Chick Corea & Steve Gadd Band: dos viejos camaradas que disfrutan de admirarse en el escenario

Chick Corea & Steve Gadd Band / Músicos: Chick Corea (teclados, piano, arreglos y composición), Steve Gadd (batería y composición), Lionel Loueke (guitarra), Steven Wilson (saxo y flautas), Carlitos del Puerto (bajo) y Luisito Quintero (percusión) / Sala: teatro Gran Rex / Función: anteanoche / Nuestra opinión: muy bueno
El público argentino que sigue a Chick Corea tiene asegurada la variedad en cada uno de sus conciertos. Porque en su últimas visitas, el inquieto pianista de 76 años trajo diferentes bandas. Desde el comienzo de esta década se lo escuchó con el proyecto junto a Lenny White y Stanley Clarke que revivía al grupo Return to Forever, y un par de años después, con The Vigil, un sexteto de jóvenes músicos que recrearon música propia y de diversos autores.
En el concierto de anteayer vino asociado a un viejo compañero de ruta, un antiguo camarada con el que grabó varios discos en los setenta: el baterista Steve Gadd. Junto a ellos, cuatro músicos mucho más jóvenes (el bajista y el percusionista también formaron parte de la banda The Vigil, en la anterior visita).
En sexteto tocaron temas recientes de Corea ("Serenity" y "A spanish song"), del último disco de Gadd ("Chick's Chums") y viejas piezas que grabaron juntos. Para el bis reservaron un éxito de los repertorios del pianista: "Spain".
Más allá de algunos puntos en contra, como la selección tímbrica del guitarrista, que usó efectos sintetizados que chocaron con los teclados de Corea, el cuarteto que los acompañó sonó correcto y tuvo momentos para el desempeño solista.
Pero lo clásico de esta propuesta terminó siendo lo más contundente del grupo. Porque las modas tienen fecha de vencimiento. Las vanguardias pueden generar algún efecto revival varias décadas después, pero eso no las exime de quedar sindicadas como referencias de una época muy precisa, bien determinada. (La música con proyección es la única que perdura en el ADN de un lenguaje futuro.)
El jazz rock es una música de los setenta. Un subgénero del jazz reservado para músicos virtuosos. Es referencia de una época y cualquier guiño a ese subgénero lleva al oyente a ese contexto sonoro. Los sonidos de los teclados, la manera de tocar, algunos riffs y frases que son muy típicos del jazz rock. Y cuando Chick Corea se sienta frente a un teclado, mueve la ruedita del pitch con una mano y digita con la otra, pone la música en contexto; porque sabe cómo hacerlo, porque fue uno de los que la inventaron.
En cambio, sentado frente de algo tan clásico como un piano acústico, Chick se expande en su propio arte. Allí -en el piano entendido como un lugar que le resulta propio- sigue provocando cosas nuevas. Aun con 76 años.
Quizá pueda ser similar el caso de Steve Gadd. A pesar de que ha tocado con todos los músicos que uno pueda imaginar y se lo distinga como intérprete de jazz, el lenguaje de Gadd es la batería. Y no necesita hacer largos solos para demostrar su talento. No es un virtuoso, uno de esos que tocan rápido y reparten palos como si fueran malabaristas. Gadd fue, y sigue siendo, un gran baterista que usa el instrumento como lenguaje, más allá de que esté al servicio del rock o del jazz. Y si se trata de fusión, pone los recursos para que ese rico universo (o paleta de matices) esté bien expresado entre la energía del doble bombo del rock o el metal y la sutileza del toque jazzero de una escobilla sobre el tambor.
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