Cinco cosas que aprendimos de las películas de zombies
Con el estreno de Mi novio es un zombie como excusa, repasamos qué hacer y qué evitar en plena invasión de muertos vivos
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1. En caso de ataque, nunca dudar

En este primer punto podríamos aplicar la misma regla que con las películas de terror. Un ataque zombie siempre va a resultar inesperado y, por ende, a desconcertar a más de uno. Ante ese desconcierto, las reacciones son difíciles de prever. Sin embargo, hay reglas que algunos personajes de película nunca parecen dispuestos a cumplir y que los lleva, eventualmente, a ser ellos mismos carne de cañón. Primero, la falta de rapidez para adecuarse a la situación, intentando que el zombie que tiene enfrente cambie de opinión, hablándole, como si fuera posible extraer algo positivo del intercambio. Segundo, el miedo que puede jugarles una mala pasada y llevarlos a inspeccionar sus viviendas (léase: sótanos, habitaciones oscuras) también creyendo que algo positivo puede salir de esa actitud. Error. Lo más efectivo, como hace Ana (Sarah Polley) en la remake de El amanecer de los muertos, es procesar el caos que se desata a su alrededor, matar a quien haya que matar, y salir corriendo, en lo posible sin olvidarse de las llaves del auto. Dudar y meditar sobre cómo proceder nunca ayudó a nadie.
Sarah Polley huye en El amanecer de los muertos
2. No refugiarse en un shopping

Esta regla es discutible porque es, en definitiva, uno de los rasgos del subgénero. Toda película de zombies que se precie de tal por lo general incluye algún guiño a los shoppings. A la hora de analizar la situación, los personajes eligen ese punto como zona de refugio porque, además de ser un espacio vasto y con mayor seguridad, también es el lugar donde van a poder encontrar los elementos necesarios para sobrevivir por tiempo indeterminado. Todo está al alcance de las manos, desde alimentos para sobrellevar el encierro lo mejor posible hasta herramientas que puedan ser empleadas como potenciales armas en caso de que los zombies logren penetrar la zona. Esto nos lleva al lado negativo, a la otra cara de los supermercados/shoppings, y a lo que nos enseñó George Romero en El amanecer de los muertos (el film original de 1978): el hecho de que sean muertos vivos no significa necesariamente que hayan perdido la memoria. Como dice un personaje de la película al observar cómo los zombies logran entrar al lugar: "Los recuerdos siguen con ellos, al igual que los lugares importantes de sus vidas...". Por ende, y por más tentador que sea, el shopping no es siempre la mejor opción.
Los zombies y el shopping según George Romero
3. Unirse a un grupo de gente

No nos engañemos. ¿Quién puede salir inmune de un ataque zombie sin ayuda de nadie, completamente solo y con escasez de recursos? No hay que pensarlo mucho: nadie. Acá es donde entra en juego la arista estratégica del gran plan de supervivencia: las alianzas. Y efectivamente se trata de una estrategia porque tampoco colabora a la causa aliarse con cualquier persona que se nos cruce en el camino, tan solo porque estamos desesperados y necesitamos de compañía. No. Siempre es mejor ser parte de un grupo pequeño de gente -de lo contrario, el caos podría desatarse también cuanto más amplio sea el círculo-, observando sus debilidades y fortalezas y, sobre todo, aplicando la astucia cuando se trate de decidir qué lugar va a ocupar uno mismo dentro de ese núcleo. En las películas de zombies, ya sabemos, siempre hay estereotipos. No solo eso, algunos estereotipos no corren con buena suerte. Tomemos como ejemplo al Capitán Robert Rhodes de El día de los muertos . Por querer imponer su voz, su plan, su visión de cómo proceder ante el ataque, no solo se termina ganando el odio del resto del grupo, sino que además muere de la peor manera posible. Por ende, la mejor parte generalmente se la lleva quien es el líder silencioso, quien actúa sin dar órdenes de modo autoritario, quien también opera con intuición y quien no se distrae o entra en pánico ante la primera amenaza que surge.
La union ¿hace la fuerza? en El día de los muertos
4. Siempre apuntar a la cabeza

En las películas de zombies la omnipotencia nunca fue una cualidad redituable. Muchos personajes creen realmente que es una buena idea combatir a los muertos vivos en una lucha a puño limpio. Cuando no, y advierten que lo mejor es aplicar munición gruesa, lo hacen usando armas que tardan siglos en cargarse y disparando a cualquier lugar del cuerpo del zombie menos al correcto: la cabeza. Pero claro, si todos los personajes actuaran con un alto nivel de precisión, todos serían sobrevivientes y, por ende, no habría ningún tipo de ataque. Justamente sobre estos códigos se basó el realizador Edgar Wright para una de las mejores lecturas sobre el cine de zombies vistas en mucho tiempo: Muertos de risa. El film parodia todos los lugares comunes del subgénero y, en relación a este punto, lo hace con una de las mejores escenas. Shaun (Simon Pegg) y Ed (Nick Frost), ante la abrupta llegada de los zombies, empiezan a tirarles todo tipo de elementos (incluidos los vinilos, por supuesto no los importantes y de mayor valor, sino otros como el de... ¡Sade!), hasta que toman noción de que la cabeza es el talón de Aquiles de los muertos vivos y, con gran eficacia, agarran una pala y un palo de cricket y resuelven rápidamente el asunto.
Cómo matar a un zombie en Muertos de risa
5. No darle lugar al sentimentalismo

Así como en un ataque zombie no hay tiempo para la duda, tampoco lo hay para las cursilerías y las lágrimas. Porque aunque frecuentemente el muerto vivo es alguien ajeno a tu vida, también puede suceder que te encuentres presenciando la metamorfosis de un ser querido. Al fin de cuentas, nadie está exento de convertirse en un zombie de un momento a otro. En esos casos, hay que olvidarse de los lazos de afecto y tomar al individuo como lo que es: alguien sin pulso que quiere destrozarte de un mordisco a la vez. Esto lo vemos, por ejemplo, en la primera escena de Zombieland de Ruben Flesicher (otra gran película homenaje al subgénero que nos ocupa), en la que Columbus (Jesse Eisenberg) pasa por una situación nada envidiable: ver a su dulce novia transformada en un muerto vivo sediento de sangre. Si bien al comienzo la reacción del joven es la de intentar ayudarla, y la de sentirse culpable por defenderse de sus constantes ataques, finalmente hace lo correcto: a) deja el sentimentalismo de lado; b) reflexiona rápidamente sobre lo que está ocurriendo ("La primera vez que dejé entrar a una chica en mi vida, ella intentó matarme"); c) se olvida del lamento y pasa a aplicarle el "double tap" (fuerte golpe en la cabeza) para después seguir adelante con su vida.
Jesse Eisenberg no tiene tiempo para el amor en Zombieland
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Woody Harrelson nos enseña algunas reglas de supervivencia en Zombieland






