
Daniel Ritto, ahora cineasta
El jueves estrena su versión del relato de José Sbarra
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La función privada a media mañana no puede ser descripta como parecida a la mayoría. En el hall del cine Cosmos, un grupo de periodistas, amigos y la familia de Daniel Ritto esperan la proyección. En lugar de café con leche y medialunas, sorpresa: empanadas y cerveza. Es lógico. "Plástico cruel", el debut del actor under porteño de los años 90, mejor conocido por haber prestado su cuerpo a Luca Prodan en la película dirigida por Jorge Coscia, es como los personajes que elige para interpretar: un artista marginal que se las ingenia para volver una y otra vez con sus propuestas.
La película rodada en video digital -que se estrenará el jueves en el cine Cosmos en una copia DVD- es una versión libre de un monólogo de José Sbarra que el actor interpretó por primera vez en 1989, cuando tenía 21 años. Más tarde fue convertido en un libro publicado en 1990 por mismo Sbarra (creador del Circo de Poesía), de cuya muerte se cumplirán nueve años el 23 de agosto próximo. Sobre la base de otro relato mítico del mismo Sbarra, en 2003 se conoció "Marc, la sucia rata", opera prima de Leonardo Fabio "Calchi" Calderón, película en la que Ritto interpretó a un "maldito policía".
En "Plástico cruel", el actor cuenta la pequeña historia de Axl, un escritor marginal que conoce a una millonaria de la que se enamora, y con su complicidad, planea su autosecuestro para hacerse de algunos pesos que le permitan seguir viviendo fuera de reglas y convenciones.
"El arte es indignación", asegura Ritto, en diálogo con LA NACION, entre críticas referidas al Incaa y a su forma de evaluar las películas que se presentan para otorgarles créditos o subsidios. Uno de sus blancos es Coscia, su presidente (que le dio la oportunidad de continuar en el cine con el personaje que había compuesto varias temporadas en el teatro El Vitral), pero también la sociedad actual -"cada vez más marketinera y amante de lo fashion"- y la TV. En síntesis: contra todos. "Para hacer esta película no recibí un centavo de apoyo de nadie: es absolutamente independiente", dice desafiante.
Según pasan los años
Charlar con Ritto en la improvisada mesa de bar del Cosmos es como viajar en el tiempo. Su actual pareja, Elena Maidanik, también es actriz under y está a su lado. Alrededor de ellos, se pasea Isabella, hija de Maidanik, que en la película interpreta a una niña que huye de su casa y se convierte en escudera del protagonista, incluso en los peores momentos. Pero no son los únicos de este "absurdo más informal que haya registrado alguna cámara local", una "crudeza en estado puro" (tal como la definió y justificó Diego Trerotola, programador de la muestra Vitrina Argentina del último Festival Internacional de Mar del Plata, en el catálogo oficial). También son de la partida Enrique Liporace, que encarna a un travesti llamado Bombón y los escritores Dalmiro Sáenz, Tom Lupo y Enrique Syms, así como Nilda Raggi, Julio Santucho y, en una breve participación, Antonio Puigjané.
"Tenía muchas ganas de dirigir. Ya lo había hecho en teatro, y quise que la película fuera «Plástico?», porque siempre quise hacer algo de Sbarra, y ésta historia tiene continuidad con la de «Marc, la sucia rata» y precede a «Bang-Bang», que se entrecruzan: me interesa ese mundo porque yo soy parte de él", asegura.
Cerca de la revolución
"En todos los años 80 vivíamos una revolución, veníamos del fracaso de la fallida revolución de los 70, y teníamos un slogan, que era «vive rápido, muere joven, deja un hermoso cadáver». Nadie quería entrar en el sistema: todos querían ser rebeldes y locos", recuerda el actor, ahora cineasta. "Era un lunes a la una de la madrugada en el Mediomundo Varieté hasta que salía el sol, el Parakultural... ahora eso ya no se ve, es algo que se perdió, y yo me considero un sobreviviente", dice con rara nostalgia y tristeza -vaso de cerveza en mano-, el actor que fue protagonista de "La última cerveza de Bukowski" y "Angelelli, la voz de los sin voz".
"Fijate lo de Cromagnon, matan a los jóvenes, matan la intensidad, es un momento muy conservador del mundo", asegura. La suya no es una postura de moda. Todo lo contrario: Ritto rema contra la corriente una y otra vez. "El sistema no quiere que la gente esté hasta las tres o cuatro de la mañana en un bar delirando estéticas, imaginando cosas, mostrando lo que se mostraba. Ahora están la computadora y la TV. Eso ha matado todo. El under de ahora no es under: es cualquier cosa."
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