
Cuando la niñez deja de ser un juego
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"El secreto" ("Io non ho paura", Italia-España-Reino Unido/2003). Hablada en italiano. Dirección: Gabriele Salvatores. Con Aitana Sánchez-Gijón, Diego Abatantuono, Dino Abbrescia, Giuseppe Cristiano y otros. Guión: Niccoló Ammaniti y Francesca Marciano, basado en la novela de Niccoló Ammaniti. Fotografía: Italo Petriccione. Música: Ezio Bosso y Pepo Scherman. Presentada por Telexcel. Duración: 107 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena
La niñez y el descubrimiento de las más íntimas facetas del ser humano son los elementos más entrañables de la obra de Gabriele Salvatores, un cineasta italiano que ya había demostrado su talento en "Mediterráneo", film con el que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 1991. Ahora, con "El secreto", el realizador vuelve a internarse en ese pequeño mundo de rencores, calidez y utopías que son el eje de casi la totalidad de su temática.
Desde las primeras escenas, esta historia se asienta en las travesuras de un grupo de casi adolescentes que, habitantes de una pequeña aldea del sur italiano, corretean por los sembrados, juegan entre inocentes o torvas miradas, se detienen en fantasías eróticas o se reúnen en una vieja y sombría casona que se alza en medio de la campiña. De entre ellos, Michele es el más pícaro y audaz. Con su bicicleta, recorre incansablemente los caminos mientras, en su casa, espera el regreso de su padre, alguien cuyo trabajo el niño ignora y cuya presencia lo turba. Corre 1978 y el verano es tórrido como nunca. En una de sus diarias excursiones, Michele descubre a un chico de su misma edad oculto dentro de un pozo. Está encadenado y sus ojos apenas pueden ver a través de la oscuridad. ¿Por qué está allí? ¿Quién lo encerró? ¿Por qué nadie del pueblo habla de eso?
Las preguntas se suman en la imaginación de Michele. Este encuentro cambiará la vida del protagonista de este relato, ya que a partir de su descubrimiento nacerá en él un coraje desconocido y una intención de revelar el secreto, que muy pronto se transformará en compañerismo y luego en una entrañable amistad con el niño.
El film, mucho más allá de su conmovedora estructura, inquieta como una fábula negra, se tensa como un thriller y anuda lo refinado con lo poético. Seguramente, no estuvo en la intención de Salvatores indagar en el mundo de la infancia ni apostar a la emoción de los días infantiles. Pero, sin quererlo, el realizador obliga al espectador a recrear aquellos años de la niñez, cuando todo era más cercano y más querible y cuando algún suceso convertía al chiquilín revoltoso en pichón de hombre.
Para Michele, ese verano no fue simplemente una estación del año, sino un momento de su vida. Un momento en que necesitó de toda su astucia y su fuerza para develar el secreto de ese amigo reciente. El guión del film, adaptado de una novela de Niccoló Ammaniti, no necesitó de golpes bajos ni de giros melodramáticos para conmover y angustiar. Todo aquí es pura ternura, amplitud de mirada, emoción sin retaceos.
Salvatores reunió un elenco de primer nivel. Tanto la conmovedora actuación de Aitana Sánchez-Gijón como la impecable composición de Diego Abatantuono se unen sin fallas a la historia. Pero en realidad es la labor de Giuseppe Cristiano la que aporta la necesaria receta para que su Michele sea tan creíble como plácido, temeroso y pícaro. La cinematografía italiana, lamentablemente tan ausente de las pantallas porteñas, llega con toda su magnitud en esta obra que habla de lo universalmente conmovedora que es el alma de los niños cuando descubren que los juegos quedaron atrás y que la verdad de la vida les tomará examen permanentemente.
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