
Caetano Veloso, músico, poeta y loco por el cine
"Uno de los acontecimientos más marcantes de toda mi formación personal fue la exhibición de La strada , de Fellini, un domingo por la mañana en el cine Subaé ", recuerda Caetano Veloso en las primeras páginas de su libro Verdad tropical , en las que, por supuesto, habla mucho de cine. Nada que sorprenda si se tiene en cuenta que el bahiano (ahora, a punto de ofrecer un breve ciclo de presentaciones en Buenos Aires) siempre ha sido, además de creador descollante de la música popular, observador estudioso y crítico influyente del quehacer cultural, y que como tal, el cine ha sido y sigue siendo para él objeto de interés constante. Tanto lo fue en un comienzo que -como todos sus fans lo saben- en sus sueños juveniles se veía más cerca del cine o de la pintura que de la música.
"Fui crítico en 1960 en un diario de Santo Amaro. Tenía 18 años. Y antes de eso, era cinemaníaco: iba a ver una película todas las noches", suele contar. No extraña, pues, ya que en la gran mayoría de sus canciones vuelca sentimientos y experiencias vividas en carne propia, que el cine aparezca aquí y allá. Así ha sido desde muy temprano, desde, por ejemplo, "Dónde andarás", que cantaba en su primer LP solista ("¿En qué bar, en qué cine/ te olvidas de mí?") o en "Cinema Olympia", que cantaron Elis y Gal, entre otras grandes voces ("Yo quiero pulgas mil en la popular/ Quiero la popular/ Yo quiero oír la carcajada general/ Quiero la popular/ Quiero um lugar para mí y para vos/ en la matiné del Cinema Olympia/ del Cinema Olympia "
No en aquel Olympia, sino en el pequeño cine club de Salvador en el que había visto grandes films mudos ( Codicia , de Von Stroheim; Octubre , de Einsenstein; Metrópolis , de Lang), conoció en los sesenta a Glauber Rocha, paladín de aquella ebullición cultural que vivía entonces Bahía y cuya categórica opinión sobre Umberto D ("puro sentimentalismo") no impidió que a Caetano le resultara deslumbrante. Era entonces manifiestamente anti-Hollywood y entusiasta del cine de autor europeo o japonés. En una primera etapa, lo maravilló el neorrealismo italiano; después Antonioni, Fellini. Pero a esa altura ya se había hecho incondicional de Godard, cuyas obras mucho influyeron en él en los tiempos del tropicalismo y después.
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Pero en cuanto a la música, que es lo que lo toca más de cerca, y a la música para el cine en particular, desde los 15 años ya llevaba para él nombre y apellido: Nino Rota. Se conmovió con la de Rocco y sus hermanos tanto como antes le había sucedido con Las noches de Cabiria ("lloré todo un día", cuenta), la que le inspiraría años después una bellísima canción dedicada a Giulietta Massina: "Párpados de neblina, piel del alma /Lágrima negra tinta ".
A causa de esa canción, en 1997 fue invitado por la Fundación Fellini para hacer un show en Rímini, tierra natal del genial cineasta, lo que dio origen a su álbum en cierto sentido más "cinematográfico" (más que Cinema trascendental , a pesar de su título, tomado de un verso de la evocativa "Trilhos urbanos"). Fue el Omaggio a Federico e Giulietta , en el que mezcló a Nino Rota con su tributo cantado a Cabiria, con recuerdos de su propia infancia y con otras melodías que habían sido determinantes para él en la época en que conoció el cine de Fellini.
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El sueño de dirigir cine lo concretó en 1986 con O cinema falado , que desató un verdadero torrente de controversias, de esas a las que Caetano ha estado acostumbrado desde los tiempos de la irrupción tropicalista. Sin duda, se habló mucho y a los gritos de aquel film experimental en el que se advertía la influencia de Godard, y se volvió a hablar muchos años después, cuando fue editado en video.
Fue su única experiencia como director. En cambio, ha sido prolongado y valioso su aporte al cine como músico. No hablemos de las numerosas canciones suyas que se han escuchado en películas desde que su emblemática "Alegría, alegría" se hizo oír en Viagem ao fim do mundo , un olvidado film de Fernando Campos (1968). Y sobre todo desde que Almodóvar lo mostró en escena cantando en Hable con ella esa versión delicadísima de "Cucurrucucú, paloma" que lo llevaría a la mismísima Academia de Hollywood. Fue en 2003, y con un tema cantado por él en Frida , "Burn it Blue", que estaba nominado.
Caetano también ha compuesto la banda sonora de unos cuantos films, entre los que se cuentan La dama del autobús , de Neville d Almeida; San Bernardo , de León Hirzman; Tieta de Agreste , de Carlos Diegues, y O quatrilho , de Fábio Barreto.
Pero quizás el fruto más sabroso de la relación entre el autor de "Sampa" y el cine esté en las poéticas imágenes de "Michelangelo Antonioni", tema que le inspiró la obra del artista recién fallecido: "Visión del silencio/ Angulo vacío/ Página sin palabras/ Una carta escrita sobre un rostro/ De piedra y vapor/ Amor/ Inútil ventana"). Por algo se la eligió para engarzar los episodios de Eros , el último film en que participó el maestro.
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