
Con la marca de Aristarain
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"Lugares comunes" (Argentina-España/2002). Dirección: Adolfo Aristarain. Con Federico Luppi, Mercedes Sampietro, Arturo Puig, Carlos Santamaría, Valentina Bassi, María Fiorentino, Osvaldo Santoro, Pepe Soriano, Claudio Rissi y José Luis Alfonso. Guión: Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra, basado en la novela "El renacimiento", de Lorenzo F. Aristarain. Director de fotografía: Porfirio Enríquez. Dirección de arte: Abel Facello. Sonido: Goldstein & Steinberg. Edición: Fernando Pardo. Producción de Adolfo Aristarain, Gerardo Herrero (Tornasol Films) y Shazam SA. Presentada por Distribution Company. Duración: 110 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
Desde su debut en 1978 con "La parte del león", Adolfo Aristarain ha construido una de las carreras más sólidas del cine argentino: durante los años 80 su filmografía estuvo inscripta principalmente dentro del género policial, mientras que a partir de "Un lugar en el mundo" (1991) se concentró en miradas sobre los conflictos y contradicciones de su generación con un mayor grado de profundidad dramática y de exposición personal.
"Lugares comunes", una profundización de esta segunda etapa de su obra, aparece en principio como una película de una gran sencillez y austeridad formal, pero que detrás de su riguroso clasicismo narrativo esconde una de las propuestas más arriesgadas y viscerales de un Aristarain que en su madurez parece dispuesto a jugarse el resto, a desnudar su intimidad y decir todo lo que piensa y siente, aun a riesgo de caer en ciertas ingenuidades y excesos discursivos.
Este décimo largometraje de Aristarain es una desgarradora, impiadosa y desilusionada descripción del estado de las cosas en la Argentina de la imparable decadencia económica y del éxodo masivo y, al mismo tiempo, una intensa, sentida y entrañable historia de amor a la que el director le imprime indudables rasgos autobiográficos. En esta épica familiar (está basado en una novela inédita de uno de sus primos, el guión fue coescrito por el realizador con su esposa Kathy Saavedra y hasta Bruno, el hijo del matrimonio, aparece como segundo asistente de dirección) no hay lugar para trucos, maquillajes ni medias tintas: todo queda dicho, mostrado, compartido. Así, entre la apuntada contención narrativa y el verborrágico fluir de los sentimientos (agudizado por la utilización de una voz off recargada y de origen literario) se produce una tensión que en algunos pasajes puede abrumar, pero que en muchos otros alcanza a emocionar.
El director de "Ultimos días de la víctima", "Tiempo de revancha" y "Martín (Hache)" se centra en la odisea personal de Fernando Robles (Federico Luppi), un sexagenario profesor de literatura huraño, contestatario y principista que -entre las desavenencias con el rector y los recortes presupuestarios- recibe una noticia de efectos devastadores: la jubilación anticipada. Casado con Liliana (Mercedes Sampietro), una encantadora mujer catalana que trabaja como asistente social en barrios marginales, y con su hijo y sus nietos radicados en España, Fernando se enfrenta al peor de los mundos posibles: pasa a integrar el ejército de argentinos descartados y descartables, sin presente ni futuro.
"Lugares comunes" sintoniza como pocas películas recientes con varios de los temas esenciales de estos tiempos: la decadencia (no sólo económica) de la clase media, la ausencia de proyectos y perspectivas, la sensación de destierro interno y externo, o la necesidad de revalorizar y fortalecer los afectos como una de las pocas formas de contención y protección ante la ferocidad del entorno.
Si bien el film está construido a partir de la epopeya de Fernando y Liliana, que se ven obligados a desprenderse de lo poco que tienen para luego intentar rehacer sus vidas y encontrar las ilusiones perdidas en una chacra cordobesa, Aristarain -en lo que constituye una de sus marcas de fábrica- vuelve a trabajar los personajes secundarios con la misma solvencia que en sus films anteriores, dotándolos de un espesor y de un valor en términos dramáticos realmente admirables. Así, Carlos (Arturo Puig), un abogado ambicioso pero leal, que es el único gran amigo de los protagonistas; o Tutti Tudela (María Fiorentino), una mujer ante quien Fernando se despacha con una íntima confesión de lo que siente por su esposa, sirven como contrapuntos emocionales de Luppi, mientras que Natacha (Valentina Bassi), la desinhibida joven novia de Carlos; o Pedro (Carlos Santamaría), el hijo que ha preferido la seguridad económica por sobre los ideales y la vocación, dejan en claro lo amplio de la brecha generacional.
Luppi, actor fetiche e insustituible álter ego del director, aporta toda la nobleza, la terquedad y el costado autodestructivo de este hombre que se queda sin lugar en el mundo, mientras que Puig sorprende con una actuación sin desbordes y con algunos instantes en los que entrega miradas, gestos y hasta silencios que lo dicen todo. Pero el personaje más complejo y logrado de "Lugares comunes" resulta el de Liliana, mérito no sólo del guión y de la incuestionable capacidad de Aristarain para la dirección de actores sino también del compromiso y la ductilidad de Sampietro, que entrega una impagable clase de interpretación cinematográfica. La sensibilidad, la potencia, la verdad que se desprende de cada una de sus apariciones en pantalla sirven como insignia para una película que va desde la simple declaración de amor hasta el cuestionamiento de una crisis que parece no perdonar a nadie.






