Chejov, con un valor real
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"Tío Vania", de Anton Chejov. Intérpretes: Raúl Rizzo, Livia Fernán, Ricardo Díaz Mourelle, Patricia Echegoyen, Alejandra Rubio, Juan Carlos Galván, Juan Kujta y Chela Cardalda. Escenografía y vestuario: Silvana de la Torre. Dirección: Raúl Serrano. Duración: 127 minutos. En el British Arts Center.
Nuestra opinión: muy buena.
La sala de una casa de campo espera silenciosa la savia sanguínea que la va a despertar a la vida. Con la entrada de Astrov y la Nana, la acción de "Tío Vania" empieza a entretejer un clima de melancolía y desaliento que va a ir rodeando a los personajes chejovianos hasta fagocitarlos con la desazón y el desencanto.
Como en todas las piezas de Chejov, estos climas son generados por las propias criaturas al enfrentar un destino de desdicha que no pueden modificar.
Ellos ven transitar, casi sin darse cuenta, la monotonía de los días campestres, soñando con lo que pudieron ser y no lograron, padeciendo la frustración como un sino marcado desde el principio de sus vidas, enamorándose de la persona equivocada y no encontrando un vehículo para la pasión amorosa, a punto de estallar y al mismo tiempo contenida por la impotencia.
Son épocas en las que se reconoce la existencia de un pasado de mayor esplendor, no muy lejano, donde la falta de apremios económicos permitía a ciertas familias un pasar más distendido y aplicado a las actividades placenteras.
Hasta esa campiña, donde ahora todos tienen la obligación de trabajar para sobrevivir, llegan Serebriakov, un hombre viejo que ansía vivir en la gran ciudad, mantenido con los magros beneficios de la cosecha, y Elena, su esposa, joven y hermosa, que provoca la reacción amorosa de Astrov y Vania y que, por no ser correspondida, termina por ahogarse en sus gargantas.
Estas presencias quiebran la rutina de la casa y alteran la silenciosa e introvertida existencia de Sonia, que sólo revive con un pulso agitado ante la presencia de Astrov, para seguir alimentando su amor sin palabras, pero con esperanza. "La verdad puede ser dura, pero quiebra la incertidumbre", dice Elena, sentencia que provoca la tímida respuesta de Sonia: "Con la incertidumbre, queda la esperanza".
Es en este agónico transitar hacia un destino sin frontera donde Chejov alcanza la maestría. Lentamente, sin prisa, pero sin pausa, las acciones van a desnudar a estos seres condenados, sin saber por qué, a los nublados campos de la infelicidad.
¡Chejov, al fin!
Con sabor natural
Si hay algo que deja en claro Raúl Serrano con la puesta de "Tío Vania" es que es un director que conoce a Chejov. Lo suficiente como para plantearlo desde la humanidad de los personajes, fuera de todo el acartonamiento y la pomposidad con que se suelen encarar las obras de este autor.
Allí están, gracias a la mano segura del director, esas frágiles criaturas con sus pequeños dramas, comunes, simples, para entretejer la trama de la comedia universal.
Así como está el hombre frente a su destino, lo están los actores frente a personajes comunes, despojados del ilustre prestigio de ser creados por Chejov.
Así lo encara este elenco, en el cual es difícil destacar alguna actuación en particular, porque todos se muestran artística e impecablemente integrados a las complejas relaciones de sus personajes.
Son trabajos donde cada uno de ellos ama, ríe, sufre, llora, se desangra con naturalidad, hasta derribar la cuarta pared (la que nos separa del escenario) y cautivar al espectador con sus pequeños dramas personales.
Lo que sí merece señalarse, porque se ha convertido en algo inusual, son las condiciones vocales de este grupo de actores, que permiten, a través de una clara emisión y de una impecable articulación, que el texto pueda ser apreciado en su totalidad, con toda la carga de emoción que lleva implícito.
Dentro de una escenografía realista, las acciones parecen fluir ligeramente, sin notas disonantes o arbitrarias. Es simplemente un marco para acompañar a los personajes en su derrotero.
La innovación, si se la puede considerar tal, es la incorporación en escena de un bandoneonista, para acompañar la melancolía.
Para los interesados, "Tío Vania", si no lo es, se muestra lo más cercano a Chejov que en estos momentos se puede apreciar.






