tal que se establece una relación muy próxima y natural. Ellos se enrollan conmigo, yo con ellos, y acabamos siendo como amigos participando de una fiesta. Como nunca es el mismo público, la relación se modifica, ya que existe un rebote de preguntas y respuestas de una y otra parte. Según las personas, la función adquiere tonos lúdicos, pícaros, y pueden pillarme en contestaciones impensadas. Siempre dentro del contexto de la obra. Ante todo respeto los parámetros del autor; no hay improvisaciones.
-Sin embargo, el humor se inserta en un tema profundo, del que se habla mucho, por eso de la liberación, o se tapa todo...
-El título, en la traducción al castellano, tiene mucho de la ironía de Fo y del espíritu de su obra. El sexo es tan complejo de por sí que, por favor, no nos vengan a inventar más cosas. Intentar que lo elemental, que ya es enormemente complicado, pueda hacerse bien. Para esto, hay que conocer a fondo nuestro cuerpo, el de nuestro compañero, exigirnos mutuamente la comprensión y, sin lugar a dudas, arribar a hacer mejor el amor. A partir de ahí, aprendiendo de una misma y del otro, seremos más felices.
-La obra, más allá de sexo, habla de las relaciones en general sobre la base de un tema que se alía con la vida... -Por supuesto. Sexo es vida. La historia de esta obra nace cuando el hijo de los Fo, Jacopo, publica su libro sobre sexualidad para los adolescentes, "Lo zen o l´arte de scopare" ("El zen o el arte de follar"). Entonces, a su Franca se le ocurre pedirle a Dario que escriba un texto teatral sobre este tema, pero ampliando el espectro hacia los adultos. De modo que el monólogo, humano, práctico, abarca el arco entre la adolescencia y la madurez, centrado en el punto de vista femenino. No es un lamento, sino una llamada de atención respecto de muchos mitos. Por ejemplo, el de que las mujeres tienen el orgasmo tarde o que les cuesta llegar a él; o el de la frigidez, una absoluta mentira. Todo esto sucede porque nosotras nos hemos planteado mal la relación sexual.
La carga heredada
-¿Qué hay de la parte masculina?
-Los hombres no se han ocupado del tema. De lo cual tampoco son culpables, lo somos toda una sociedad, que muy poco se ha preocupado en saber qué nos pasa. Evidentemente, mujeres y varones tiene mecanismos distintos. De algún modo, esta obra formula una reivindicación del mundo de la sexualidad femenina explicando qué, lo necesitamos, es un compañero que nos entienda. Nosotras debemos asimismo comprendernos y, más que nada, conocer por qué, a través de la información y del coraje de hablar de esto, tendremos relaciones más plenas y sanas. El asunto es descubrir la verdadera sexualidad. Todo se remonta a los roles que nos han impuesto y a la educación que nos han transmitido. Hay que reconocer qué es lo que una quiere de verdad, esas cosas que quizás se llevan durante años sin darse cuenta. De esto habla la pieza, con el humor e ironía al estilo Fo, que hace que al público se le remuevan conceptos. Lo irrita sutilmente, siempre para reflexionar. Según pasan las funciones, he visto reacciones de intolerancia, de sorpresa o de complacencia. La manifestación que mayor calor humano me transmite es la de las mujeres de mi generación. Empiezan con muy buena actitud ante el espectáculo, pero a medida que se van dando cuenta que ellas han pasado por ese proceso del que Fo y Rame hablan, ya que podría decirse que son coautores, se hacen cómplices y finalizamos como tomadas de las manos sintiendo lo mismo.
-¿Por qué Fo la eligió a usted para esta versión en castellano?
-A mí no me escogió nadie. Había terminado una época de mucho cine y después me enganché con algo precioso, "Carcajada salvaje", en la que media función la hablaba yo y media el otro actor. Esa obra me generó la ilusión de hacer un monólogo, como experiencia que nunca había realizado, sólo por ver qué pasaba. Me ocupé de informarme respecto de qué se estaba haciendo en el mundo y me contaron lo de Franca y la pieza de su esposo. Así, fui a Bologna y la vi. Tuve la sensación de que iba a hacer ese personaje. También, mis dudas y crisis sobre si funcionaría o no aquí. En tanto, ya estaba ensayándola.
- Ahora la lleva a la Argentina, donde antes se presentó en teatro con "Un día muy particular", y la última, en 1989, con "Hay que deshacer la casa". ¿Le agradaron sus anteriores experiencias allá?
-En la Argentina me cristalicé como actriz a través de la dirección de Carlos Gandolfo. Desde "Un día...." él construyó un pequeño mundo para mí, logró que caminase sabiendo lo que hacía y por qué. Fue una temporada de ensueño que me enseñó cosas de mí que tenía y no sabía que poseía. Al principio no entendí y me dolió mucho tirar abajo mis barandillas, mi seguridad, apoyos que utilizaba creyendo que estaba estupenda y que me hacían sentir muy cómoda sobre el escenario. Gandolfo me dijo: "Esto no vale nada, fuera, son pamplinas. Hay que trabajar con otras cosas, con el corazón, la cabeza, la lucidez, el miedo, el peligro, lo feo de uno. Debes salir a escena con todo. ¿Qué es eso de la comodidad?"Me dio vuelta por completo. Fue un trabajo durísimo y el mejor de mi carrera, que no sólo me ha valido para mi profesión sino como persona. Me di cuenta de que eso de armar los personajes mostrando cosas para gustar no sirve para nada.
Como cualquier otro ser
-¿El teatro le sirve de catarsis?
-No. Los actores estamos hechos de la misma madera que cualquier ser humano. Si bien nuestro trabajo nos permite aprender un poco más de nosotros mismos, ya que el material con el que trabajamos es la memoria emotiva, no quiere decir que estemos en una situación de privilegio respecto de los demás. Tenemos iguales miedos a no gustar, a fracasar, a la edad, a la enfermedad. La vida la andamos a gatas, y nos defendemos hasta donde podemos.
-Después de una función, ¿puede desprenderse fácilmente de sus personajes?
-Se dice que algunos actores cuelgan el personaje en la puerta y otros que se lo llevan puesto. A mí, el papel no me invade; soy yo la que lo busco. Apenas finalizo mi interpretación tengo inmediato contacto con la realidad y me olvido del teatro. Entonces, me dedico a lo que pasa en ese momento, si hay una amiga, si me espera mi padre. Eso sí, desde que me levanto estoy pensando que voy a salir a escena y me preparo para hacerlo con alegría, concentración y lo mejor. Llevo un diario de esta obra. Es gracioso releerlo. Hay días en los que no espero nada de mí, en los que tengo sospechas de que actuaré mecánicamente. Sin embargo, es cuando surgen cosas maravillosas. Escribí quizás inquieta o muy obsesionada por otros problemas. Pero luego, la función me arrastra. Pierdo la tensión, me relajo y entonces me digo que la vida me dala posibilidad de divertirme, de jugar y tener a cientos de seres humanos conmigo. Aunque me sienta una campeona, en esta pieza no estoy sola; mi contendiente es el público. Una batalla, linda, pero pelea al fin.
Eterno primer amor
MADRID (De una enviada especial).- Charo dice que hay grandes diferencias entre hacer películas y actuar en teatro: "El cine tiene mucho atractivo, de glamour. Cuando tienes que hacer una escena bien iluminada, en un primerísimo plano, eso tiene un poder incomparable y capacidad de comunicación muy grande. Pero rara vez sucede. En el cine más que nada esperas, y mucho, para que sólo se filme un plano general. Es muy duro y, sobre todo, es técnica. Al cine lo manejan los directores y estás rodeada de gente que no debes ver. En cambio, el teatro me da la oportunidad de que saque las metas que me ha propuesto y las que me lanza el director, el autor, el escenógrafo, las que me impongo como mujer, actriz y ciudadana. En ese sentido, es un reto, porque se trata del compromiso que tienes contigo y tiene que ver con esas reacciones que provocas y que tú controlas sola. Ahí no existe más ayuda que la memoria, sensibilidad, la energía y los propios límites.
"Una actriz es una maquinaria que debes tener muy engrasada y a punto para que, en el momento que necesites, dispongas de ella con toda su eficacia. En el cine, una escena queda plasmada para siempre, te agrade o no; el teatro cambia y te da la posibilidad de cambiar. Esa novedad que impulsa cada función teatral es la que da pie a que pueda hacer la misma pieza tres años seguidos. Al contrario de aburrirme, trabajar largo tiempo en igual texto me parece un campo de experimentación riquísimo."
Con dos matrimonios a cuestas, Charo dice no haber sacrificado nada: "Mi vida personal tiene una enrome presencia, pero mi lucha y pasión han sido el trabajo.A esta altura la vida ha cambiado radicalmente. Desde el momento que decido no esperar el teléfono y desde que no acepto guiones con vacilaciones. Preferí asumir mi propio riesgo, aguantar lo que viniera, generar yo el fracaso o el éxito. He obtenido algo muy parecido a la libertad".
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