Comedia nacional: para reírnos de nosotros mismos

Con el estreno este jueves de Mi primera boda , el cine local vuelve sobre un género al que esquiva, pero que siempre rinde en boleterías
Claudio Minghetti
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28 de agosto de 2011  

Si hay algo que está claro en la producción cinematográfica argentina de los últimos años es que las comedias, de todo tipo, cuando tienen lo que tienen que tener, son muy bien recibidas por el público. Hay pocas excepciones a esa regla, las hay, y de hecho algunas más que sobresalientes, pero está escrito que el público busca en el cine no sólo un espejo, sino uno que, por su recorte o subrayado, le permita verse a sí mismo o a sus vecinos en situaciones más o menos tensas que, sin esquivar tics o momentos ridículos, provoquen la sonrisa o, por qué no, la carcajada.

El estreno, el próximo jueves, de Mi primera boda , ofrecerá la posibilidad de demostrar si la comedia es el género que mejor futuro tiene en la pantalla local. Este mismo año se ha comprobado con Un cuento chino , una comedia con algún toque de emoción, algo así como la vida misma; un humor que no tiene necesidad de desprenderse de situaciones extremadamente graciosas, sino que juega en el punto justo, de la mano de Sebastián Borensztein y con la siempre efectiva presencia de Ricardo Darín. El film, que logró en salas locales más de 900.000 espectadores, se convirtió en el más visto hasta ahora de la producción nacional de 2010. Este éexito se trasladó después a las salas españolas.

Sin alcanzar semejante cantidad de público, otros títulos que han obtenido interesante respuesta, en especial de la crítica, por su diferente forma de abordar el género fueron la costumbrista con ribetes políticos El dedo, que tuvo como figura central a Fabián Vena y la de ciencia ficción Fase 7, con Daniel Hendler, que despertó el interés de una productora norteamericana que casi de inmediato planeó una remake y aquí alcanzó 50.000 espectadores. En la misma línea de no parecerse a lo ya hecho se inscribe Juntos para siempre, del experto en comedias Pablo Solarz, autor de los brillantes guiones de Historias mínimas y las además muy exitosas ¿Quién dijo que es fácil? y Un novio para mi mujer (ambas dirigidas por Juan Taratuto). Por el lado de las románticas se anotó Güelcom, de Yago Blanco, con Mariano Martínez y Eugenia Tobal.

Viudas, la comedia con ribetes tibiamente dramáticos de Marcos Carnevale (Elsa y Fred), con las indiscutibles presencias de Graciela Borges y Valeria Bertuccelli, se estrenó hace diez días y ocupó en su arranque el cuarto lugar en las recaudaciones con más de 100.000 entradas vendidas en sus primeros cinco días de exhibición. Una clara evidencia de que el género, en todas sus variantes, entusiasma a la gente. Y mucho.

La sinergia generada por Viudas puede, en un mes como agosto, y cuando los tanques de Hollywood ya salieron a competir hace rato, impulsar un taquillazo de cine nacional que supere al logrado por Un cuento chino.

El jueves se sumará el estreno de Mi primera boda, segundo largometraje de Ariel Winograd, el joven realizador que hace cinco años sorprendió con Cara de queso, la historia de cuatro chicos judíos que pasan el verano en un country y que alcanzó 60.000 espectadores.

Winograd, que estudió en la Universidad del Cine, ganó una beca que le permitió ser meritorio de Spike Lee en el rodaje de Plan perfecto y logró para su ópera prima un elenco soñado para un debutante, redobló la apuesta y consiguió para esta nueva propuesta figuras que están en el top, como Natalia Oreiro, Daniel Hendler, Imanol Arias (que aceptó la propuesta más allá de no tratarse de una coproducción), Martín Piroyanski, Pepe Soriano, Soledad Silveyra, Muriel Santa Ana, María Alché, Gabriela Acher, Ginno Renni, Pochi Ducase, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y el debutante –como actor– Clemente Cancela. Para el guión, sobre laen base dea una idea propia, Winograd convocó a Patricio Vega (responsable de éxitos televisivos como Los simuladores y Hermanos y detectives, de tres episodios del unitario Lo que el tiempo nos dejó y el comienzo de Un año para recordar, mientras que en el cine su nombre ya apareció en Música en espera, también con Oreiro). Para la fotografía Winograd contó con el talento del insuperable "Chango" Félix Monti, y para los títulos, con Liniers.

La historia de Mi primera boda tiene lugar un mismo día y en un mismo lugar, una impresionante fiesta de casamiento mixto, judío y católico, en una lujosa mansión donde unos y otros familiares y amigos, cura y rabino incluidos, serán protagonistas de situaciones de lo más enrevesadas. El género, finalmente, está más presente que nunca antes. Esta vez la meta es la risa.

Winograd se suma así a este género que en el mejor momento de la producción nacional del siglo XX cultivaron directores como Manuel Romero (Casamiento en Buenos Aires), Luis César Amadori (Hay que educar a Niní), Luis Bayon Herrera (Cuidado con las imitaciones), Enrique Santos Discépolo (Cándida, la mujer del año), Julio Saraceni (Un novio para Laura), Enrique Carreras (Los tres mosquiteros) y, más recientemente, el recordado Alejandro Doria (Esperando la carroza).

–¿Qué clase de comedia es Mi primera boda?

–La definición está relacionada con ciertos elementos que son permitidos del género… ¿Mi primera boda es una comedia romántica? No: es una comedia. Hay diferencias entre Mi novia Polly o Los pequeños Fockers y Cuando Harry conoció a Sally, pero todasambas son comedias. Los rompebodas, por ejemplo, es una comedia con todo, que se permite algunos guiños. Judd Apatow hace comedias y armó una nueva escuela de comedia americana, donde a pesar de ser abiertamente comedias no dejan de ser trabajos autorales, algo muy valorable. Son películas super autobiográficas en miles de puntos, y para mí poder mezclar esas dos cosas es el punto de partida para entender por qué uno quiere hacer una comedia como ésta. No es que alguien me haya contratado para hacerla. Con Nathalie [Cabiron, su esposa y también productora] después de hacer Cara de queso y producir La ronda, queríamos hacer una comedia, tomar ese riesgo. La comedia, creo, está en un punto relacionada con la tragedia.

–No es tan frecuente una comedia así, tan puramente comedia, en el cine nacional de los últimos tiempos.

–Lo que pasóo es que las bufonadas que se hicieron aquí desprestigiaroon a la comedia. Sigo creyendo que el desafío es tratar de volver a hacer género. El cine argentino es multipremiado y tiene autores y propuestas alucinantes, muy riesgosas; y estoy convencido de que yo también estoy arriesgando. Más allá de que esta película nace de un hecho autobiográficoa, un casamiento que salió mal, el punto fue tomar la decisión de ponerlo en la pantalla. Y decidimos eso, hacer una comedia, ir para adelante, y que sea la mejor comedia que podamos hacer. Nosotros tenemos muy en claro el mundo que queremos contar así que llamamos a un guionista que tiene timing de comedia. ¿Qué más necesitáas...? Los comediantes. Para mí, a los 34 años, es una experiencia alucinante haber laburado con todos estos tipos, porque es gente que tiene experiencia en serio. Todo empieza con una idea y un guión, pero después hay que enfrentarla con la realidad. Hay una cosa de género que quisimos conservar, y que me pone muy orgulloso, y es que creo que tiene momentos que emocionan.

–Te veo muy entusiasmado…

–Cuando veo una película me gusta que me pasen cosas, viajar adentro de este casamiento, por ejemplo. Natalia tiene un timing con la cámara que difícilmente tenga otra actriz. Dani es la otra presencia fuerte que va a la par de Natalia. Queríamos que hubieraaya un balance con tantos actores, que hubieraaya sorpresas, pero que Natalia y Dani vayan contando la historia. En la película hay mucho talento delante y detrás de cámara, y eso es fundamental. Tres años de trabajo previo, seis meses entre rodaje y posproducción fueron necesarios para llegar a la primera copia. Incluso tuvimos la suerte de que la mayoría de los actores que aparecen surgieran de castings, por ejemplo, Muriel Santa Ana, Gino Renni,. Gabriela Acher y María Alché. Nuestra intención fue hacer una comedia lo más al estilo americana posible, en el buen sentido de la definición. No dejo de pensar que tuve el honor de hacer una comedia como queríamos y hacerla sin traicionar su fin. Me gustaría que a todo el mundo le guste porque es el resultado de un largo camino que disfruté, y mucho.

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