
Chispas para encender el fuego
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"Ojalá hagamos las chispas que enciendan el fuego". El deseo es de Carlos Núñez, que está de regreso en Buenos Aires. El gaitero gallego, uno de los nombres más altos de la actual música heredera de la cultura celta, se presentará esta noche, en dos funciones, a las 20 y a las 22.15, en el teatro Astral.
Vuelve con varios invitados especiales. Uno viene de su país, pero del territorio flamenco. Se trata del guitarrista José Luis Cañizares, integrante de la banda de Paco De Lucía. Otro invitado, pero local, es León Gieco, y es muy posible que el oriental Jaime Roos también formará parte de la fiesta.
La banda, en tanto, está compuesta por Pancho Alvarez (bouzouki, mandolina, violín, guitarra y voz), Fernando Fraga (acordeón y teclados), Isabel Sanjuan (violín), Cris Gándara (contrabajo) y Marcos Vázquez (percusión).
Este virtuoso gaitero, toda una estrella de la música celta a los 26 años, recuerda su primera visita: "Buenos Aires, sobre todo, fue un descubrimiento. Llegábamos expectantes, sin saber qué podía pasar con nuestros sonidos celtas en el país del tango.
Pero por suerte vimos que las chispas encendían el fuego. Buenos Aires es más abierta que Madrid o Barcelona, hay mayor apertura, que permite desarrollar mejor la sensibilidad, los colores de esta música".
Riqueza de una herencia
Y enseguida aclara que no es una música pura. Muchos siglos, mucha historia y diversas culturas alimentan esta herencia: "La música celta de hoy no es simple fusión. La integran todos esos elementos tomados por los músicos que se fueron de Galicia en la época de Franco, pero además es el resultado de diversas conexiones: por el mar, con Escocia e Irlanda; hacia el sur, con la música de Andalucía y Marruecos, más la que desarrollaron los gallegos que vinieron para América latina, por eso no es extraño encontrar partituras de tangos o rumbas. Los mejores gaiteros de este siglo no vivieron en Galicia, y muchos de ellos vinieron aquí".
Y valora el acercamiento de esos músicos hacia este lado del mundo: "Fue muy importante. Esta influencia creó un nuevo estilo de música, más melódica, con más ritmo. Uno de los mejores gaiteros de este siglo, Manuel Dopazo, estuvo exiliado en la Argentina, y con las influencias de aquí compuso casi toda su obra".
Y León Gieco, que llega para ensayar los temas que harán juntos, explica: "En su recital me emocioné mucho. Yo voy a ver muchos recitales, pero él me emocionó constantemente. Me hizo acordar a cuando hicimos de Usuhaia a la Quiaca; con su música, uno viaja constantemente por diversas regiones".
"Es curioso -explica Núñez-: en vivo despierto del letargo y me sorprendo haciendo rock, rock puro, con mucha energía."
Y hay quien pueda creer que la suya es una carrera vertiginosa. No es así. A los 13 años, Paddy Moloney, el mentor de los irlandeses Chieftains, lo descubrió y de allí en más lo invitó a tocar cada vez que podía.
Por eso es parte del resurgimiento de la música celta que pronto se expandió por el mundo: "La música celta quedó postergada desde que Franco dijo que España es grande y única, y entonces eligió el flamenco como imagen del país. Galicia es de las zonas más pobres. Mi reto, entonces, era hacer conocer que en mi país hay música celta, diferente al flamenco".
Por eso, para él, "la gaita es la tierra y el fuego, y la flauta es el aire, pero la gaita es el instrumento de mayor carácter para esta música, por eso el resto de los instrumentos tiene que adaptarse a ella.
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